Xavier Pellicer Restaurant (Eixample Dret)
Scott Chasserot | Xavier Pellicer Restaurant (Eixample Dret)
Scott Chasserot

Los 50 mejores restaurantes de Barcelona

Los chefs más en forma de la ciudad al frente de cocinas de todos los estilos y para todos los bolsillos

Ricard Martín
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VERANO DE 2026: ¡Por la calle campan las ráfagas de aire caliente como bolas de fuego! El restaurante se convierte en un refugio climático, y ya sabéis qué hacen los mexicanos: comen picante para equilibrar la temperatura corporal con la del exterior. No os llevaré a comer escudella i carn d'olla en agosto –aunque muy a favor–, pero sí que os recomiendo  Bitxo, virtuosa aproximación a la cocina indonesia desde Cataluña con el chup-chup como punto de contacto (precios populares, entra con fuerza en el 6). Y mucho fuego lento hay en Bera, la versión más asequible del maestro de maestros de la alta cocina, Berasategui, en el 12. Claro que si queréis un lugar fresquito y con comida inmejorable, nada mejor que Can Pineda, LA gastrobodega de Barcelona, que con el paso de los años ha afinado cocina y producto para convertirse en un lugar imprescindible, además de absolutamente singular. Directo al 5. En un momento donde todo son grandes inversores, hay que reivindicar el restaurante familiar: id a Emocionar, un reducto fraterno de cocina juguetona y afrancesada con guiños a los años ochenta. Y para fiesta grande, dos plazas de lujo: fichad en Finca Nebot, la versión reposada de Malparit, en un pasaje del Poblenou y Bottega Bernacca, una apuesta muy seria por la gran cocina italiana.

Bienvenidos a la lista de los 50 mejores restaurantes de Barcelona, ​​donde encontraréis las direcciones más deliciosas de la ciudad, los mejores lugares donde comer escogidos con cuidado, empirismo y precisión (que hemos ido, ¡vaya!). Esta es una de las mejores ciudades del mundo para comer y beber. La oferta es variada, de calidad, monumental: desde el pequeño bar de tapas de toda la vida, pasando por los restaurantes con estrellas Michelin, la mejor cocina italiana y también sitios donde comer bueno y muy barato.

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Los 50 mejores restaurantes

  • Catalana
  • El Gòtic
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Ponerle a un restaurante del barrio Gótico un nombre extraído del 'Llibre del Sent Soví' –el recetario catalán más antiguo conocido, de 1324– es toda una declaración de principios e intenciones. La intención de La Sosenga –sofrito medieval– es ofrecer una cocina catalana arraigada en el territorio e incluso con ciertos aires medievales, sobre todo en los contrastes entre dulce y salado (ya sabéis que la cocina de la Edad Media no diferenciaba entre platos principales y postres).

¿Y qué se come? Aquí la creatividad de Marc Pérez (cocina) y Tania Doblas (sala) viene dada más por la combinatoria de sabores –siempre con un anclaje en la tradición catalana– que por el asesinato y renacimiento de un producto en texturas. Y lo hacen con una vocación popular y gastronómica: un menú degustación mensual de 7 pases a 35 euros, tanto por la noche como al mediodía, donde todos los vegetales son ecológicos y de proximidad, y todos los proveedores se listan al final de la carta. Con platos espectaculares, como unas judías, patata, trompetas de la muerte: trompetas guisadas con papada ibérica; judía amarilla a la brasa y ñoquis de patata hechos en casa, que actualizan el puro espíritu catalán con creatividad: lo vemos en un plato como el fricandó de presa ibérica, níscalos, mostaza y granada (pero es estéril mencionar platos: lo cambian todo cada mes).

  • Griega
  • El Poble-sec
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Stefano Balis (griego, ex Bardot, Rilke, Informal) y Jordi Fenoll (elxà, ex Dos Pebrots) capitanean Margarit, un restaurante de base griega que juega con la amplitud culinaria del Mediterráneo y los platos de la carta de raíz tradicional helénica que se ejecutan con capas personales, giros imaginativos y mucha técnica. Los puntos en común que encuentran los dos chefs entre sus extremos del Mediterráneo surgen de forma orgánica.

¿Por ejemplo? Dos que valen mucho la pena: la 'tarama' -una prima lejana de la brandada de bacalao que los chicos elaboran con huevos de bacalao en salmuera, miga de pan y zumo de limón, y que acompañan con daditos de remolacha y polvo de pan de algarroba. Y la 'hava': un primo lejano del hummus hecho con guisantes amarillos, y acompañado de bacoreta en salazón, tomate seco y hojas de alcaparras. El cordero a la palestina con yogur y hierbas nos deja directamente sin palabras. Lo marinan con naranja, lo hierven a baja temperatura y es pura mantequilla cárnica.

