El Rectangle
Foto: Ricard Martín | El Rectangle
Foto: Ricard Martín

Los 50 mejores restaurantes de Barcelona

Los chefs más en forma de la ciudad al frente de cocinas de todos los estilos y para todos los bolsillos

Ricard Martín
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OTOÑO DE 2025: Un gran restaurante siempre evoluciona. Y eso es lo que ha pasado con La Sosenga (1!) y Direkte (ahora sin Boqueria, en el 6): que han dado un paso adelante en su oferta y filosofía y son, sin duda, dos referentes gastronómicos barceloneses de primera magnitud (Michelin, por favor, pasa de largo). Y merecen estar en lo más alto de nuestra lista. Igual de desacomplejadamente creativos y barceloneses son los chicos de El Rectangle (10), cocineros jóvenes y con frescura que presentan una cocina muy seria, de apariencia sencilla pero muy trabajada. Y, por cierto, la brasa está de moda: jamas lo ha dejado de estar, porque es lo que nos ha hecho evolucionar como especie. Hay que conocer Jazminos, elegante y potente reinterpretación mediterránea del Próximo Oriente, hecha solo con fuego de leña y producto de km 0. Más brasa buena: Tramendu El Caliu de la Brasa (21) lleva el restaurante de masía hacia el siglo XXI con innovaciones y una identidad gourmet que marcan la diferencia. ¿Decíamos brasa? Paloma Fondita Mexicana (40) también la tiene, y Paloma Ortiz la domina con maestría para llevarnos en un viaje por el gigante gastronómico norteamericano. Y no me cansaré nunca de repetirlo: hay vida más allá de vuestro barrio. Así que dirigíos a Nou Barris para descubrir la transformación de 5 Hermanos (32), venerable institución popular que ha pasado de casa de comidas de barrio a restaurante gastronómico. Y también surge vida donde no te la esperas: Espai Puntal (11), en la zona cero de la gastrificación, es un motivo para volver a la Ribera.

Bienvenidos a la lista de los 50 mejores restaurantes de Barcelona, ​​donde encontraréis las direcciones más deliciosas de la ciudad, los mejores lugares donde comer escogidos con cuidado, empirismo y precisión (que hemos ido, ¡vaya!). Esta es una de las mejores ciudades del mundo para comer y beber. La oferta es variada, de calidad, monumental: desde el pequeño bar de tapas de toda la vida, pasando por los restaurantes con estrellas Michelin, la mejor cocina italiana y también sitios donde comer bueno y muy barato.

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Time Out Market Barcelona
  • Qué hacer
  • El Gòtic

Time Out Market tiene como objetivo celebrar los sabores más auténticos y reunir la mejor comida y cocineros de una ciudad bajo un mismo techo. En Barcelona se encuentra en la terraza-mirador del Maremagnum, en un espacio de 5.250 metros cuadrados que acoge una cuidada selección de ocho cocina de primera línea, un restaurante de servicio completo y tres bares. Entre las cocinas escogidas hay chefs tan celebrados de nuestra gastronomía como Fran López, con una estrella Michelin, o Jordi Ballester, el mago del arroz de Can Ros, por ejemplo. 

Los 50 mejores restaurantes

  • Catalana
  • El Gòtic
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Ponerle a un restaurante del barrio Gótico un nombre extraído del 'Llibre del Sent Soví' –el recetario catalán más antiguo conocido, de 1324– es toda una declaración de principios e intenciones. La intención de La Sosenga –sofrito medieval– es ofrecer una cocina catalana arraigada en el territorio e incluso con ciertos aires medievales, sobre todo en los contrastes entre dulce y salado (ya sabéis que la cocina de la Edad Media no diferenciaba entre platos principales y postres).

¿Y qué se come? Aquí la creatividad de Marc Pérez (cocina) y Tania Doblas (sala) viene dada más por la combinatoria de sabores –siempre con un anclaje en la tradición catalana– que por el asesinato y renacimiento de un producto en texturas. Y lo hacen con una vocación popular y gastronómica: un menú degustación mensual de 7 pases a 35 euros, tanto por la noche como al mediodía, donde todos los vegetales son ecológicos y de proximidad, y todos los proveedores se listan al final de la carta. Con platos espectaculares, como unas judías, patata, trompetas de la muerte: trompetas guisadas con papada ibérica; judía amarilla a la brasa y ñoquis de patata hechos en casa, que actualizan el puro espíritu catalán con creatividad: lo vemos en un plato como el fricandó de presa ibérica, níscalos, mostaza y granada (pero es estéril mencionar platos: lo cambian todo cada mes).

  • Griega
  • El Poble-sec
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Stefano Balis (griego, ex Bardot, Rilke, Informal) y Jordi Fenoll (elxà, ex Dos Pebrots) capitanean Margarit, un restaurante de base griega que juega con la amplitud culinaria del Mediterráneo y los platos de la carta de raíz tradicional helénica que se ejecutan con capas personales, giros imaginativos y mucha técnica. Los puntos en común que encuentran los dos chefs entre sus extremos del Mediterráneo surgen de forma orgánica.

¿Por ejemplo? Dos que valen mucho la pena: la 'tarama' -una prima lejana de la brandada de bacalao que los chicos elaboran con huevos de bacalao en salmuera, miga de pan y zumo de limón, y que acompañan con daditos de remolacha y polvo de pan de algarroba. Y la 'hava': un primo lejano del hummus hecho con guisantes amarillos, y acompañado de bacoreta en salazón, tomate seco y hojas de alcaparras. El cordero a la palestina con yogur y hierbas nos deja directamente sin palabras. Lo marinan con naranja, lo hierven a baja temperatura y es pura mantequilla cárnica.

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  • Cocina creativa
  • Esquerra de l’Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Casa Luz, el restaurante que Tomàs Abellan abrió en 2021, ha alcanzado un grado de madurez envidiable. Lo que empezó como un spin-off de su hermano mayor, el Bar Alegria, se ha convertido en una firme realidad de cocina de autor con espíritu mediterráneo y barcelonés, que basa su oferta en una cocina sutil y sin efectismos pero cargada de personalidad. Hace honor a su nombre: situado en una azotea de plaza Universitat, las vistas y el espectáculo de luces y sombras al atardecer emocionan (y la cocina, también).

¿Un ejemplo? Recomiendo el menú degustación, de una relación calidad-precio magnífica. Empieza con unos entrantes inspirados en el vermut –como unos mejillones en escabeche de zanahoria, o una tostada con anchoa del Cantábrico y mantequilla ahumada– y se eleva con platos llenos de fuerza, como una raya con patatas y suquet de pescado de roca, o su ya icónico tartar de tomate con hojas de capuchina y kizami wasabi.

  • Barcelona
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Esta es la casa del chef italiano Matteo Bertozzi, quien estuvo al frente de My Fucking Restaurant y Assalto. Cansado de las presiones de los rankings, de trabajar en primera línea del turismo y a la vez ajustarse a los criterios de sostenibilidad más estrictos, Bertozzi se retiró de sus dos proyectos y en verano de 2025 abrió una pequeña y cuidada casa de comidas en el Poblenou más vecinal, sin brunch ni expats a la vista.

