Plazas con encanto

Os hacemos una selección de las ocho plazas con más encanto de la ciudad y sus mejores restaurantes y bares

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Por suerte, podemos decir que Barcelona está llena de plazas bonitas, pero nos quedamos con estas por su historia, su ubicación y por los establecimientos que crecen en su interior.

Plaza Prim

La plaza más emblemática del Poblenou es también la que conserva las casas más antiguas. Blancas y humildes, las construcciones del siglo XIX que la rodean eran las viviendas de los pescadores cuando este era un barrio marinero. La plaza Prim, pequeña y bonita, no necesita demasiado para seducir. Tres fantásticos ombús, una fuente nada espectacular, unos cuantos bancos y mucha tranquilidad.

Comer y beber: En la plaza solo hay un restaurante… ¡y menudo restaurante! Els Pescadors disfruta del privilegio de ocupar en exclusiva la terraza, y aunque esa exclusividad se refleja en la cuenta, merece la pena sentarse al aire libre y dejarse llevar por sus excelentes platos de inspiración marinera. Una experiencia de esas que reconcilian con la vida. Si preferís una alternativa más asequible, Més de Vi es una apuesta segura. Y si lo que toca es desayunar, T. 44 es una excelente opción.

Plaza de El Sortidor

¡Ah, el Poble-sec! Lo que durante años fue un barrio discreto y poco valorado se ha consolidado en las últimas décadas como uno de los lugares favoritos de los barceloneses que buscan escapar de las zonas más turísticas y masificadas. Más allá del animado desfile de bares de la calle Blai —benditos sean—, la plaza del Sortidor, inaugurada en 1869, sigue siendo un refugio para vecinos y visitantes que quieren tomar una cerveza o picar algo con calma. Pocas plazas resultan tan agradables y con tanto encanto en el Poble-sec, ni siquiera la salida del aparcamiento, situada en pleno centro, consigue restarle atractivo. Su fuente, además, es idéntica a la de Canaletes.

Comer y beber: Si os apetece un café de especialidad sin moveros de la plaza, La Galena es una excelente elección. A escasos metros se encuentra Margarit, un restaurante muy recomendable que, partiendo de raíces griegas, explora con personalidad la riqueza culinaria del Mediterráneo mediante propuestas creativas y una técnica impecable. Lo mismo ocurre en Taberna Noroeste, aunque en este caso la carta dirige su mirada hacia el norte (Galicia) y hacia el este (Castilla y León).

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Plaza de la Concòrdia

Nada le hace sombra al campanario de la iglesia de Santa Maria del Remei. Sus 40 metros de altura no tienen competencia en la plaza, delimitada por bonitos edificios ochocentistas y novecentistas. Nos encontramos en el corazón del Eixample de Les Corts, y nada hace pensar que las grandes avenidas y los rascacielos se encuentran a solo un paso. La plaza de la Concòrdia es el lugar con más encanto del barrio, la prueba de que mucho antes de que existieran el centro comercial L'Illa o el F.C. Barcelona, Les Corts ya existía.

Comer y beber: En el Centre Cívic Can Deu, que ocupa un magnífico palacete modernista de 1897, hay una cafetería con un patio increíblemente bonito. Para picar algo en una de las terrazas de la plaza, El Maravillas. Si vais con hambre, Fragments Cafè (también con un pequeño patio trasero); y si vais con la cartera medio vacía, Chennai Masala Dosa, un restaurante especializado en la cocina del sur de India.

Plaza de Osca

Se construyó a mediados del siglo XIX para alojar a los trabajadores de la fábrica de la España Industrial. En 1864 se instaló aquí un mercado al aire libre, que convirtió la plaza en el principal centro económico y social de Sants hasta la inauguración, en 1913, del actual edificio del mercado. Como curiosidad, en este rincón nació una de las hijas predilectas de la zona: la cantante Núria Feliu. Hoy, sigue siendo uno de los puntos más animados del distrito, tanto de día como de noche. Quizá, con un poco de suerte, coincidáis con alguna actuación de los Castellers de Sants.