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  • Cocina creativa
  • L'Antiga Esquerra de l'Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Artur Martínez empezó el 2026 con Trü, una versión de bolsillo y más asequible que Aürt, su estrella Michelin. Y plasma su visión de una cocina catalana que rehúye los tópicos y los tipismos con la misma elegancia, sabor y poderosa sutileza que en su hermano mayor (entre otras cosas, porque tenemos al núcleo duro de Aürt en Trü). Eso sí, en un formato más estándar; Trü ocupa el espacio donde estuvo Palo Verde y mantiene su estructura: un bistró elegante de mesitas íntimas y una barra equipada con brasa.

¿Qué se come? Os lo pone fácil para elegir: ni primeros ni segundos, solo una carta con platillos para compartir que son platazos, llenos de creatividad y con la personalidad de Martínez. Por ejemplo: un gofre de trinxat hecho de pie de cerdo, patata y col, con un sabor concentradísimo, tan potente que te parece una glasa de ternera, pero en realidad lo baña una reducción de las partes de la col. Los vegetales son muy importantes, y mantiene la filosofía de materia prima hecha en casa o por pequeños productores amigos (¡fuet de corzo!), también en el apartado de líquidos.

  • Barcelona
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Esta es la casa del chef italiano Matteo Bertozzi, quien estuvo al frente de My Fucking Restaurant y Assalto. Cansado de las presiones de los rankings, de trabajar en primera línea del turismo y a la vez ajustarse a los criterios de sostenibilidad más estrictos, Bertozzi se retiró de sus dos proyectos y en verano de 2025 abrió una pequeña y cuidada casa de comidas en el Poblenou más vecinal, sin brunch ni expats a la vista.

Cuando veo un sitio moderno que dice "casa de comidas", pienso en el sablazo. Pues aquí no hay postureo: esto es un pequeño restaurante —lo podríamos llamar bistrot— con precios muy ajustados, casi populares, donde Bertozzi pone en juego su mano maestra para inventarse platos a partir del producto de proximidad, trabajando a escala humana. Es un gastronómico de barrio, dice él. Y eso se nota en platos espléndidos como unas judías verdes con stracciatella ahumada, miso casero con recortes de pan y almendra garrapiñada, un plato veraniego y lleno de matices. O también otros más contundentes, como un tataki de presa ibérica tonnata: la misma salsa que en el clásico italiano, pero con cerdo. Es un sitio al que ir a menudo: cambio constante de carta, producto 100 % de temporada, precios muy ajustados.

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  • Catalana
  • Sant Martí
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Estamos en uno de los restaurantes de cocina catalana más singulares de Barcelona. En una discretísima esquina del Clot, Can Pineda abrió en 1904, pocos años después de que Sant Martí de Provençals se anexionara a Barcelona, como bodega. En el año 1972 la familia Cuenca y la Jovells lo adquirieron tras haber trabajado allí durante años. La refundación implicó la compra de un local anexo para hacer una cocina. Con el paso de los años, Can Pineda se ha convertido en una casa de comidas de altísimo nivel, con una maestría en la compra y cocina de un producto superlativo a la altura de los grandes restaurantes de Barcelona y Cataluña, Michelin incluidas.

Pero... ¿No exageras? ¿Qué se come aquí? Veamos: unas humildes sardinas en escabeche magníficas, fresquísimas y con aroma a naranja (hay chefs Michelin que vienen por ellas). Y les haréis la ola en un clásico imperdible de la casa: una cazuela de chipirones de costa con morcilla negra, espárragos y ajos tiernos. Tiernísimo cefalópodo con morcilla negra, tan bien hechos que se deshacen en la boca y después percibes una gradación de picantes muy medidos, de menos a más: ajo confitado, el espárrago silvestre (si es temporada) al dente y la guindilla. Tras la fachada de una bodega barcelonesa, aquí ponen en la mesa el mejor producto posible, de estricta temporada, con una intervención sabia y moderna, pero contenida, que se percibe al primer bocado. 

  • Indonesia
  • Sants
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Bitxo, al lado de la Plaza Osca, se define como una taberna catalano-indonesia. Al frente está el chef Jordi Bernús, que nos robó el corazón con Sants Es Crema, uno de los mejores restaurantes de bocadillos que jamás haya visto Barcelona. Bitxo es el resultado de su asociación con Jordi Devesa de la pizzería La Clote: dos hosteleros emprendedores de barrio con los pies en la tierra. ¿Por qué montar un concepto como este, catalano-indonesio? Bernús sabe lo que se hace: está casado con una indonesia y ha pasado cuatro años en el país de Java.

