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Reseña
Miquel Pardo, el cocinero valenciano que sacudió la paella en Barcelona con Cruix, vuelve a la carga con Melós, un proyecto de alta cocina. Aunque buscaba sitio para una arrocería, el presupuesto le llevó a este local donde prescinde de relato y apuesta por el pragmatismo: menos historias inspiradoras y más cocina. Aquí despliega una propuesta más formal, con manteles y menús degustación donde el producto y el territorio catalano-valenciano mandan sobre el decorado de sala, sobrio y austero. Pardo, sin acaparar titulares, demuestra un oficio y una creatividad fuera de lo común en un restaurante de los buenos.
El menú degustación arranca fuerte con platos complejos como "Codorniu: vida y muerte", que juega con carnes frías y caldos deliciosos, o unos pies de cerdo con rodaballo que son un mar y montaña potente y meloso. Como no podía ser de otra manera, la traca final de la parte salada es un arroz que cambiará según la temporada, como el de ortiguilla y cigala con salsa emulsionada al momento. En los postres, el territorio vuelve a asomar con mandarinas o fartons con mole de chufa. Melós es alta cocina sin gadgets superfluos, donde Pardo reivindica sus raíces con platos inspirados y coherentes.
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