Cuando veo un sitio moderno que dice "casa de comidas", pienso en el sablazo. Pues aquí no hay postureo: esto es un pequeño restaurante —lo podríamos llamar bistrot— con precios muy ajustados, casi populares, donde Bertozzi pone en juego su mano maestra para inventarse platos a partir del producto de proximidad, trabajando a escala humana. Es un gastronómico de barrio, dice él. Y eso se nota en platos espléndidos como unas judías verdes con stracciatella ahumada, miso casero con recortes de pan y almendra garrapiñada, un plato veraniego y lleno de matices. O también otros más contundentes, como un tataki de presa ibérica tonnata: la misma salsa que en el clásico italiano, pero con cerdo. Es un sitio al que ir a menudo: cambio constante de carta, producto 100 % de temporada, precios muy ajustados.

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  • Cocina creativa
  • Barcelona
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Si al Bar Brutal de los hermanos Colombo uno va por el vino y acaba comiendo de maravilla, en el Bar Super el orden de los factores se invierte: aquí manda la cocina, aunque la carta de vinos no se queda atrás. Y si el Brutal es un refugio nocturno, en el Super reina la luz: un local amplio, junto al Mercat de Santa Caterina, presidido por una barra baja y cómoda de color rojo donde puedes tanto picar algo como quedarte un buen rato. Con Jordi Colpani —ex Xemei y Bar Brutal— al frente, la cocina de mercado y temporada aquí no es un eslogan: es literal.

¿Ejemplos? Navajas pasadas por la plancha, flores de calabacín en tempura ligera y crujiente, o una cecina de caballo del mismo Santa Caterina, entre otros. La ensalada de tomate es de matrícula: entra directa en el top barcelonés. Y si la rematas con una butifarra a la brasa (con escalivada u otra guarnición según temporada), con cebolla muy caramelizada, mostaza y aceite de ñora, tienes buena parte de la felicidad asegurada. ¿Para beber? Una carta con unas 200 referencias de vinos, casi todos de intervención mínima.

  • Cocina creativa
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Direkte Bokeria reabrió en verano de 2025 en la calle París. Y claro, no tenía ningún sentido que conservara el apellido de la Boqueria. Recapitulemos: lo abrió Arnau Muñío en 2018. Era una barra gastronómica en el mercado central de Barcelona que unía el concepto japonés del chef trabajando delante de unos pocos privilegiados –solo eran ocho comensales por turno–, reunidos ante un menú degustación que combinaba el mejor producto –directo de la Boqueria– con recetas creativas de cocina catalana que dialogaban, sobre todo a golpe de cuchara, con el sudeste asiático. En sus inicios, era un menú degustación fastuoso a precios muy ajustados.

¿Y qué ha cambiado? Los números crecen: el Direkte –a secas– tiene dos barras con capacidad para 16 comensales y hacen dos turnos al día (hay que llegar puntual). Encontraréis tres menús: uno de siete platos, otro de diez (El Menú Boqueria) y un tercero de doce, solo por encargo. Hace honor a su nombre: sirven con ritmo y dinamismo platos excelentes, de creación propia y de altísima complejidad. Si el comensal quiere, tendrá una explicación detallada. Si no, unas habas con caldo de calamar, y el cefalópodo con el jugo de las habas al lado, se explican por sí solos.

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  • Cocina creativa
  • Sants
  • precio 2 de 4

¿De qué va? El chef Juanan Vizcaíno, con raíces andaluzas y catalanas, fusiona con maestría los sabores de Jaén y Cataluña con toques internacionales en este restaurante íntimo y con carácter. Su madre, Anna María Soria, dirige la sala con calidez y cercanía. La bodega, asesorada por Òscar Soneira, apuesta por vinos poco convencionales de regiones como Jaén y La Mancha, con un único requisito: tienen que ser buenos. Con una excelente relación calidad-precio, Zaytun se ha convertido en uno de los mejores restaurantes de Sants, y reservar con antelación es imprescindible.

¿Algunos ejemplos? La carta, pensada para compartir, incluye imprescindibles como la croqueta trufada, el croissant-brioché de mejillones, la bomba de bistec tártaro y la careta con curri verde. Aquí, la técnica mediterránea se combina con influencias asiáticas, mientras que Jaén se hace presente en platos como el lomo de bacalao con rin-ran, las habitas con morcilla de caldera y el meloso de cordero en adobo al estilo de Cazorla. Su versión deconstruida del romesco demuestra innovación sin traicionar la esencia.

  • Cocina creativa
  • Esquerra de l’Eixample
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Cerrado ElBulli, sus antiguos jefes de cocina, Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas, ofrecen a Disfrutar una cocina de matriz bulliniana, tecnoemocional pura. Aquí viviréis una bacanal de los sentidos ejecutada a una velocidad perfecta.

¿Y qué se come? Son platos de una imaginación y precisión tremenda, como por ejemplo los ya famosos macarrones a la carbonara, hechos con gelatina de jamón. Disfrutar es el heredero directo del espíritu bulliniano, tanto en cuanto a la imaginación y excelencia como por el juguetón sentido del humor que destilan sus creaciones. Dejad de lado el síntoma del menú que me ha de cambiar la vida: aquí se viene a disfrutar y a jugar.

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  • Francesa
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? En Caelis, un restaurante Michelin merecedor del galardón casi desde su apertura en 2004, Romain Fornell despliega una cocina arriesgada, pero que conserva el toque clásico francés. El servicio en sala es impecable, y ofrece tres menús degustación: uno centrado en realzar el producto de mar y montaña, otro de celebración y otro 100 % vegetariano. Además, tiene un menú de mediodía a un precio muy razonable que incluye platos como unos macarrones rellenos de calamar y foie-gras.

Hay muchas estrellas Michelin en Barcelona. ¿Qué tiene de especial Caelis? A medida que pasan los años –y aumenta la extrema sofisticación de muchas Michelin que parecen querer demostrar todas las técnicas posibles en un menú– el estilo de Fornell se aprecia aún más: una cocina refinada, con todo el saber y los recursos necesarios, pero donde lo esencial es la suculencia y la coherencia de los platos, más que el virtuosismo. ¿Ejemplos? La anguila con remolacha y caviar o unas mollejas en salsa bearnesa. La excelencia francesa en Barcelona.

  • Cocina creativa
  • Sant Antoni
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Es esperanzador comprobar que todavía hay cocineros jóvenes con talento que consiguen sacar adelante sus proyectos sin querer vender motos pretenciosas y, al mismo tiempo, evitando fórmulas trilladas. Los propietarios y trabajadores son dos cocineros, el barcelonés Martí Badia y el venezolano Carlos Arocha, y el sumiller, también de Barcelona, Marcos López. El Rectangle es anguloso: una barra larga que domina la escena y platos cuadrados de metal de estilo industrial, con recetas que pueden servirse ensartadas en brochetas.

¿Y cómo son los platos? Aunque hablen de cuatro o cinco ingredientes por plato y de cocina sencilla, aquí hay mucho trabajo y complejidad. Veamos uno: Setas, puerro, limón. Seta de castaño –maitake para los modernos– a la brasa, sobre un lecho de hummus de puerro escalivado, aderezado con una demi-glace vegetal de garbanzos. Un platazo vegano potente y ahumado, para masticar con ganas y lujuria. La recomendación es compartir unos cinco platos entre dos personas, con éxitos como calamares a la plancha rellenos de filete y patitas del propio calamar, con cebolla caramelizada. Y un fondo de fumet de cabeza de gamba, cangrejo y galeras –casero, por supuesto– combinado con un toque de jugo de asado y lima: un mar y montaña de traca.