¿Pero... eso de catalano-indonesio suena complicado!

Para nada. Son platos de cocina catalana integrados perfectamente con los elementos indonesios, de una manera natural, coherente... Y deliciosa. Los entrantes son de escándalo: bomba nasi goreng (literalmente "arroz frito" en indonesio). Agridulce, va rellena precisamente de eso, y tiene un equilibrio maravilloso de picante y agridulce. O unos rollitos indonesios. El que va relleno de capipota es un delirio de bueno. Platos como un fricandó estilo indonesio, hecho con carrilleras de ternera melosas, leche de coco y arroz jazmín, certifican el parentesco de las dos gastronomías, unidas por el chup-chup. Ojo a su terraza interior. Lugar bueno, bonito y de excelente relación calidad-precio.

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  • Cocina creativa
  • Barcelona
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Si al Bar Brutal de los hermanos Colombo uno va por el vino y acaba comiendo de maravilla, en el Bar Super el orden de los factores se invierte: aquí manda la cocina, aunque la carta de vinos no se queda atrás. Y si el Brutal es un refugio nocturno, en el Super reina la luz: un local amplio, junto al Mercat de Santa Caterina, presidido por una barra baja y cómoda de color rojo donde puedes tanto picar algo como quedarte un buen rato. Con Jordi Colpani —ex Xemei y Bar Brutal— al frente, la cocina de mercado y temporada aquí no es un eslogan: es literal.

¿Ejemplos? Navajas pasadas por la plancha, flores de calabacín en tempura ligera y crujiente, o una cecina de caballo del mismo Santa Caterina, entre otros. La ensalada de tomate es de matrícula: entra directa en el top barcelonés. Y si la rematas con una butifarra a la brasa (con escalivada u otra guarnición según temporada), con cebolla muy caramelizada, mostaza y aceite de ñora, tienes buena parte de la felicidad asegurada. ¿Para beber? Una carta con unas 200 referencias de vinos, casi todos de intervención mínima.

  • Cocina creativa
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Direkte Bokeria reabrió en verano de 2025 en la calle París. Y claro, no tenía ningún sentido que conservara el apellido de la Boqueria. Recapitulemos: lo abrió Arnau Muñío en 2018. Era una barra gastronómica en el mercado central de Barcelona que unía el concepto japonés del chef trabajando delante de unos pocos privilegiados –solo eran ocho comensales por turno–, reunidos ante un menú degustación que combinaba el mejor producto –directo de la Boqueria– con recetas creativas de cocina catalana que dialogaban, sobre todo a golpe de cuchara, con el sudeste asiático. En sus inicios, era un menú degustación fastuoso a precios muy ajustados.

¿Y qué ha cambiado? Los números crecen: el Direkte –a secas– tiene dos barras con capacidad para 16 comensales y hacen dos turnos al día (hay que llegar puntual). Encontraréis tres menús: uno de siete platos, otro de diez (El Menú Boqueria) y un tercero de doce, solo por encargo. Hace honor a su nombre: sirven con ritmo y dinamismo platos excelentes, de creación propia y de altísima complejidad. Si el comensal quiere, tendrá una explicación detallada. Si no, unas habas con caldo de calamar, y el cefalópodo con el jugo de las habas al lado, se explican por sí solos.

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  • Cocina creativa
  • Esquerra de l’Eixample
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Cerrado ElBulli, sus antiguos jefes de cocina, Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas, ofrecen a Disfrutar una cocina de matriz bulliniana, tecnoemocional pura. Aquí viviréis una bacanal de los sentidos ejecutada a una velocidad perfecta.

¿Y qué se come? Son platos de una imaginación y precisión tremenda, como por ejemplo los ya famosos macarrones a la carbonara, hechos con gelatina de jamón. Disfrutar es el heredero directo del espíritu bulliniano, tanto en cuanto a la imaginación y excelencia como por el juguetón sentido del humor que destilan sus creaciones. Dejad de lado el síntoma del menú que me ha de cambiar la vida: aquí se viene a disfrutar y a jugar.

