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¿Todavía se come bien en los bares Galicia de Barcelona?

Hemos visitado de incógnito los tres últimos bares Galicia que quedan abiertos en Barcelona para ver si todavía aguantan el tipo

Ricard Martín
Escrito por
Ricard Martín
Editor de Menjar i Beure, Time Out Barcelona
Bar Galicia del Paral·lel
Foto: Eugènia Güell | Bar Galicia del Paral·lel
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No es ningún misterio que en Barcelona hay un porrón de buenos restaurantes gallegos. La diáspora gallega dispersó a decenas de miles de personas: los datos de la Xunta de Galicia hablan de 70.000 gallegos emigrados a Cataluña, unos 60.000 de ellos residentes en Barcelona (y de los descendientes, ni hablemos: el periodista Manuel Valdés, del programa Lonxe da Terra de Ràdio Pomar, cifra en unos 300.000 los nacidos en Barcelona con antecedentes gallegos). Uno de los acentos de Barcelona es el gallego. No entraremos a valorar la veracidad de la célebre frase de Castelao ("los gallegos no protestan, emigran"), pero sí podemos afirmar que de los que emigran, un buen puñado abren bares y restaurantes.

Arume
Foto: Ricard MartínArume

Todos tenemos un gallego favorito: Arume, Rías/Kru, A Gudiña… Pero me rondaba una duda: ¿cómo se come hoy en día en un Bar Galicia? ¿Encontraremos la quintaesencia gallega a precios de barrio, o un bar grasiento con efluvios de fritanga? Valía la pena delimitar el objeto de estudio: porque hemos descubierto que de los cinco locales listados en Barcelona bajo el nombre de Bar Galicia o Bar Restaurante Galicia, solo quedan tres abiertos (nos referimos a negocios que se llamen exactamente así, nada de Taberna Galicia o Marisquería Galicia o Miña Terra Galega…) Así que nos lanzamos a ver y probar la Galicia profunda de las barras de Barcelona, a ver qué pulpo nos dan. 

Un clásico en el que (seguramente) jamás entraste

La primera parada es en la icónica fachada del Bar Galicia del Paral·lel (Paral·lel, 131. T. 93 325 48 41). Allí, la propietaria, Elvira Rodríguez –que es de Zamora– me informa de que su difunto marido formaba parte de la primera generación de gallegos establecidos en Barcelona, y que su Bar Galicia cumplirá 40 años de vida el próximo mes de diciembre.

Bar Galicia de Paralelo
Foto: Ricard MartínBar Galicia de Paralelo

Se ha mantenido bien: este es un bar vintage para los muy bareros, con una barra de hierro impecable, tapas en vitrina refrigerada y fotos de los bocadillos. "En realidad, más que un bar gallego, somos una casa de comidas de la abuela", matiza Rodríguez.

Más que un bar gallego, somos una casa de comidas de la abuela

Pues nada, pedimos los dos platos más gallegos de la carta; y devoramos un pulpo a la gallega impecable, tierno y con los cachelos como manda el cánon, y un codillo al horno, servido laminado, jugoso y con puntas de grasa crujientes, que le planta cara a cualquier especie invasora de pulled pork (y va acompañado de esas patatas fritas tan buenas que solo saben hacer los gallegos). Primera prueba superada con nota.

Fastuoso codillo con patatas del Bar Galicia del Paral·lel
Foto: Eugènia GüellFastuoso codillo con patatas del Bar Galicia del Paral·lel

A veces, los bares Galicia no tienen ningún rótulo visible, pero todo el mundo sabe que se llaman Bar Galicia. Esto ocurre con el Bar Galicia de Les Corts (Nicaragua, 104. 638 241 791), un clásico de esos abiertos desde hace décadas, donde los del barrio –y algún forastero– sabemos que se come pescado y marisco de la ría del bueno, a precios muy atractivos.

Un Bar Galicia de propiedad china

Vamos para allá, y la jugada parece segura: menos por el detalle de que ha cambiado de dueños. Lily Xu, del norte de China, me explica que trabajó una temporada en el Bar Galicia y negoció el traspaso con los propietarios, que se jubilaban. "Llegué a España en el año 2000, y siempre he trabajado en hostelería. Me encanta la comida gallega, porque tiene calidad y cantidad", me cuenta.

Bar Galicia de la calle Nicaragua
Foto: Ricard MartínBar Galicia de la calle Nicaragua

La racistada recurrente ("los chinos se han cargado los bares de toda la vida") que he oído en boca de tanta gente se evapora cuando te sientas a comer aquí. Devoro uno de los mejores pulpos a la gallega de mi vida, no exagero (a 24,90 € la ración, aunque puedes pedir media) y una ensaladilla rusa modélica, que me resbala mercurial, garganta abajo, al sol de una discreta terracita. Y tan buena estaba que para finiquitar el ágape nos zampamos un lacón con cachelos de manual.

Lacón con cachelos del Bar Galicia de Nicaragua
Foto: Eugènia GüellLacón con cachelos del Bar Galicia de Nicaragua

"No todos los platos son gallegos, pero intentamos hacerlo todo bien", me comenta Xu. De un nutrido repertorio de tapa y platillo –desde caracoles con conejo a sardinas a la plancha– todo inspira la misma confianza que los dos platos que hemos comido. Y tienen vino turbio, señal de galleguismo militante. La terraza, soleada y discreta, con vistas a una siempre desértica calle Nicaragua –más desde que el PSC se largó a Poblenou– es de lo más simpática. 

Punto de encuentro vecinal en el desierto asfáltico

La ruta de Bares Galicia acaba en otra chincheta prominente del paisaje de bares de Barcelona: nada menos que el Bar Galicia junto a Plaza Espanya (Gran Vía, 425, de lunes a domingo de 6 a 1 h), de fachada majestuosa y horario extensivo.

Bar Galicia de Gran Via
Foto: Ricard MartínBar Galicia de Gran Via

Seguro que habéis pasado muchas veces por delante y os habéis preguntado cómo se come ahí. Pues la mar de bien. Me zampo un clásico de barra que ahora goza de cierto revival, la oreja de cerdo a la gallega, y está buenísima: tierna y se nota el enriquecimiento de verduras del cocido. Y el pulpo a la gallega podría participar en una de las batallas de Chicote con buena nota. 

Bar Galicia Gran Via
Foto: Eugènia GüellBar Galicia Gran Via
En el Bar Galicia de Gran Via cocinan los platos de carne de un menú de 14,90 € con horno de leña

Hablando de caldos: la propietaria, Hilda Demarchi, me informa de que los viernes hay un menú especial de cocido gallego con todo el material traído directamente de la esquina verde. Y cada día, de lunes a viernes, sirven un menú del día (14,90 €) más que bien resuelto. Con el añadido de que los cortes de carne salen de un horno de leña. ¡Un horno de leña! Comerse un churrasco o un entrecot a la plancha en un bar es arriesgarse a una suela de zapato requemada: aquí, esa pieza humilde tiene sabor a leña, jugoso y en su punto. Tenedlo en cuenta: también es un ancla y punto de encuentro para los vecinos que quedan en Gran Via, una de las avendias más queridas de Madrid y una agobiante autopista urbana en Barcelona. 

Así que queda demostrada la tesis: os podéis fiar de los Bares Galicia de Barcelona. Al menos de los tres que quedan. 

¿Te apetece más comida gallega? Prueba cualquiera de estos restaurantes 

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