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  • Catalana
  • Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? En el barrio de Sant Pere i Santa Caterina, una de las partes de Barcelona más castigadas por la gentrificación, encontramos el Espai Puntal. Este es el proyecto de Víctor Regàs y Markel Cormenzana, dos consultores especializados en sostenibilidad y medio ambiente que lo pusieron en marcha con la intención de hacer negocio, claro, pero que este fuera un negocio justo, sin ambiciones lucrativas desmesuradas, y que la clientela local del barrio se pudiera permitir.

¿Y qué se come? De todo y muy diferente. Veamos: El Bar Puntal es un bar-restaurante especializado en platillos para compartir, a precios muy contenidos, pero con un acabado muy cuidado y producto cien por cien de temporada y comprado directo a pequeños productores (y tienen plato del día con postre). Como, por ejemplo, unas alcachofas con tocino y romesco en las que cantan los ángeles. El Colmado, una panadería de pan de alta fermentación, conservas caseras y tienda de bocadillos para llevar, con éxitos como el bocadillo de pollo marinado y frito, mayonesa de sésamo y kimchi. Y el tercero, La Taula Puntal, un espacio gastronómico creativo que abre de noche y donde por menos de 50 euros se puede disfrutar de un menú degustación con alta cocina del territorio. Es decir, que estamos en un lugar –una magnífica finca modernista de finales del siglo XIX– donde puedes comer por 12, 25 o 50 euros. ¡Antiesnobismo km 0!

  • Cocina creativa
  • Sant Antoni
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Me hace sentir viejo decir que Alkimia es un clásico, pero es cierto: Jordi Vilà y tres o cuatro más definieron, hacia el año 2000, por donde iría la alta cocina moderna de Barcelona. Por encima de todo, Vilà ha conseguido la meta de hacer creación sin desligarse del camino de la cocina catalana 100% ciento reconocible. Sobre la Fábrica Moritz despliega sus mejores armas: producto, tradición y creatividad.

¿Qué comeré? Sigue la línea de cocina catalana de espíritu moderno y urbano marca de la casa: "Es la cocina que siento y que domino, y tiene suficiente base y solidez para seguir trabajándola y evolucionar sin caer en según qué ambigüedades", afirma. Llena de imaginación y contrastes fuertes, con platos que no se olvidan. Como por ejemplo, una col caramelizada, con queso y rábano picante, o por la parte más carnívora un pichón de sangre con acelga, 'toffee' de zanahoria y nueces.

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  • Cocina creativa
  • Sant Gervasi - Galvany
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Mae es un restaurante de altos vuelos dirigido por el chef catalán Germán Espinosa (ex Fonda España), el chef colombiano Diego Mondragón (ex Bodega de Can Roca, Àbac y Fonda Espanya) y la restauradora costarriqueña Mariella Rodríguez. Practica el 'glocalismo' gastronómico, esa sinergia entre el globalismo y el localismo con la que se puede crear un plato nuevo. Una suerte de sincretismo culinario, como dicen ellos. Mae tiene un pie aquí y otro en la América Latina de la guayaba, el lulo –una fruta que parece un tomate, pero tiene un delicado aroma cítrico–, el tomate de árbol y el ají amarillo.

¿Puedes concretar más, por favor? Es una cocina virtuosa y llena de técnica: dos menús de degustación y uno ejecutivo a precios nada astronómicos y llenos de infusionados, cocciones largas a baja temperatura, curaciones, guisos suflados, aires y criofiltrados. Ejemplos; tomate del Maresme con almendras y ají amarillo; espuma de coliflor, changurro y gelée de mejillón con hierbas frescas; corbina curada en alga kombu con infusión de lulo y rábano, y carré de cordero y tupinambo.

  • Cocina creativa
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Abierto en la primavera de 2025 en el Eixample Derecho, Franca irrumpe con fuerza desde una discreta esquina y con una idea clara: reinventar la tradición sin perderle el respeto. Con una cocina que sus tres jóvenes cocineros definen como "tradicional inventada", sirven platos que parecen sacados de un recetario imaginario. Franca no busca gustar a todo el mundo, pero consigue seducir desde el primer bocado.

¡No lo entiendo! La ensalada de escudella que sirven desde el primer día —y que ya es casi un clásico de esta casa joven— es un buen ejemplo. Carnes, garbanzos y verduras templadas, con el punto de cocción perfecto y cortadas en tamaño bocado, se acompañan con hojas de lechuga crujientes para refrescar

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  • Italiana
  • El Poble-sec
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? ‘Xemei’ significa ‘gemelos’ en dialecto veneciano. Y gemelos son Stefano y Max Colombo, venecianos de origen, barceloneses de adopción y auténticos agitadores gastronómicos. Uno venía del mundo del diseño, el otro de la arquitectura, y en 2005 decidieron abrir un restaurante para demostrarle a Barcelona que la cocina italiana es mucho más que pasta a la boloñesa y pizza quattro stagioni. Spoiler: lo consiguieron. Y con nota. Hoy, Xemei es uno de esos nombres que siempre aparecen en los rankings de los mejores restaurantes de la ciudad, italianos o no.

¿Y qué pido? La carta es corta, pero aquí no hay fallo: todo lo que sale de la cocina tiene carácter y sabor mediterráneo y veneciano de altura, con platos que ya han quedado instituidos en el subconsciente gastro barcelonés y que solo se comen aquí: el hígado a la veneciana con polenta, o los Spaghetti al Nero di Sepia. Y ojo con los postres caseros: tiramisú, panna cotta y otras delicias.

  • Cocina creativa
  • Sant Antoni
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Reabierto en agosto de 2022, Albert Adrià redefinió su proyecto más personal por tercera vez. Enigma ha pasado de lo que llamaba dice 'fun dining' –maridaje de platillos creativos y coctelería con tardeo y baile – a la fórmula tradicional de lo que uno espera de un factótum de ElBulli: un menú degustación de 25 pasos por algo más de 200 euros, que irá cambiando a medida que lo hagan las estaciones.

¿Y qué se come? Vanguardia creativa extrema con la sutileza y el sentido del humor marca de la casa, en el restaurante heredero directo de elBulli. Aquí encontraréis proezas alegóricas como una terrina de gelatina de consomé de perdiz, rellena de erizos de mar en escabeche, acompañada por una ensalada césar en la que la escarola también lleva una vinagreta de erizo de mar. También disfrutaréis de juegos suculentos, como un bistec tártaro de wagyu que, mientras se acaba de montar en la mesa, se convierte en una sobrasada instantánea por la adición del mallorquín pimiento Tap de Cortí.

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  • Bares de tapas
  • Sant Antoni

¿De qué va? Francesc Beltri y Nicolás de la Vega, chefs y copropietarios del restaurante creativo con una estrella Michelin Slow & Low, en Sant Antoni, han transformado un antiguo bar de barrio humilde y familiar en un establecimiento dedicado a la tradición culinaria catalana y castellana.

¿Y qué pido? La carta es breve: tres opciones a la plancha, dos escabeches, dos ensaladas, tres frituras, dos guisos y dos postres. Varía con las temporadas y no hay platos fijos, pero siempre encontraréis clásicos para nostálgicos: mejillones en escabeche, albóndigas, capipota, gallineta frita, fricandó... Los precios oscilan entre los 3,5 euros de la gilda y los 15 euros de los chipirones. Aunque ofrecen espumosos, blancos, rosados y tintos de bodegas catalanas y españolas, tienen una especial predilección por los vinos generosos de Jerez.