Comer y beber: Si os apetece una buena cerveza artesana, la respuesta es Homo Sibaris. Si sois más de vermut, no fallaréis con Vermut i a la Gàbia. Y si lo que queréis es saciar el apetito, en Las Tres Mentiras encontraréis excelentes tacos mexicanos y en Kop de Mà, pinchos de tortilla de escándalo.

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Plaza de la Virreina

No es la plaza con más bares de Gràcia ni la más bonita, pero sí la más agradable. Una iglesia construida en 1884, la fuente de Rut, de 1949, árboles, casas bajitas y cero tráfico. Ambiente cosmopolita y distendido, espectadores del Verdi y del Teatre Lliure que van y vienen, mucha juventud, vecinos y algún que otro turista. ¿Qué más se puede pedir? 

Comer y beber: La rivalidad entre los tres bares —La Virreina, La Cafetera y Terra Bar— es legendaria. Más allá de este trío, y en la misma plaza, tenéis la heladería vegana AMMA Gelato y, a poca distancia, la imprescindible pastelería Morreig. ¿Hay más hambre? La pizzería Sartoria Panatieri, una de las mejores de la ciudad y del planeta; el bar de vinos y quesos Viblioteca; y la marisquería desenfadada, con excelente producto, Lluritu 2 son las tres únicas direcciones que necesitáis conocer.

Plaza Eivissa

Situada en el corazón del casco antiguo de Horta, esta plaza sorprende por su trazado irregular, muy distinto de la forma cuadrada o rectangular que suelen tener las plazas tradicionales. También resulta poco habitual en Barcelona la autenticidad de su ambiente popular y su espíritu de barrio, resistente y sin artificios. Aquí apenas encontraréis neobodegas, cafeterías de especialidad o bares de vinos naturales… y pocos los echan en falta. La plaza Eivissa es el punto al que hay que volver a desintoxicarse del exceso de puñetas del centro.

Comer y beber: Quimet d'Horta, con sus venerados bocadillos, y Ateneu Hortenc, fundado en 1864 y con programación cultural regular y un bar abierto también a no socios, son dos instituciones imprescindibles de la zona. En Samba Brasil podéis pedir excelentes caipiriñas y disfrutarlas en un patio enorme. Y en La Madurada, carne de primera categoría.

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Plaza de Hilari Salvadó

Esta plaza no es ni mucho menos una de las más bonitas de Barcelona, ni siquiera de la Barceloneta, pero tiene el increíble talento de ofrecer un rincón de naturalidad en un barrio que tiende a convertirse en un decorado para turistas. No es que aquí no haya guiris, los hay, sino que conviven con los barceloneses en proporciones humanas. Quizá la proximidad del Leo, epítome del bar de toda la vida con tendencia al canallismo, hace posible este milagro. Por cierto, Hilari Salvadó, hijo del barrio, fue alcalde de Barcelona entre el 1937 y el 1939, y durante estos años trabajó para proteger a la población de los bombardeos. ¡La Barceloneta resiste!
De los locales que llenan la plaza nos quedamos con dos para comer y beber: Filferro y Absenta.

Plaza de Sant Agustí Vell

¡Que difícil tener que escoger una única plaza del Born! Podía haber escogido por mágica la plaza de Sant Pere de les Puel·les, o la calle de Allada Vermell, por la abundancia de terrazas y aquella fachada llena de macetas que te transporta a un pueblo de hace treinta años. Pero me quedo con Sant Agustí Vell, y no sólo porque es preciosa, sino porque tiene la virtud de transmitir la calma en medio del jaleo del Born. De día, podéis comprar fruta y verdura eco en La Hamaca, o comer un menú en el entrañable en Can Joanet, pero tampoco podéis dejar de probar las tapas del Bar Mundial. Por la noche, tenéis la opción de comer algo en el minúsculo y alternativo El Perro Blu o sentaros en medio de la plaza en la terraza del restaurante 1932.
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