  • Francesa
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? En Caelis, un restaurante Michelin merecedor del galardón casi desde su apertura en 2004, Romain Fornell despliega una cocina arriesgada, pero que conserva el toque clásico francés. El servicio en sala es impecable, y ofrece tres menús degustación: uno centrado en realzar el producto de mar y montaña, otro de celebración y otro 100 % vegetariano. Además, tiene un menú de mediodía a un precio muy razonable que incluye platos como unos macarrones rellenos de calamar y foie-gras.

Hay muchas estrellas Michelin en Barcelona. ¿Qué tiene de especial Caelis? A medida que pasan los años –y aumenta la extrema sofisticación de muchas Michelin que parecen querer demostrar todas las técnicas posibles en un menú– el estilo de Fornell se aprecia aún más: una cocina refinada, con todo el saber y los recursos necesarios, pero donde lo esencial es la suculencia y la coherencia de los platos, más que el virtuosismo. ¿Ejemplos? La anguila con remolacha y caviar o unas mollejas en salsa bearnesa. La excelencia francesa en Barcelona.

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  • Cocina creativa
  • La Nova Esquerra de l'Eixample
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Miquel Pardo, el cocinero valenciano que sacudió la paella en Barcelona con Cruix, apunta alto en su segundo restaurante. Aunque buscaba sitio para una arrocería, el presupuesto lo llevó a este local donde prescinde de relato y apuesta por el pragmatismo: menos historias inspiradoras y más cocina. Aquí despliega una propuesta más formal, con manteles y menús degustación donde el producto y el territorio catalano-valenciano mandan por encima del decorado de sala, sobrio y austero. Pardo, sin acaparar titulares, demuestra un oficio y una creatividad fuera de lo común.

¿Pero hay arroz o no? Sí, pero al final. El menú degustación arranca fuerte con platos complejos como "Codorniu: vida y muerte", que juega con carnes frías y caldos deliciosos, o unos pies de cerdo con rodaballo que son un mar y montaña potente y meloso. La traca final de la parte salada es un arroz que cambiará según la temporada, como el de ortiguilla y cigala con salsa emulsionada al momento. En los postres, la terreta vuelve a asomar con mandarinas o fartons con mole de chufa

  • Cocina creativa
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? "Quería proponer una manera más abierta y cercana de aproximarme a mi cocina, manteniendo el foco en el producto y en el placer de compartir", dice Berasategui. El chef vasco, astro absoluto de la alta cocina a nivel mundial, y el cocinero de España que tiene más Michelin, refuerza su apuesta por Barcelona con un proyecto que se presenta como su cara más accesible, alejándose de la rigidez del menú degustación y con una carta de lo más reconocible, pero siempre dentro de los parámetros de la excelencia: la técnica de Berasategui con el confort de lo tradicional y productazo.

¿Y qué se come aquí? Pues clásicos de su repertorio, como las cocochas de bacalao con berberechos, con recetas de fuego lento que hacen un guiño al recetario catalán: véanse las albóndigas con salsa de ceps o las alubias del ganxet con almejas, y también mucha comida desenfadada para compartir, como su mítico pepito de ternera. Bajo la dirección ejecutiva del chef Gabriele Milani, la promesa del "garrote" característico de la casa –esa exhortación a saborear un platillo que promete sensaciones casi eróticas al paladar, que se ha convertido en grito de guerra berasateguiano– aquí sigue teniendo garra, sabor superlativo y carisma.

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  • Catalana
  • Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? En el barrio de Sant Pere i Santa Caterina, una de las partes de Barcelona más castigadas por la gentrificación, encontramos el Espai Puntal. Este es el proyecto de Víctor Regàs y Markel Cormenzana, dos consultores especializados en sostenibilidad y medio ambiente que lo pusieron en marcha con la intención de hacer negocio, claro, pero que este fuera un negocio justo, sin ambiciones lucrativas desmesuradas, y que la clientela local del barrio se pudiera permitir.

¿Y qué se come? De todo y muy diferente. Veamos: El Bar Puntal es un bar-restaurante especializado en platillos para compartir, a precios muy contenidos, pero con un acabado muy cuidado y producto cien por cien de temporada y comprado directo a pequeños productores (y tienen plato del día con postre). Como, por ejemplo, unas alcachofas con tocino y romesco en las que cantan los ángeles. El Colmado, una panadería de pan de alta fermentación, conservas caseras y tienda de bocadillos para llevar, con éxitos como el bocadillo de pollo marinado y frito, mayonesa de sésamo y kimchi. Y el tercero, La Taula Puntal, un espacio gastronómico creativo que abre de noche y donde por menos de 50 euros se puede disfrutar de un menú degustación con alta cocina del territorio. Es decir, que estamos en un lugar –una magnífica finca modernista de finales del siglo XIX– donde puedes comer por 12, 25 o 50 euros. ¡Antiesnobismo km 0!