  • Marisco
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

De qué va? Tras arrasar con los dos primeros Lluritus, el grupo de restauración con raíces en Gràcia –especializado en marisquerías informales y que no te dejan la Visa temblando– dio un paso adelante en 2024 con Lluritu 3. Su primera incursión fuera de Gràcia es más restaurante que los otros Lluritus, pero mantiene la esencia desenfadada que lo aleja del aspecto intimidante de la marisquería decimonónica: barra de mármol, mesas altas, un segundo piso más íntimo y una terraza fantástica en el paseo. En realidad, Lluritu 3 es un pedazo de restaurante. 

¿En qué diferencia de los otros? Aquí encontrarás marisco con poca intervención, por supuesto –ostras, anchoas, almejas, gambas–, pero la personalidad brilla en platos de cocina con espíritu de mar y montaña, es decir, con influencias de la cocina del Empordà, tanto fríos como calientes. En los fríos destacan una coliflor y gamba –crema de coliflor y manzana, con gamba blanca curada, tartar de gamba, espárragos y brotes de guisante– que es una sinfonía de huerta y pesca. En los calientes: un ravioli de pies de cerdo y gambas, con salsa de gamba y foie, o unas mollejas con cococha de bacalao que harían sentir orgulloso a Santi Santamaria. La oferta no termina aquí: los arroces son sensacionales (especialmente el de mar y montaña con marisco y oreja, una redefinición del 'arròs brut' del Empordà, ni seco ni caldoso). En realidad, Lluritu 3 es un pedazo de restaurante. 

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  • Cocina creativa
  • Esquerra de l’Eixample
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Cinc Sentits cambió de ubicación, de Aribau a Entença 60, para crecer y para poder adaptarse mejor al ritmo de degustación del cliente sin disgusto. El local es una gozada: 400 m² divididos en tres salas, con una capacidad de 40 comensales, la misma que en el anterior. La inversión y el esfuerzo han tenido premio: en diciembre del 2020 ganaron a su segunda estrella Michelin, siendo un negocio familiar, sin inversores.

¿Qué pido? El chef Jordi Artal deja al cliente con la miel en los labios, con platos donde manda una tensión de contrastes que dispara el sabor, con mares y montañas delicados y atrevidos, como un calamar con garbanzos, picada, tinta y algas y un emplatado que es poesía. Cataluña 'gastro' vista desde la tradición familiar de un chef muy atípico, que fue ejecutivo en Silicon Valley hasta las crisis de las punto.com, cuando regresó aquí porque echaba de menos la cocina de la tierra y emprendió esta aventura con su hermana y su madre.

  • Marisco
  • La Vila Olímpica del Poblenou
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? "Sagardi es un asador vasco y lo mismo que hacemos bien la carne, lo hacemos igual con el pescado. Hemos decidido centrarnos en el pescado y el marisco para pasarlos por el fuego con la máxima sensibilidad y elegancia posible", explica Iñaki López de Viñaspre, director general de Sagardi y maestro de la parrilla. Kresala, con espectaculares vistas al mar en el Port Olímpic, es el primer asador vasco dedicado al pescado en Barcelona. El grupo de cocina vasca de Barcelona se ha asociado con el chef Gregorio Tolosa, propietario del famoso asador Bidea 2 de Pamplona.

¿Pescado a la brasa? ¿No es algo muy clásico? Aquí marcan la diferencia piezas de producto de altísima calidad, como un besugo en su punto perfecto, con la piel ligeramente tostada que aporta el sabor de grasa natural y una carne nacarada, blanqueada pero no cruda, suave y deliciosa. "Esto no se compra en ninguna pescadería, viene directamente del puerto al restaurante", me explican. Sí, degustarás piezas majestuosas de corvina, rodaballos o besugos al peso, pero también platos de cuchara vascos tan suculentos como directos, como pochas con almejas o una tremenda sopa de pescado a la donostiarra. Tienen un espíritu juguetón: échale un ojo al apartado de bogavante en la carta, preparado en cinco recetas diferentes.

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  • A la brasa
  • Sants
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Y del creador de Tr@mendu Bar (Passatge d'Andalusia, 8) y Tr@mendu Encenem els Fogons (Passatge d'Andalusia, 10) llega... Tr@mendu El Caliu de la Brasa. Jordi Marzo (ex Roca Moo y Petit Comité) acaba de marcar un buen triple. En el primer local hace vermuteo; en el segundo, cocina tradicional catalana y de temporada puesta al día; y en este tercero la cosa va de leña. Paredes forradas de baldosas con cenefa cartabón, cocina abierta arqueada, mobiliario de madera, mantel de cuadros y una carta breve con los esenciales de la brasa tradicional catalana; escalivada, bacalao, butifarra, pies de cerdo, chuletas de cordero, muslos de pollo y entrecot. Tampoco faltan las clásicas judías de ganchillo con tocino.

  • Cocina creativa
  • Gràcia

¿De qué va? El chef siciliano Nicola Drago y la sommelier montsianense Anna Pla dan el salto del Contracorrent Bar del Fort Pienc al Contracorrent Bistró en Gràcia. Su primer local, nacido en plena pandemia, ganó popularidad gracias a sus tapas de autor elaboradas desde cero y maridadas con una cuidada selección de vinos naturales. En este segundo proyecto, la pareja mantiene la misma filosofía, pero apuesta por una cocina con una mirada más europea y por el formato de degustación.

Dame motivos para ir. De martes a sábado al mediodía, ofrecen un menú a medio camino entre uno del día y uno de degustación por 32,50 euros. Incluye tres aperitivos, entrada, primer plato, segundo plato, postre y tres opciones con suplemento, todo en formatos reducidos. Platos como ostras gin fizz, mollete de fricandó de carrillera ibérica, fideos bigoli con rebozuelos o carpaccio de gamba roja son auténticas creaciones llenas de creatividad. Además, la selección de vinos naturales del bistró en Gràcia es extraordinaria. Aunque se define como un bistró, evita el esnobismo de la alta cocina y transmite una atmósfera cercana y familiar.

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  • Marisco
  • La Barceloneta
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? El chef Paco Pérez logró dos Michelin por la Enoteca –un peso pesado en Barcelona por méritos propios– y también vio cómo su Miramar de Llançà recibía la segunda Michelin. 

¿Por qué debo ir? Poca gente transporta el sabor del mar a la alta cocina como él hace: este exquisito cocinero, lacónico en palabras, habla con la imaginación y el tiempo del mar. La elevación que ha hecho de las 'espardenyes' merecen un capítulo en la cocina de vanguardia catalana, y sus arroces hacen sentar juntos y contentos a la clientela bulliniana ya los fundamentalistas del corpus de la cocina catalana. 

  • El Gòtic
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Han tenido que pasar cien años, pero la bodega La Palma tiene un nuevo restaurante: Bellafila, nacido en junio del 2024 está donde estuvo el emblemático restaurante Pla. Judit Giménez y Albert Rial son una pareja de restauradores del Gòtic que han abierto un restaurante en el Gòtic y para los barceloneses. En Bellafila las intenciones son mucho más ambiciosas, de gran restaurante: la carta corre a cargo del chef Jordi Parramon, que hace años renunció a Michelin por la docencia y plantea una actualización de la cocina catalana aligerada, evitando tópicos de ciertos platos, pero sin desmerecerlos en su nueva versión.

