Gastrobares: Bares donde se come divinamente

Bares de Barcelona muy terrenales donde cuidan los productos de temporada, hacen horario extensivo y os darán comida de alta calidad

¿Qué es un gastrobar? Debe cumplir, como mínimo, tres requisitos. En primer lugar, en la puerta no tiene fotografías de los platos. En segundo, hace un horario extensivo y pone atención en todo lo que hace: buenos almuerzos, buenos menús o platos del día, buenas cenas y copas. La tercera exigencia: poner especial atención en los productos de temporada: la única forma de ofrecer buena cocina, en realidad. Estos 6 bares cumplen los tres requisitos, y ¡os aseguramos que comeréis igual o mejor que en casa de vuestra madre!

Bar Bagauda

La vida es injusta. Esta fenomenal barra –propiedad de la panadería Reykjavik– abrió en el 2011. Tienen como encargado a un camarero top –Yusi Alonso, un tipo que ilumina los bares donde trabaja–, y además ofrecen bocadillos excelentes hechos con la materia prima ecológica de la panadería –un premio para el inventor de los chipironcitos con alioli–, buenos vinos a copas, platos del día sugerentes y un personalísimo surtido de pintxos escuela Donostia (a tres euros, pero tamaño XXL). Y con cada copa, una tapita que puede ser una rebanada de pan con jamón de bellota. “Nuestro handicap es la clientela local, es un tema de mentalidad, les cuesta venir al Gòtic”, dice Yusi. No tienen precios de guiri.

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Bambarol

Es apropiado que este bar de tapas tenga nombre de opiáceo: bambarol es como se llama la amapola en Almenar, el pueblo de la abuela de Ferran Maicas. ¡Porque la oferta es para flipar! Con su socio Albert Ferrer, suman muchos años de experiencia en Michelin –las más recientes, como jefes de cocina en el Saüc–. Simplificando mucho, son más Santamaria que Adrià: atajo directo al mejor producto posible con buena técnica: “Hacer tapas no deja de ser un menú degustación que tú escoges”, dice Ferrer. Y unos huevos con sobrasada y sirope de arce no dejan de ser una variación brutal de los huevos rotos con sobrasada y miel. La carta es corta per todo son hits, que por un ticket medio de 20 euros merecen diversas visitas: yakitori de costilla de cerdo, vieira con papada y espárrago… ¡bravas gastro a 3,80 €!

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Sarrià - Sant Gervasi
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Botapinfota

Milagro en el Hospi. De camino hacia la Ciudad de la Justicia, en los bajos de un bloque de aires desarrollistas, Botapinfota desarrolla su labor desde 2007. Hasta el mediodía, cafetería. A la hora de comer, ponen en juego un menú que justifica el viaje: comí un arroz caldoso más que competente, y un crep de pollo con salsa de piñones, rellena de unos puerros melosos que casi era una crema. El nombrado arroz y los huevos rotos con foie gras nunca caen del menú: 12 euros con vino bueno y postres caseros. ¡Sábados incluidos! Me explica la familia Martín que decidieron darle una vuelta a su bar Manolo: no les podría haber salido mejor. Cuando vayáis a Ikea, visitadlo.

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En Aparté

Recomendado

Lugares como En Aparté nos convencen que Sant Pere será el próximo barrio que será un hervidero. Estamos en un delicioso bar francés que rebosa buen gusto y simpatía: reciclaje al poder y solera de bar granítico en un local que no abrió ayer pero que se conserva como un pequeño secreto del vecindario. Una pizarra anuncia tablas de quesos, embutidos y rillettes y platos del día. Y un menú de mediodía donde nunca faltan especialidades francesas –buey a la borgoñesa o 'quiche'– incluso alguna húngara, por antecedentes familiares. Siempre: almuerzo casero –probad el carmelé, brioche cremoso con vainilla– y volveréis.

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Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera
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OchoBCN

Concepción innovadora: Fabián Ríos tiene un bar de cocina argentina en formato tapa. “En mi país no hay nada así”, dice. Compro: su idea es la de un bar de carne en el que las tapas son cortes argentinos en raciones de 100 gramos (a 5 € el platito). Tres colegas y una mesa llena de ojo de bife, matambres y brinza fileteados. Nivel cárnico muy alto: las partes nobles son argentinas y las que no tanto, gallegas y gerundenses. Hay empanadas hechas al momento que marcan la diferencia. Hacer un menú de mediodía en este club luminoso, doce cubiertos bajo un techo altísimo, es balsámico: el diálogo que se establece entre el suco de una buena brinza hecha al punto, el chimichurri y el romesco es antológico. Para comer y cenar.

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Barcelona

La Trini

Les gusta presentarse como “el restaurante que faltaba en Gràcia”. En todo caso, es el restaurante que faltaba en Verdi, que parece un catálogo de cocinas del mundo de 500 metros. La Trini es un bar-restaurante de cocina catalana que cubre mañanas, mediodías, cenas, copas y vermut con la misma solvencia. El menú de mediodía, por 9,50 € –¡nos dejaron repetir vino!–, es irreal: huevos rotos con gulas, segundos de merluza fresca empanada o pulpejo de cordero al horno. Y pannacotta casera. “Podemos hacer esto porque hacemos muchos cubiertos”, me dicen. Por la noche, tapas de buen producto, como croquetas negras de calamar o berenjenas con miel de caña. Son de Gràcia de toda la vida, de confianza.

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