  • Cocina creativa
  • Sant Antoni
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Me hace sentir viejo decir que Alkimia es un clásico, pero es cierto: Jordi Vilà y tres o cuatro más definieron, hacia el año 2000, por donde iría la alta cocina moderna de Barcelona. Por encima de todo, Vilà ha conseguido la meta de hacer creación sin desligarse del camino de la cocina catalana 100% ciento reconocible. Sobre la Fábrica Moritz despliega sus mejores armas: producto, tradición y creatividad.

¿Qué comeré? Sigue la línea de cocina catalana de espíritu moderno y urbano marca de la casa: "Es la cocina que siento y que domino, y tiene suficiente base y solidez para seguir trabajándola y evolucionar sin caer en según qué ambigüedades", afirma. Llena de imaginación y contrastes fuertes, con platos que no se olvidan. Como por ejemplo, una col caramelizada, con queso y rábano picante, o por la parte más carnívora un pichón de sangre con acelga, 'toffee' de zanahoria y nueces.

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  • El Gòtic
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Después de reabrir la centenaria bodega La Palma, Judit Giménez y Albert Rial inauguraron el restaurante Bellafila en el espacio donde estuvo el emblemático Pla. Este proyecto del Gótico apuesta por la cocina catalana con intenciones más ambiciosas que las de su hermana mayor, pero siempre con el público autóctono en mente. En 2026 se incorporó el chef italiano Peter Castagneto –con trayectoria en Casa Tejada, Disfrutar o Fonda España–, quien junto a Giménez propone una visión personal y directa de la gastronomía catalana y barcelonesa.

¿Y qué se come aquí? La carta ofrece platos profundamente de la tierra pero con un punto diferencial y pensados para compartir. Encontraréis desde badocs –flores de calabacín– rellenas de brandada de bacalao o un trinxat primaveral con morcilla de Perol, hasta unos canelones de tres carnes con bechamel de receta tradicional. Sabores de la tierra muy elaborados: atadillos de pollo a la catalana con morcilla negra o un arroz seco con rape, tirabeques y setas de temporada, ideal para quienes buscan sabores de la tierra bien ejecutados. Tradición moderna, pero tradición al fin y al cabo.

  • Cocina creativa
  • Sant Gervasi - Galvany
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Mae es un restaurante de altos vuelos dirigido por el chef catalán Germán Espinosa (ex Fonda España), el chef colombiano Diego Mondragón (ex Bodega de Can Roca, Àbac y Fonda Espanya) y la restauradora costarriqueña Mariella Rodríguez. Practica el 'glocalismo' gastronómico, esa sinergia entre el globalismo y el localismo con la que se puede crear un plato nuevo. Una suerte de sincretismo culinario, como dicen ellos. Mae tiene un pie aquí y otro en la América Latina de la guayaba, el lulo –una fruta que parece un tomate, pero tiene un delicado aroma cítrico–, el tomate de árbol y el ají amarillo.

¿Puedes concretar más, por favor? Es una cocina virtuosa y llena de técnica: dos menús de degustación y uno ejecutivo a precios nada astronómicos y llenos de infusionados, cocciones largas a baja temperatura, curaciones, guisos suflados, aires y criofiltrados. Ejemplos; tomate del Maresme con almendras y ají amarillo; espuma de coliflor, changurro y gelée de mejillón con hierbas frescas; corbina curada en alga kombu con infusión de lulo y rábano, y carré de cordero y tupinambo.

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  • Cocina creativa
  • Vila de Gràcia
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? La propuesta del chef Yordi Martínez Ruiz y la sumiller Lara Cerlini gira en torno a un único menú degustación de unos quince pasos (75 euros sin maridaje) que recupera la memoria de la cocina tradicional y la transforma con lenguaje actual, precisión técnica y sensibilidad. Atmósfera íntima, cálida, casi confidencial.

Pon ejemplos, por favor. Pues una cigala con curry verde, dashi y pera o el pato con almendra de bellota, calabaza y semillas. Más que citar platos, porque el menú evoluciona según entran los ingredientes de temporada, vale la pena destacar que la suya no es una cocina tradicional actualizada sino un despliegue de creatividad con mucha más puntería que pirotecnia, sin evitar los riesgos y las ideas que a primera vista pueden parecer una "marcianada", pero que llegan a buen puerto. 

