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Teresa Lanceta: "Me decían que no hacía arte, sino artesanía"

Hablamos con la artista textil Teresa Lanceta, a quién el MACBA dedica ahora una exposición

Rita Roig
Escrito por
Rita Roig
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Durante los años 70, en medio de la fiebre del arte conceptual, Teresa Lanceta decidió dedicarse a la creación textil. Su propuesta radical porque transformaba en arte lo que siempre se había considerado artesanía. Ahora, el MACBA le dedica una exposición que nos habla de este arte olvidado y menospreciado, pero también de creación colectiva, arte útil y del diálogo del yo con los demás.

¿Qué te llevó a escoger el textil como formato?

En los setenta, me gustaba lo que se estaba haciendo en el mundo del arte. Creía que lo que hacían los conceptuales era importante, pero yo quería hacer otra cosa. Quería hacer un arte universal. Y si te fijas, el mundo está lleno de tejedoras. Cuando empecé a hacer tejidos, era una época muy caótica, yo vivía mi juventud mientras terminaba la dictadura. Vivía en el Raval y llevaba una vida movida, pero cuando tejía entraba en el nirvana.

¿Por qué?

El proceso de tejer es tan lento que la vida se extiende. Es laborioso e hipnótico. Tejer es un código binario, como un ordenador… nos remite a cómo vivimos la vida, siempre entre blancos y negros.

¿Había reticencia a considerar que lo que tú hacías era arte?

Mi arte textil era muy tradicional… y eso no gustaba demasiado.

¿Te llamaban carca?

¡No, carca no! Más bien despistada. Pensaban que yo estaba equivocada. Una vez me invitaron a participar en una exposición y me pidieron si podía clavar un cuchillo en mi obra de darte textil. Para que se notara que había una ruptura. ¡Dije que no! Con la pintura se puede romper, sí. Porque existe Velázquez y Picasso, y hay reconocimiento. Pero, ¿cómo quieres romper algo que ya está roto y que nadie ama? ¿Cómo se puede romper con un arte que nadie valora? Ya estaba muy castigada, la disciplina del textil.

¿Por qué?

Me decían que no era arte, sino artesanía. Me decían que hiciera el mismo dibujo y en vez de tejerlo, lo pintara. 

Teresa Lanceta
Teresa LancetaTeresa Lanceta

¿Por ti, dónde está la línea que separa el arte de la artesanía?

Esta línea que todo el mundo busca, la de los límites del arte… quizás no existe, ¿no? Creer que debo responder y hacer una división entre arte y artesanía es pedir demasiado. Es como si me preguntas qué es el amor o la espiritualidad. Puedes ir diciendo cosas que decir, y si lo haces muy bien, entonces es teoría. ¡Incluso puede hacer un libro! No, no existe una frontera. Para mí, están las cosas que me emocionan y las que no. ¡Piensa que no todos los artistas son buenos! Da igual si hacen arte conceptual, pintura, fotografía… no todos son buenos, no todos quedan. Y, por tanto, prefiero lo que me gusta.

 ¿Y qué te gusta? ¿Cómo sabes si un artista es bueno o no?

Es diferente cuando una esta obra de arte, que cuando la hago. Cuando la veo, debe emocionarme de alguna manera, me tiene que decir cosas. A veces es por la emoción, porque te hace pensar… Son arenas movedizas. Quizás hay caracteres que saben muy bien que les gusta y que mantienen su palabra a lo largo de la vida. Yo no. Quiero poder cambiar de opinión.

¿El arte debe ser útil? Quizás las piezas no solamente deben estar en un museo.

Bien, si el arte está expuesto en un museo, ya tiene una utilidad. Te genera una emoción o un placer estético, te da conocimiento, por ejemplo. La palabra utilidad la utilizamos demasiado, pero es una palabra que se mueve. Los nómadas, por ejemplo, suelen vivir en comunidades muy pobres. Tienen que llevar todas sus pertenencias encima… y, por tanto, el arte debe estar allí. En los objetos. Si hacen una tetera, ahí habrá arte. Tienen que poner el arte en la utilidad, porque es la única opción válida que tienen. Pero nuestro concepto de utilidad está estancado. 

¿Y tú, como la concibes, la utilidad del arte?

A mí me interesa mucho el objeto. El arte contemporáneo se ha dedicado a desobjetualizar el objeto, y esto está muy bien. Pero el objeto es interesante porque forma parte de nuestro día a día. Si desvalorizamos el objeto, lo menospreciamos todo. Ahora mismo, ¿cuántos objetos llevas encima? Muchos. Yo quiero poner los objetos en valor porque es también una forma que tenemos de relacionarnos con las personas. Tus pendientes, no los has hecho tú, los has hecho otra persona. No les ponemos valor, pero son una comunicación. Y también una forma de trascender las épocas temporales y romper con las clases sociales.

¿Qué obras de tu exposición en el MACBA te hace más ilusión que se expongan?

Las que he hecho sobre el Raval. ¡Yo viví en el barrio, cuando se llamaba el Barrio Chino! En la exposición estará el proyecto 'Los oficios del Raval' que he hecho con los niños y niñas del Institut Miquel Tarradell. El resultado es un mapa digital del Raval realizado por los alumnos, que entrevistando a los comercios del barrio, se lo han hecho suyo.

Entonces, ¿los niños del Raval son los autores de la obra?

Sí, es una coautoría. El arte es un proceso colectivo y universal. No todo el mundo es artista y no todo el mundo lo hará bien, ¡pero todo el mundo tiene la posibilidad de hacer una creación! No importa si eres listo, culto o todo lo contrario. Y los niños del Raval, también pueden ser artistas, ¿por qué no? 

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