¿De qué va? Miró realizó siete viajes a Estados Unidos entre los años 40 y los 60. “Durante aquellos viajes, Miró no hablaba inglés, y los artistas con los que entabló amistad no sabían castellano ni catalán. Por lo tanto, la conversación entre Miró y EE. UU. fue puramente artística”, dice Matthew Gale. Él es el comisario de la exposición Miró y los Estados Unidos que la Fundació Miró, en el marco de su 50.º aniversario, dedica a la relación del artista con ese país que, durante la dictadura franquista, era un faro de libertad creativa.
¿Por qué hay que ir? En la exposición no hay únicamente obras de Joan Miró, sino también de todos aquellos creadores con los que el artista mantuvo intercambios, admiraciones y conversaciones. La muestra investiga la reputación internacional de uno de los artistas más universales de nuestro país, revela las conexiones de Miró con figuras como Mark Rothko, Robert Motherwell, Lee Krasner o Helen Frankenthaler y confirma que la abstracción americana encontró en Miró a un precursor. También se dedica un espacio a los grabados del Atelier 17, el legendario taller de Stanley William Hayter en Nueva York, donde Miró coincidió con artistas como Alice Trumbull Mason o Louise Nevelson.






