  • Cocina creativa
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Abierto en la primavera de 2025 en el Eixample Derecho, Franca irrumpe con fuerza desde una discreta esquina y con una idea clara: reinventar la tradición sin perderle el respeto. Con una cocina que sus tres jóvenes cocineros definen como "tradicional inventada", sirven platos que parecen sacados de un recetario imaginario. Franca no busca gustar a todo el mundo, pero consigue seducir desde el primer bocado.

¡No lo entiendo! La ensalada de escudella que sirven desde el primer día —y que ya es casi un clásico de esta casa joven— es un buen ejemplo. Carnes, garbanzos y verduras templadas, con el punto de cocción perfecto y cortadas en tamaño bocado, se acompañan con hojas de lechuga crujientes para refrescar

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  • Cocina creativa
  • Sant Antoni
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Reabierto en agosto de 2022, Albert Adrià redefinió su proyecto más personal por tercera vez. Enigma ha pasado de lo que llamaba dice 'fun dining' –maridaje de platillos creativos y coctelería con tardeo y baile – a la fórmula tradicional de lo que uno espera de un factótum de ElBulli: un menú degustación de 25 pasos por algo más de 200 euros, que irá cambiando a medida que lo hagan las estaciones.

¿Y qué se come? Vanguardia creativa extrema con la sutileza y el sentido del humor marca de la casa, en el restaurante heredero directo de elBulli. Aquí encontraréis proezas alegóricas como una terrina de gelatina de consomé de perdiz, rellena de erizos de mar en escabeche, acompañada por una ensalada césar en la que la escarola también lleva una vinagreta de erizo de mar. También disfrutaréis de juegos suculentos, como un bistec tártaro de wagyu que, mientras se acaba de montar en la mesa, se convierte en una sobrasada instantánea por la adición del mallorquín pimiento Tap de Cortí.

  • Vila de Gràcia
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? El chef barcelonés Gerard Barberan volvió a su ciudad natal tras triunfar en Brasil –donde incluso ganó una estrella Michelin con el japonés Kuro– para abrir Bottega Bernacca, una trattoria de alta cocina en el barrio de Gràcia. El proyecto, nacido de su alianza en Ibiza con Davide Bernacca, se ha convertido en un imperio culinario al otro lado del Atlántico y aterrizó en Barcelona en un formato íntimo de fine dining, con un servicio de sala impecable, una bodega excelente y sin pizza en la carta.

¿Y qué se come allí? La pasta es la gran protagonista: elaboran la fresca en casa y traen la seca de talleres artesanales, sirviéndola siempre en un punto impecable entre el al dente y el crujiente. Más allá de clásicos magníficamente ejecutados como el cacio e pepe o los espaguetis vongole, Barberan sorprende con opciones fuera de carta como los paccheri a la genovesa de lengua o la deliciosa lengua tonnata. Si vais en verano, no os perdáis la panzanella, una fresca ensalada toscana de pan, tomates, pepinos y anchoas.

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  • A la brasa
  • L'Antiga Esquerra de l'Eixample
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Zendra es el último restaurante del Grupo 9Reinas, abierto en 2025 y especializado en carne de altísima gama en el espectacular local del antiguo Chez Coco. Os recibirá una monumental parrilla de cinco metros y medio de largo con dos lanzas giratorias, espetos, brasa de pescado y horno de leña. Su seña de identidad es el uso del fuego de carbón y leña con brochetas, una técnica poco vista en Barcelona: asan –costilla de ternera o picantón, por ejemplo– a la estaca con fuego directo y piezas que evitan la grasa al fuego, preservando así el sabor puro de la pieza.

¿Solo brasa? No. El chef Ramon Panés toca el producto de temporada y el "chup-chup" en platos suntuosos como los níscalos a la brasa salteados con sobrasada o unos callos y capipota con piparra brutales, con chorizo y cecina de buey de verdad. Y tampoco todo es carne: os podéis zampar una brocheta de sardinas que llega directamente de la brasa al plato, o ventresca de atún a la brasa con sofrito de piparras.

  • Catalana
  • El Poblenou
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? El neotradicionalismo de cocina catalana que se ha extendido por toda Barcelona tiene diversos niveles de seriedad y de rigor. Bajo este paraguas de "cocina tradicional" se hace de todo. Pero lo importante es tener una identidad y estilo (y hacerlo muy bien, claro). Este es el caso de Finca Nebot, el restaurante que el Grupo No Hay Mañana (Malparit, Bar Bábula 1937) con Leo Chechelnitskiy al frente, abrió en el verano de 2026. Mirar muy atrás con la técnica actual puede parecer revolucionario, o al menos te diferencia de la avalancha de croquetas y tortillas.