¿Y cómo se come esto? Hay platos tradicionales convertidos en snacks, que puedes picar con la mano. Alerta: ¡snacks de oreja! Buenísimos. Oreja hervida, confitada y después rebozada, que se engancha con el deleite manual quien come patatas fritas. La carta está muy meditada: no hay nada obvio, pero tampoco nada que traicione el espíritu del plato, como unas pelotillas, mar y montaña, protegidas bajo una cigala y un fino tocino. O unas sardinas marinadas con uva –una alusión a la 'coca de recapte'– que acaban mordiendo la raspa del pescado, un bocado delicioso: dulce, ahumado y crujiente. Y esto incluye el postre: ¡pedid la evolución del pijama!

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  • Cocina creativa
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? La embajada de Martín Berasategui en el hotel Monument de Barcelona se ha convertido en uno de los restaurantes imprescindibles de Barcelona, Cataluña y España, donde el chef ofrece lo mejorcito de su creatividad.

¿Por qué hay que ir? Es el primer restaurante de Barcelona que ostenta las tres estrellas Michelin. Aparte de Berasategui, el responsable del día a día es el chef italiano Paolo Casagrande, capaz de añadir a la arrolladora personalidad de su jefe una marca personal de altísima elegancia y creatividad, presente en platos como el milhojas de manzana, foie gras y anguila, y donde la estética artística que te noquea jamás pasa por delante de una combinación de sabores genial.

  • Marisco
  • El Poble-sec
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Tras la pandemia, Rías de Galicia reabrió como Rías/Kru. Antes subías las escaleras del Rías de Galicia –un restaurante abierto en 1986, marisquería familiar de referencia de Barcelona– y te encontrabas otro restaurante, el Espai Kru, donde el que dominaba en un 80% de la carta porciones excelsas de producto marino crudo y marinado con elaboraciones de alta cocina moderna. Los hermanos Iglesias han optado por unificar la carta en ambos espacios.

¿Y qué se come? En Rías/Kru puedes pedir unas cocochas al pil-pil impresionantes (sedosas, sutiles... ¿mejores que las vascas?) y también nuevas elaboraciones como un tartar de atún picante donde el juego del caviar de aceite de oliva y el aceite de guindilla picante propulsa un producto de por sí magnífico. Lleva la cocina el chef Robert Gelonch, veterano bulliniano que tuvo su restaurante homónimo, especialista en otorgar 'punch' creativo al producto desnudo. Kru: un restaurante personalísimo con poco fuego y mucha Asia, con maravillas como un ngiri de ternera wagyu con foie, o navajas con crema de parmesano y salsa Café de París.

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  • Peruana
  • Barcelona
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? En el minuto cero del boom de la cocina peruana en Barcelona, hacia 2012, hubo dos grandes protagonistas: Tanta, de Gastón Acurio, por supuesto, y Cebiche 103, con Roberto Sihuay al frente de los fogones durante siete años. Después de pasar otros cuantos años por el mundo como encargado y asesor de grandes restaurantes peruanos, Sihuay abrió su primer restaurante propio en Barcelona: Macambo.

Hay muchos restaurantes peruanos en Barcelona, concreta el estilo. Sí, pero Macambo se desmarca. No está ligado a ningún género concreto: ni nikkei, ni chaufa, ni italo-peruano... Más bien es un resumen de las experiencias de Sihuay como cocinero, que da lugar a platos propios mezclando todas las cocinas del gigante gastronómico peruano y utilizando productos de la selva amazónica, algo poco vistos por aquí. Veamos el cebiche clásico de la casa: lleva ají charapita, un selecto pimiento amazónico. Si no eres muy de picante, lo exprimes para que suelte su aroma afrutado. Si te va el fuego, te lo comes. El resultado es preciso y potente, un plato donde no falta ni sobra nada. Y también reinterpreta platos populares. Como el pastel de choclo —maíz con carne—, que transforma en una inenarrable lasaña con base de pastel de maíz, ternera estofada y un punto de ají rocoto, de sabor intenso, picante y carnoso.

  • Bares de vinos
  • Esquerra de l’Eixample

¿De qué va? La italiana Beatrice Casella (ex Hisop) y el catalán Iván García (ex Direkte Boqueria y Aürt) dirigen un bar de vinos que por la calidad de la comida que despachan ya se puede considerar todo un señor restaurante. Dejemos a un lado las 200 botellas de vino natural o de intervención mínima y media docena de grifos con blancos, brisados, rosados, tintos y espumosos que cambian casi semanalmente, y centrémonos en la comida.

¿Y entonces? ¿Qué acompaña al vino? Platillos con acento italiano y mediterráneo, cargados de creatividad y complejidad. Y que son tan buenos y arriesgados como prometen. En la parte más confortable, ¡unas croquetas de macarrones gratinados! O una sopa de cebolla con queso comté. Por la parte aventurera, un curri de acelgas donde los tallos de la verdura desempeñan la función de espaguetis. Es obvio decir que os aconsejarán bien con el maridaje.

Mireia Font
Mireia Font
Editora
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  • Cocina creativa
  • Gràcia
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? "Lo llamo cocina de autor porque me invento platos, mezclo cosas y pongo de mi cosecha, no por pretensión", explica el palentino Jonatan Izquierdo, que con su socia y pareja, Laura Humanes, abrieron Oníric en enero del 2024, donde estuvo la primera Panxa del Bisbe: ese restaurante delicioso con ojos de buey y una barra de piedra maciza. Vienen de la alta cocina y su intención es retar al comensal con vanguardia y provocación. Pero que pueda permitírselas: el menú degustación y el menú de mediodía van a precios muy contenidos.

¿Ejemplos? Un intenso tartar de corazón de vaca con mayonesa de kimchi, con yema de huevo curado en soja que rayan al momento, que aporta sal y melosidad, o un calçot juguetón con ricota, entre el confit goloso y el sabor austero de un praliné de avena. Creatividad de la buena: con sustancia y los pies en la tierra, que encontraréis a raudales en el mencionado menú degustación, como por ejemplo en unos calamares con pepino, sobre brotes de soja, cacahuetes y salsa césar. Aquí hay mucho trabajo: menú de mediodía, degustación y carta no repiten platos.

  • Mediterránea
  • Sarrià
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Entro en Jazminos y me sorprende el aspecto espartano de un restaurante que, en teoría, hace cocina del Próximo Oriente: es una estancia alargada con paredes de blanco desnudo, muebles sobrios y firmes de madera oscura y mucha luz sobre el blanco. La propietaria de Jazminos es Paula Sandoval, una cocinera joven de Barcelona con estudios de cocina en el País Vasco y desencantada del universo Michelin. Jazminos no reproduce recetas del mundo árabe de forma literal: es la interpretación de Sandoval de aquella cocina, con la brasa y el pan como nexo de unión. Aquí no hay fogones de gas, solo fuego de carbón en una cocina pequeña.

¿Y vale la pena? Devoro a placer un babaganuix de primero y, de segundo, un faláfel enorme de cordero ecológico marinado y cortado a cuchillo, con el aroma de la brasa presente en cada bocado, con pepino encurtido, salsa tzatziki y “tuneado” con un picado de perejil y piparra: una delicia gourmet, primitivismo de alta cocina y, sin duda, uno de los mejores kebabs que he comido en mi vida (aunque no se haya asado ni cortado en el trompo). Precios muy ajustados: “tenemos que posibilitar que la gente tenga experiencias increíbles alrededor de una mesa, y sobre todo que puedan permitírselas”, dice convencida.

