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Las Brujas Flamenco Club es un proyecto cultural dirigido por el guitarrista Jero Férec, cofundador de Flamenco Queer

"El flamenco nunca ha sido un arte de la élite, sino de personas al margen, y las brujas eran mujeres excluidas de la sociedad que además tenían que ver con el misticismo", cuenta el guitarrista Jero Férec sobre el nombre de Las Brujas Flamenco Club. Y, claro, el misticismo tiene que ver con "el duende, la conexión entre los artistas y las sensaciones que transmite al público; en el flamenco no hace falta entender las letras, sino el sentimiento, y eso tiene un valor espiritual".
Con este ánimo nos adentramos en la cueva que esconde un almacén con historia —más de 300 años— en la calle de la Mercè, 31, en el Gótico, un espacio de piedra antigua que, a medida que bajas las escaleras, te aísla del bullicio de un barrio presionado. Se trata de un proyecto cultural autogestionado por una asociación de vecinos que busca tener un impacto positivo, "una alternativa al turismo masivo", y que abrió a principios de año.
Férec es un inglés con acento andaluz que toca la guitarra flamenca desde los 7 años (sus padres eran muy aficionados a la música). La peña de Londres, el tablao londinense La Costa Dorada, los 18 años en Madrid y, desde 2015, en Barcelona, donde fundó el grupo Flamenco Queer… Todo este bagaje es lo que aporta Jero a Las Brujas, donde se respira el amor y el cuidado que procura al género.
La planta baja acoge exposiciones de artistas locales y clases de guitarra, de cajón y de tablao ("para personas que ya han estudiado flamenco"). También han empezado a organizar el Mercaíllo flamenco, algunos domingos —quizá una vez al mes—, donde encontraréis "marcas locales de joyería, complementos, ropa flamenca nueva y de segunda mano, y actuaciones".
La experiencia completa, sin embargo, hay que vivirla abajo, en el sótano, inspirado en "el ambiente mágico de las cuevas del Sacromonte", de "Graná", como dice él. Es un espacio pequeño, para 25 personas, que se sientan alrededor del tablao y disfrutan del cante, el baile y la guitarra a escasos centímetros de los artistas, con sonido natural, sin microfonía. Esto ocurre cada viernes y sábado. La sesión, que cuesta 20 euros, empieza a las 20 h y termina a las 21 h, pero abren las puertas un cuarto de hora antes.
Antes de comenzar, hay una presentación histórica del flamenco en Barcelona y de las palmas. Sí, hay gente que, contagiada por la emoción del momento, se pone a dar palmas y, claro, no se debe hacer. "La intención es buena, pero las palmas son un instrumento y en el flamenco no hay ensayos, hay códigos", y las palmas son una parte importante de esos códigos. Dar palmas "se considera una falta de respeto si no te han invitado al escenario, pero no queremos poner carteles regañando a nadie; la mejor manera es explicárselo al público y ofrecerles alternativas como los oles y los jaleos".
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