¿Otro sitio fino de macarrones y fricandó? ¡No! Los chefs Alfredo Samaniego y Josué Dávila investigan el recetario de Ignasi Domènech y Josep Rondissoni, los dos padres de la cocina catalana de la primera mitad del siglo XX, para ofrecer propuestas como una excelente coca de recapte casera con escalivada y sardina ahumada, o un capipota aligerado y aromático, con morro y pata cortados en dados idénticos. Con variedad de precios: se puede comer de forma asequible, compartiendo tapas y rematar con fideos a la cazuela, hasta fiesta grande con un entrecot a la bernesa. El local tiene un gran encanto: ubicado en un pasaje vecinal de Poblenou, su interiorismo rinde homenaje al pasado indiano de Barcelona.

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  • Marisco
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

De qué va? Tras arrasar con los dos primeros Lluritus, el grupo de restauración con raíces en Gràcia –especializado en marisquerías informales y que no te dejan la Visa temblando– dio un paso adelante en 2024 con Lluritu 3. Su primera incursión fuera de Gràcia es más restaurante que los otros Lluritus, pero mantiene la esencia desenfadada que lo aleja del aspecto intimidante de la marisquería decimonónica: barra de mármol, mesas altas, un segundo piso más íntimo y una terraza fantástica en el paseo. En realidad, Lluritu 3 es un pedazo de restaurante. 

¿En qué diferencia de los otros? Aquí encontrarás marisco con poca intervención, por supuesto –ostras, anchoas, almejas, gambas–, pero la personalidad brilla en platos de cocina con espíritu de mar y montaña, es decir, con influencias de la cocina del Empordà, tanto fríos como calientes. En los fríos destacan una coliflor y gamba –crema de coliflor y manzana, con gamba blanca curada, tartar de gamba, espárragos y brotes de guisante– que es una sinfonía de huerta y pesca. En los calientes: un ravioli de pies de cerdo y gambas, con salsa de gamba y foie, o unas mollejas con cococha de bacalao que harían sentir orgulloso a Santi Santamaria. La oferta no termina aquí: los arroces son sensacionales (especialmente el de mar y montaña con marisco y oreja, una redefinición del 'arròs brut' del Empordà, ni seco ni caldoso). En realidad, Lluritu 3 es un pedazo de restaurante. 

  • Cocina creativa
  • Esquerra de l’Eixample
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Cinc Sentits cambió de ubicación, de Aribau a Entença 60, para crecer y para poder adaptarse mejor al ritmo de degustación del cliente sin disgusto. El local es una gozada: 400 m² divididos en tres salas, con una capacidad de 40 comensales, la misma que en el anterior. La inversión y el esfuerzo han tenido premio: en diciembre del 2020 ganaron a su segunda estrella Michelin, siendo un negocio familiar, sin inversores.

¿Qué pido? El chef Jordi Artal deja al cliente con la miel en los labios, con platos donde manda una tensión de contrastes que dispara el sabor, con mares y montañas delicados y atrevidos, como un calamar con garbanzos, picada, tinta y algas y un emplatado que es poesía. Cataluña 'gastro' vista desde la tradición familiar de un chef muy atípico, que fue ejecutivo en Silicon Valley hasta las crisis de las punto.com, cuando regresó aquí porque echaba de menos la cocina de la tierra y emprendió esta aventura con su hermana y su madre.

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  • A la brasa
  • Sants
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Y del creador de Tr@mendu Bar (Passatge d'Andalusia, 8) y Tr@mendu Encenem els Fogons (Passatge d'Andalusia, 10) llega... Tr@mendu El Caliu de la Brasa. Jordi Marzo (ex Roca Moo y Petit Comité) acaba de marcar un buen triple. En el primer local hace vermuteo; en el segundo, cocina tradicional catalana y de temporada puesta al día; y en este tercero la cosa va de leña. Paredes forradas de baldosas con cenefa cartabón, cocina abierta arqueada, mobiliario de madera, mantel de cuadros y una carta breve con los esenciales de la brasa tradicional catalana; escalivada, bacalao, butifarra, pies de cerdo, chuletas de cordero, muslos de pollo y entrecot. Tampoco faltan las clásicas judías de ganchillo con tocino.