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  • El Poblenou
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Esta gastrotaberna de Poblenou que apuesta por el buen producto y lo transforma en tapas sencillas, pero bien resueltas, ya es todo un clásico. Olvidaos de turistas y de la palabreja 'foodies' (¡ecs!) que instagramean quién sabe qué. Aquí hay una clientela de proximidad que reserva cuando quiere hacer fiesta mayor –a precios razonables– con una cocina catalana sólida, personal y para chuparse los dedos, en formato informal: una pizarra, barra y mesas altas. Imagen informal, pero cocina muy seria.

¿Cómo por ejemplo? Una cocina catalana sólida, personal y para chuparse los dedos, que se manifiesta en platos como una flor de calabacín rellena de ricotta o unos buñuelos de anguila y tupinambo celestiales y mullidos. Maestros de la fritura, el guiso y de la alegría porcina. Y algún mar y montaña que hace la boca agua, como el de vieiras con crema de tupinambo y panceta curada.

  • Barcelona
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Escondido en la parte más recóndita de Nou Barris hay un negocio familiar con más de medio siglo de existencia —¡abrieron a finales de los setenta!— que ha ido mutando y evolucionando: tras funcionar durante décadas como casa de comidas, con el paso de los años se ha convertido en un restaurante gastronómico clásico y de proximidad. No se llama 5 Hermanos por casualidad: los hermanos Manel, Javi, Julio y Jordi Gerpe, junto con su sobrino Aitor, tomaron el relevo en la dirección de su madre, Teresa Feliu, fundadora del negocio. En la primavera de 2025 llevaron a cabo una reforma integral del local a cargo del arquitecto y sumiller Pere Cortacans.

¿Y cómo se come? Pues de manera excelente. Aquí encontraréis un repertorio de clásicos de la cocina catalana y española, en raciones generosas, producto de alta calidad y cocciones de alta cocina sin perder de vista el toque casero. Tienen una mano excepcional para los arroces; y aunque este es un restaurante de producto y de celebración, en la carta también hay opciones populares más asequibles, como un bacalao con chamfaina o callos con capipota. Zona libre de esnobismos. El público y el servicio son como la mayoría de la gente, es decir, como vosotros: buena gente que sabe que el dinero cuesta mucho de ganar, y que hay que gastarlo en lugares y momentos como estos.

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  • Barcelona
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? En 2011 el restaurante de Jo Mestres y Pere Carrió se adscribió a la filosofía slow food, y después de años ofreciendo un menú de mediodía excelente, ahora solo funcionan con carta por la noche, y con un menú de mediodía gastronómico. Y han profundizado en una sostenibilidad real, que pasa por trabajar con ganaderos que siguen prácticas ejemplares para la conservación del medio rural y con campesinos ecológicos locales.

¿Para pedir? Cualquier plato, bien sea de menú o a la carta. Pere Carrió trata toda la materia prima con exquisitez, pero por encima reivindica el valor gastronómico de cada hortaliza, su singularidad y potencial (tiene reputación mundial como restaurante que pone el verde en el centro de la oferta). La gamba de Palamós no se echa de menos ante filigranas vegetales como los hatillos de zanahoria con setas, garbanzos, encurtidos y romesco picante, y los carnívoros estarán satisfechos con una oferta no muy extensa, pero selecta y con mano de gran cocinero. La proteína animal está mucho más presente en la oferta de mediodía que en la de noche, por cierto.

  • A la brasa
  • Esquerra de l’Eixample
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Este restaurante especializado en brasas es toda una experiencia sensorial y gastronómica. Dan prioridad al producto de alta calidad, pero siempre con la brasa como común denominador: ahumados, soasados, braseados, flameados... Aquí encontrarás gastronomías de muchos rincones del mundo, todas besadas y enriquecidas por el fuego y el humo. Darvaza es un volcán del Turkmenistán.

¿Y qué pido? Delicias para todos los paladares, con éxitos como el tataki de magret de pato ahumado sobre madera de encina y salsa 'hoisin', o alcachofa de El Prat confitada a la brasa con consomé de ibérico de bellota, que aúnan sutilidad y sabores rotundos. Tienen un par de lujos lujuriosos comestibles que no olvidas: una croqueta de chuletón madurada de buey y un arroz seco de costilla de Black Angus, fiesta de la grasa con un punto de cocción del arroz milimétrico.

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  • Cocina creativa
  • Esquerra de l’Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Sin efectismos superfluos y toneladas de trabajo, el Gresca de Rafa Peña se ha convertido en uno de los restaurantes imprescindibles para entender la evolución de la cocina en Barcelona en los últimos años: aquella que junta el plato suculento y reconocible con la máxima creatividad y se desentiende de modas. El Gresca ya no es un pequeño bar con equipo mínimo: Peña se ha multiplicado en asesorías y proyectos, pero siempre desde una visión personal desatada de los grandes grupos hoteleros.

¿Y qué se come? Platos de sabor directo extraordinarios, y de combinaciones que te hacen aliñar el paladar nada más oírlas, siempre con un pie en la tradición catalana más visceral pero también afrancesada. Como el bacalao con tripa y setas. O los 'nems' de lengua y oreja. ¡O unos lechones de ternera con níscalos que nos hacen la boca agua!

  • Cocina creativa
  • Sarrià - Sant Gervasi
  • precio 3 de 4
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

La Venta se ha ganado el mérito de ser un lugar emblemático de la Barcelona de siempre, que podría ser la envidia de otras ciudades donde faltan espacios como este, al estilo de la Casina Valadier de la Villa Borghese de Roma, por poner algunos ejemplos. Su presencia se ha vuelto icónica e imponente: en lo alto de la Avenida Tibidabo, entre torres burguesas, en 1903 abrió un restaurante llamado Viñas que servía de parada y fonda para los carruajes que subían hasta la cima de la ciudad y que, con el tiempo, se consolidó como emplazamiento para banquetes de bodas y comuniones. A mediados de los años setenta reabrió con el nombre de La Venta, y bajo la propiedad del empresario Paco Bosch y el diseñador Fernando Amat, de Vinçon, La Venta se convirtió en refugio y punto de encuentro de la ‘gauche divine’. Una nueva etapa comenzó en 2012, cuando Lluís Vinyes padre y el historiador especializado en gastronomía, Josep Viella, se hicieron cargo del local. Su carisma es el resultado de la mezcla de historia, buena cocina y ubicación: disponen de una terraza exterior abierta todo el año, climatizada en invierno, y de un mirador en la planta superior que se puede reservar y que, sin duda, merece estar entre las mejores vistas de Barcelona.

¿Por qué tanto resumen? Porque este lugar es más que un restaurante: es un espacio histórico que, con el paso de los años, ha mantenido su relevancia sin venderse a nuevas tendencias. En 2020, Lluís Vinyes hijo, un cocinero joven con estudios y viajes por Italia y el sudeste asiático, asumió la dirección. Desde sus inicios, La Venta es un restaurante de referencia en Barcelona cuando hablamos de cocina catalana. Vinyes hijo, que trabaja en La Venta desde los 19 años, ha afinado y rejuvenecido la carta, clavando platos de raíz popular pero ejecutados con espíritu de alta cocina; por ejemplo: unas deliciosas erizos gratinados —todo un clásico de la casa en temporada—, una esqueixada de bacalao que es un paradigma del plato, o una coca de hojaldre con escalivada y anchoas del Cantábrico que es un beso de sal, mantequilla y grasa marina de la buena. Eso en cuanto a los entrantes.

