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Koku Kitchen es uno de los bares de ramen más veteranos de Barcelona, y sin duda uno de los mejores. Abierto en 2014. Los propietarios son dos irlandeses, Mark Liston y Ross O’Doherty, y el chef, Robert Johansson, es sueco. “No queremos confundir a la gente intentando ser un restaurante japonés. Servimos comida japonesa pero no lo somos”, dicen. Eso sí, los ramen, excelentes, responden a una receta indiscutiblemente japonesa –el chef estudió un año con el cocinero del reputado Oraga Noodles de Tokio– y aseguran que todo es casero, menos las algas marinas (como buenos irlandeses, son unos cachondos). Pan y fideos los hacen a mano cada día, poca broma.
Tienen siete variedades de ramen, que van de lo más ortodoxo a una gran diversidad de platos donde se nota su estilo libre y el conocimiento de causa del sudeste asiático. Eso se refleja en platos donde entra el curry en juego –como unos fideos salteados con pollo, gambas y salsa de pollo al curry, que es un plato japonés aunque lleve curry– o su versión del pollo frito coreano. El Irish touch lo pone la sidra, un aire de taberna irlandesa y postres como el banoffee (pantagruélico dulce a base de toffee y plátano que hay que probar al menos una vez en la vida). Tienen un manual de uso del ramen en la pizarra: “Sorbe bien fuerte, no seas tímido. Pruébalo primero y después añade salsa o picante. Y si estás contento, demuéstralo dejando el bol vacío”.
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