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Rutger Hauer, muerte de un héroe romántico

Rutger Hauer - Blade Runner
Foto: Blade Runner Rutger Hauer - Blade Runner

¿Una Emmanuelle blanca y una negra?

Cuando aquí llegó la libertad y la democracia en todos los ámbitos, los adolescentes de la época nos moríamos por ser mayores de edad y poder ver todas las cerdadas que entraron por la Puerta de Tannhäuser de las Marranadas: de golpe, comenzaron a llegar millones de películas que habían estado escondidas o prohibidas para ese público voraz de sexo. De sexo con coartada política e intelectual, o sin ningún tipo de coartada. Porque sí. Y los más pequeños (y menos informados) nos preguntábamos por qué había una Emmanuelle blanca y una negra. ¿Qué era eso llamado ‘El Libro de Buen Amor’? ¿Qué hacían, allá en las calles y los dormitorios de París, Marlon Brando y Maria Schneider? ¿De verdad bailaban un tango, o hacían otra cosa? ¿Por qué Charlotte Rampling se tapaba las tetas en el cartel de la morbosa ‘El portero de noche’? Mi viajera tía decía que “una cosa son las películas pornográficas y otro son las eróticas”. Y, entre tantas propuestas y sugerencias alejadas de mi minoría de edad, había un film holandés (holandés como la excitante Sylvia Kristel, por cierto) con un título cautivador: ‘Delicias turcas’, dirigido por un tal Paul Verhoeven (con los años, supe pronunciar el apellido) y protagonizado por un gamberro alto, compacto, fornido, peludo y rubiales como un ángel diabólico: Rutger Hauer. Finalmente, conseguí ver ‘Delicias turcas’ en una sala de cine de autor de programa doble (el Loreto, seguramente) antes de que se estrenara ‘Blade runner’. Ahora, Hauer nos acaba de dejar.

Delícias turcas

 

Bajo la influencia de Roy Batty

‘Delicias turcas’: una cinta con nombre de comida, pero donde los personajes, según parecía, o según nosotros nos imaginábamos entonces, no paraban de chingar desde el primer minuto. Verhoeven aún no había sido absorbido por Hollywood, y Hauer era exactamente el tipo de amigo que todos los puritanos queríamos tener: un tipo desinhibido, fuerte y simpático que nos guiaría/pervertiría desde la adolescencia hasta la primera juventud. Y ese muchacho de Utrecht comenzó a trabajar con Sylvester Stallone o André Delvaux (¡qué contraste!), y un día se convirtió en el replicante de una historia cocinada entre Ridley Scott, Philip K. Dick, Hampton Fancher y David Webb Peoples, sobre ciudades lluviosas, robots perfectos y máquinas que querían tener recuerdos y sentimientos propios, y sembraban la cizaña. ‘Blade runner’, sí, nos sigue influyendo, obsesionando y fascinando.

El actor imita al personaje

Sam Peckinpah (‘Clave omega’), Richard Donner (‘Lady Halcón’), Ermanno Olmi (‘La leyenda del Santo Bebedor’), Robert Harmon (‘Carretera al infierno’) o Nicolas Roeg (‘Eureka’) mantuvieron el nivel de calidad en la carrera de Hauer, que después entró en la década de los 90 dándonos pocas alegrías. ¿Una casualidad? ¿Coincidencia? A Roy Batty, su personaje en ‘Blade runner’, se le acababan las pilas pronto. Al actor, también. O no lo supieron aprovechar. O él escogió mal. Hace unos meses lo recuperamos en ‘Los hermanos Sisters’, una joya que coronaba años y años de largometrajes para olvidar y de pocos papeles en producciones dignas de destacar (‘Sin city’, ‘Confesiones de una mente peligrosa’, ‘Batman begins’). Hauer no ha tenido un ‘John Wick’, como Keanu Reeves, que lo resucitara, quizás más en un sentido comercial que en el artístico.

Ladyfalcó

¿Un sustituto?

Cuando Stellan Skarsgård irrumpió en el cine, arrogante y luciendo las mejores galas, nos pareció que podría ser el nuevo Rutger Hauer. Y es evidente que el sueco es un excelente actor y ha tenido a inmejorables compañeros de viaje (sobre todo, Lars von Trier, que vendría a ser el Verhoeven de Hauer), pero Skarsgård jamás ha tenido, ni tendrá, el sex-appeal, la mirada entre espabilada y alocada, y la picardía de este holandés que, en cierta ocasión, vio unas naves en llamas atacadas más allá de Orión. Roy Batty, serás siempre nuestro. Rutger Hauer, tú serás, eternamente, la chispa de nuestro espíritu.

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