En el apartado de principales, podéis redescubrir con un paladar nuevo un plato tan maltratado como la butifarra con judías —aquí, una rotunda y sabrosa longaniza de Lleida con mongetes del ganxet— y disfrutar de un producto superlativo. Su arroz con gambas de Arenys también es de los que se recuerdan, por su melosidad y el punto exacto del grano.

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  • Vegetariana
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Xavier Pellicer cerró el restaurante Celerí, dedicado a la verdura –con opción a complementar los platos con proteína animal– justo después de ganar la Michelin. Lo reabrió una breve temporada después en Provença, 310. Cambió para seguir igual, más y mejor: más espacio, y una brasa de encina y fuego de wok.

¿Y qué se come? Pues redefiniciones y cruces de clásicos de cocina catalana aligerada y con un toque de genio que te transporta a la infancia. Un plato como sus judías verdes con patatas, que ya ha tenido varias encarnaciones, pero siempre maravilla, es un 'must' de la creatividad vegetal en la cocina moderna. 

  • Cocina creativa
  • Sant Gervasi - Galvany
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out
Hisop
Hisop

¿De qué va? El chef Oriol Ivern presenta en Hisop una cocina que os será familiar en cuanto a la raíz, pero muy creativa por la puesta en escena y la combinación de sabores. En definitiva, natural como lo es el chef y su equipo, sin querer decir más que lo que te encontrarás en el plato. Y la verdad es que lo hacen de maravilla tanto en la sala como en los fogones. Tienen una estrella Michelin, quizás la más discreta de la ciudad y dicen que la más económica (el menú degustación vale 85€, 110€ con maridaje). Pero no menos merecida que el resto, todo lo contrario. 

¿Y qué se come? Cocina catalana contemporánea, como la definen ellos, basada en el producto bien tratado y su estacionalidad. La suya es la constatación de que se puede hacer alta cocina creativa sin poner a la mesa el producto más caro imaginable. Y esto queda claro en creaciones como la caballa con tupinambos (aquí sí, con un poco de caviar). ¡Éxtasis! Conviértete en hisopista.

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  • Cocina creativa
  • El Raval
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Bajo la óptica de la alta cocina, interpretan recetas antiguas (¡pero muy antiguas! De Egipto o el Imperio Romano, por ejemplo) y captan la técnica y la mezcla de los productos originales para después presentarlos en forma de tapa. Albert Raurich, propietario, lideró este espacio, pero ahora ha cedido protagonismo a Takeshi Somekawa y Adri de Pablo, jefe de cocina y sala de Dos Palillos, del también exBulli.

¿Y qué se come? Mantienen la idea original del Dos Pebrots. Transportan técnicas e ingredientes pasados en la actualidad y nos hacen descubrir todo un mundo que, de hecho, forma parte de nuestro legado culinario. Una reivindicación de la historia de la gastronomía, de nuestro recetario, con platos como un arroz con garum de sepia (uno de los sabores que definían la comida en la antigua Roma), o una careta de cochinillo en homenaje a Apicius, autor de 'Recoquinaria', el primer recetario del Mediterráneo.

  • Mexicana
  • Vila de Gràcia
  • precio 2 de 4
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Paloma Fondita Mexicana es la nueva aventura de Kim Díaz (Bar Mut, Bodega Solera...), que ha reconvertido su antiguo Burger Kim en un homenaje exuberante a México junto a Paloma Ortiz, ex jefa de cocina del restaurante Oaxaca. La chef comanda sin duda uno de los mejores restaurantes mexicanos de Barcelona. El local, en la calle Bonavista, Gràcia divina, lleva el sello inconfundible de Díaz, con detalles tan singulares como dos capillas incrustadas bajo el suelo –una dedicada al Día de los Muertos con Playmobils y otra al santo Jesús Malverde–. En sala manda Ricardo Aguilar, alias Ricardón, carismático políglota que domina siete idiomas (incluido un catalán perfecto) y que define el estilo de Ortiz como “de manos de fuego”. La carta, breve, pero intensa, abarca sabores de todo México –del centro a Sinaloa y Oaxaca– y parte de una idea sencilla: no hay purismo, sino maíz, técnica y corazón.

Aquí todo invita a compartir, a mojar y a disfrutar. El pollo picantón con mole negro oaxaqueño –una receta heredada de la abuela de Ortiz con treinta ingredientes y dos días de cocción– es un viaje profundo entre lo dulce, lo ahumado y lo picante. También brillan la lubina zarandeada con pasta de chiles secos y el codillo a la pibil, braseado en hojas de plátano con adobo de achiote y cebolla xnipec. Y memorables son también los “antojitos”, como la gordita de suadero con queso de Oaxaca elaborado en el Bages, un puente delicioso entre Cataluña y México. Solo hay dos tacos en carta, pero son auténticos “tacones”: el de pescado Ensenada, con 800 gramos de bacalao rebozado, y el de carne, pensados para compartir. Paloma Fondita no pretende ser un restaurante gastronómico, pero lo es sin querer: un lugar donde la técnica, el sabor y el desparpajo se sirven en la misma tortilla.

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  • Cocina creativa
  • Les Corts

¿De qué va? Que los hermanos Torres se hayan convertido en ultramediáticos no quiere decir que hayan abandonado ni por un segundo la filosofía que enamoró mucha gente –incluyendo a los inspectores de la Guía Michelin– con aquel primer Dos Cielos.

¿Y qué comeré? Cocina 'de recuerdos', que dicen los gemelos, que parte de las recetas familiares y se elabora con productos de temporada, del huerto, y técnicas contemporáneas. Su criatura en Barcelona es un local imponente donde manda la alta cocina, y que demuestra esta pasión de los chefs con el huerto y el jardín. ¿Un ejemplo? La ensalada de 60 verduras de cultivo natural sobre gelatina de albahaca.

  • Catalana
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? El suntuoso palacete del Eixample que alojó a Rilke ahora es JOK. El acrónimo del periodista Joan Maria Pou, el empresario Oriol Badia y Kim Díaz como asesor (Bar Mut) es “un proyecto de factoría cultural con conciertos, presentaciones de libros, charlas, monólogos... que queremos financiar con un buen restaurante y una buena coctelería”, explica Pou. Elegancia burguesa, cero bling-bling.

¿Y qué se come? Cocina catalana afinada y moderna con la chef Olga Sternari a la cabeza y donde se nota la mano de Díaz. Éxitos catalanes con algún acento afrancesado (Sternari viene de Joël Robuchon!) producto top y mucha temporada. La fideuá es sustanciosa, con la potencia de un buen fumet, aligerada con dados de merluza fresca, y los canelones son todo lo que puedes pedir a un canelón (trufado). También encontrará platos de autor derivados del corpus culinario catalán, como unas gambas con chocolate. La coctelería funciona del mediodía a las tres y media de la madrugada.

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  • Cocina creativa
  • El Raval
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Más que cocina gallega contemporánea, Arume es un restaurante de gallegos que han viajado por todo el mapamundi. Lo que hacen –coger productos de la cocina gallega y el Atlántico y modernizarlos– es fácil de decir. Pero lo difícil es rehacer platos que de tan locales son universales, como por ejemplo un cebiche de corvina salvaje con leche de tigre, granada y emulsión de aguacate, y las vieiras con crema de maíz.

