[category]
[title]
Reseña
Entro en Jazminos, abierto en verano de 2025, y me sorprende el aspecto espartano de un restaurante que, en teoría, hace cocina de Oriente Próximo: es una estancia alargada con paredes de blanco impoluto, muebles sobrios y firmes de madera oscura y mucha luz sobre el blanco. Ningún cartel en la entrada. La propietaria de Jazminos es Paula Sandoval, una joven cocinera de Barcelona con estudios de cocina en el País Vasco y una experiencia decepcionante en el ecosistema de restaurantes Michelin: "Trabajé contratada, ganando un buen sueldo, y vi que para mí aquello no era cocina", me explica. Como respuesta a esta crisis de identidad culinaria, Sandoval pasó 2019 y 2020 cocinando por Palestina, Líbano, Grecia y Turquía: "Nada de restaurantes. Iba a casas de gente y les preguntaba si podía cocinar con ellos", recuerda.
Jazminos no reproduce recetas del mundo árabe literalmente, "más bien es la interpretación que yo, como persona mediterránea, puedo hacer de aquella cocina, haciendo que la brasa y el pan sean el nexo de unión". Aquí no hay ningún fogón de gas, solo fuego de carbón en una pequeña cocina. Me zampo a gusto un babaganoush de primero y, de segundo, un falafel enorme de cordero ecológico marinado y cortado a cuchillo, con el aroma de la brasa presente en cada bocado, con pepino encurtido, salsa tzatziki y "tuneado" por un picadillo de perejil y piparra: una delicia gourmet, primitivismo de alta cocina y totalmente reconocible, sin duda de los mejores kebabs que he comido en mi vida (pese a que no se ha asado ni cortado en el trompo). Con bebida, todo me sale por 25 euros. "Lo que debemos hacer los cocineros es posibilitar que la gente tenga experiencias increíbles alrededor de una mesa, y sobre todo que se las puedan permitir", proclama convencida.
Discover Time Out original video