¿Esto no es de modernillos? ¡No! Podéis confiar en los arroces de la carta, una de sus especialidades: el arroz con pato, espuma de ajo asado y pimientos del Padrón es una visión personal y llena de sabor del tema, que combina la melosidad con un punto de grano clavado. La carta no es muy extensa, pero cada plato da diana. Por cierto, el restaurante ocupa la casa donde nació un hijo de gallegos, el universal Vázquez Montalbán, de quien no tenemos ninguna duda de que gozaría de lo lindo con esta visión del galleguismo ravalero de toma pan y moja.

  • Portuguesa
  • Barcelona
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Quizás os habréis dado cuenta de que en los últimos años el número de restaurantes portugueses en Barcelona ha disminuido drásticamente. Pero aquí está Porco Preto, abierto a finales de 2024, para remediar esta situación. Los propietarios y cocineros son Sofia Da Costa Moura y André Gomes, dos chefs con formación y experiencia en el ecosistema de alta cocina barcelonés (Àbac, Fismuler), que han montado su propia casa en la frontera entre Sant Andreu y Sant Martí, con un restaurante de vocación vecinal, de servicio de barrio y proximidad.

¿Qué demonios es un porco preto? ¿Un cerdo esbelto? Porco preto significa "cerdo negro": trabajan con las mejores carnes que pueden conseguir, y eso se nota en una carta que juega con la mezcla de cocinas vecinas o con versiones portuguesas muy bien pensadas. Por ejemplo, convierten la francesinha —esa sabrosa barbaridad de lasaña de pan de molde, jamón cocido, ternera y patatas fritas— en un bocadillo más sutil, pero igual de pantagruélico, de pan de vidrio relleno de embutidos, ternera, y coronado con huevo puntilla y queso. Hay toque de brasa por todas partes, y eso siempre se agradece. No os saltéis los postres: Sofia es una pastelera muy crack. Precios amigables y un menú de mediodía espléndido.

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  • China
  • Sant Antoni
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? ¿Qué es un 'dumpling' –o una 'gyoza' o un 'bao' o un ravioli...– sino una versión distinta del mismo? Aquel arquetipo universal de pieza de masa rellena (dice empanadilla o farcellet o shaomai) que a menudo se come con la mano y te tragas de un solo mordisco de placer. En Dr. Zhang, un pequeño restaurante con espíritu de barrio, se han especializado en el 'farcellet' chino (aunque ellas no lo sean).

¿Y cuáles pido? Pues cualquiera, porque son buenísimos. Y puedes ver cómo te llevan, de la cocina a la mesa, piezas tan variadas y poco ortodoxas como los rellenos de pato o los fritos con curry. En otoño, sus gyozas de setas variadas son un bocado delicado y con un sabor de bosque en alta definición.

  • Cocina creativa
  • El Raval
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out
Dos Palillos
Dos Palillos

¿De qué va? Albert Raurich –bulliniano de pro– demuestra que existe hermandad entre las tapas asiáticas y españolas, y un nivel de excelencia de producto y creatividad que le ha valido su primera estrella Michelin.

¿Por qué tengo que ir? Dos Palillos es una perfecta fusión entre bar Manolo y barra asiática de alta cocina, un lugar que no tiene mesas y donde, si no tienen tiempo, no te van sirviendo el vino. Reflexión: parte de la estrella Michelin siempre premia el servicio, y que ellos la tengan todavía pone en más valor sus fenomenales tapas asiáticas. Son platos que se han convertido en una plaza para comer icónica, como las cocochas al pil-pil japonés, la costilla de cerdo de cal Rovira al estilo cantonés. Y no olvidéis que aquí dentro está el mejor bar de sake de España

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  • Cocina creativa
  • Esquerra de l’Eixample
  • precio 3 de 4

¿De qué va? Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas –trío de ex jefes de cocina de ElBulli y propietarios de Disfrutar– se han asociado con Nil Dulcet, quien fue el primer jefe de cocina del restaurante biestrellado del Eixample, para abrir el hermano urbano del Compartir Cadaqués. No es una traslación a Barcelona, ​​sino el mismo estilo culinario con una oferta distinta. 

¿Y qué comeré? La cocina es una exhibición de técnica y complejidad, con el mediterráneo en la cabeza: platos de inspiración popular –como la ensalada de remolacha y sorbete de ajoblanco– o con alguna mirada a Àsia; un 'shabu sabu' de salmón con sopa de miso certifican que este es un nuevo camino (y no os perdáis las maravillas que hacen con humilde pescado, como sardinas y caballa).

  • Vegetariana
  • El Gòtic
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Rasoterra es más que un restaurante vegetariano: es uno de los lugares más emblemáticos en la revolución verde en las mesas de Barcelona, desde que abrieron en 2013. Si tenemos en cuenta que uno de los socios del restaurante, Daniele Rossi, también es presidente de la asociación Slow Food de Barcelona y que tienen un huerto propio, entenderemos la magnitud y el rigor del Rasoterra en materia de cocina km 0.

¿Qué se come? La carta, a cargo de la chef Adriana Carcelén, es siempre de rigurosa temporada. El restaurante, que era ovolactiovegetariano con un fuerte toque creativo, se ha convertido en un restaurante del todo vegano y ha incrementado el voltaje gastronómico de sus elaboraciones. Podemos encontrar desde una ensalada de tomates de variedades recuperadas, exuberante –cuando sea temporada, claro– hasta un alucinante plato de raíces de verduras asadas (cebolla, boniato, remolacha, puerro) que flotan sobre un hummus de legumbres y perfumado con un aceite de albahaca hecho por sí mismos, todo un poema de sabores de la tierra sutil pero meditado. Los platos de pasta, al dente, son excelentes (recordad que son italianos).

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  • Esquerra de l’Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? El estilo propio del chef Jordi Esteve se fundamenta en la calidad y creatividad con la tradición de fondo, con un estilo hedonista y disfrutón, que se centra en el producto de temporada y rehúye las fusiones. Cocina catalana con imaginación y poder.

¿Por qué debes ir? Por una excelente carta y un menú degustación en el que Esteve demuestra una sensibilidad para la interpretación del paisaje en forma de platos sorprendentes, llenos de finura y de lo más suculentos. Ejemplos hay montones, pero no puedo olvidar el buey madurado, con verduritas y remolacha. ¡Y hacen menú de mediodía! A un precio asequible para comer en un restaurante recomendado por la guía Michelin, incluye dos tapitas, primero y segundo y postres.

  • Catalana
  • Sant Antoni
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Candela Rama no hace nada nuevo, pero lo que hace lo hace extraordinariamente bien: es un restaurante de cocina de tapas y platillos –platillo desde el punto de vista del chup-chup– donde hacen todos los procesos de forma artesana y con estándares de alta cocina, y con el aporte de un imponente horno de brasa. El chef Ramón Panés se complica la vida, ¡hasta el punto de hacer sus propias butifarras!

¿Y por qué están aquí, si no hacen nada nuevo? ¿Nada nuevo? Bien, esto no es del todo cierto. Aquí encontrarás declinaciones de las tapas de toda la vida que nos encantan, como una ensaladilla rusa de toque cítrico con piparra, con un huevo frito (¡con puntilla!) que abraza la melosidad de la mayonesa, o una bomba estilo Candela que es un festival de butifarra negra fondant. De segundo, arroces con un punto de cocción perfectos y de sabores rotundos (como uno de costilla Angus intenso y suculento) y carnes a la brasa excelentes y también platos de sofrito, como por ejemplo un calamar a la brasa sobre un 'ajomorcilla' (pasta de butifarra negra) que es un delirio de mojar pan. Hedonismo de alta gama y precios que no pican demasiado.

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