  • Cocina creativa
  • Vila de Gràcia
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? La música de los restaurantes es uno de los elefantes en la habitación gastro. ¿Por qué demonios se oye tan mal la música? Entre atronadora o pinchada con mal gusto de radiofórmula carca. Casa Platos, el primer restaurante de alta fidelidad de Barcelona, que no bar de alta fidelidad, pretende solucionar este conflicto. Detrás de los platos de Casa ídem están los jóvenes Ot Salvans, chef, y Víctor Martínez, en la dirección, también artífices de Manda Huevos, un excelente bar de tapas y cocina catalana. Que Casa Platos sea un hi-fi restaurant significa que se han gastado un pastizal en el equipo de sonido: pueden subir la música y aun así os entenderéis hablando sin problemas.

A ver... ¿La pitanza es tan buena como el sonido? ¡La cocina también es en alta fidelidad! Y tiene mucho mérito que en su propuesta de inspiración japonesa y mediterránea no haya clichés ni platos reconocibles. Por ejemplo, nos resuena en la boca un platazo como la marbonara: unos fideos de calamar con pil-pil de jamón ibérico que lo tienen todo, un mar y montaña elegante y sedoso. Ojo a los cócteles, muchos concebidos como recetas de comida líquidas: por ejemplo, un cóctel de escalivada, con el pimiento rojo muy presente y un vodka con pimiento del Padrón.

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  • Cocina creativa
  • Gràcia

¿De qué va? El chef siciliano Nicola Drago y la sommelier montsianense Anna Pla dan el salto del Contracorrent Bar del Fort Pienc al Contracorrent Bistró en Gràcia. Su primer local, nacido en plena pandemia, ganó popularidad gracias a sus tapas de autor elaboradas desde cero y maridadas con una cuidada selección de vinos naturales. En este segundo proyecto, la pareja mantiene la misma filosofía, pero apuesta por una cocina con una mirada más europea y por el formato de degustación.

Dame motivos para ir. De martes a sábado al mediodía, ofrecen un menú a medio camino entre uno del día y uno de degustación por 32,50 euros. Incluye tres aperitivos, entrada, primer plato, segundo plato, postre y tres opciones con suplemento, todo en formatos reducidos. Platos como ostras gin fizz, mollete de fricandó de carrillera ibérica, fideos bigoli con rebozuelos o carpaccio de gamba roja son auténticas creaciones llenas de creatividad. Además, la selección de vinos naturales del bistró en Gràcia es extraordinaria. Aunque se define como un bistró, evita el esnobismo de la alta cocina y transmite una atmósfera cercana y familiar.

  • Marisco
  • La Barceloneta
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? El chef Paco Pérez logró dos Michelin por la Enoteca –un peso pesado en Barcelona por méritos propios– y también vio cómo su Miramar de Llançà recibía la segunda Michelin. 

¿Por qué debo ir? Poca gente transporta el sabor del mar a la alta cocina como él hace: este exquisito cocinero, lacónico en palabras, habla con la imaginación y el tiempo del mar. La elevación que ha hecho de las 'espardenyes' merecen un capítulo en la cocina de vanguardia catalana, y sus arroces hacen sentar juntos y contentos a la clientela bulliniana ya los fundamentalistas del corpus de la cocina catalana. 

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  • Catalana
  • El Gòtic
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Finorri está dentro de un precioso local art-déco en el hotel Condal, con una barra majestuosa y coctelería. Abierto el 1893, el Condal alojó a personalidades como Dalí o Lorca y la propiedad ha tenido el buen juicio de instalar allí un restaurante de cocina catalana de altos vuelos en vez de apartamentos turísticos. Ojo con el dream team culinari: Josep Nicolau es el director gastronómico (creador del Rosal 34, y mil aventuras más) y a los fogones están Marc Vitega (Enigma, Bar Cañete) y Albert Soteras, este último ex-7 Portes en la época del maestro Lladonosa y también en el Neichel en su época dorada. Puro ADN de cocina moderna barcelonesa.

¿Otro lugar de guisos buenos y caros? No exactamente. Van un paso más allá, y esto se traduce en platos como unos calamares rellenos de butifarra de perol con trompetas de la muerte, suntuosos, hidratados por un poco de berenjena en la farsa, sobre un fondo de carne anisado, o un lingote de oveja xisqueta al horno, de sabor tan suave y sutil como su costra de grasa crujiente. No inventan platos, pero hacen una traducción contemporánea exquisita.

  • Cocina creativa
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? La embajada de Martín Berasategui en el hotel Monument de Barcelona se ha convertido en uno de los restaurantes imprescindibles de Barcelona, Cataluña y España, donde el chef ofrece lo mejorcito de su creatividad.

¿Por qué hay que ir? Es el primer restaurante de Barcelona que ostenta las tres estrellas Michelin. Aparte de Berasategui, el responsable del día a día es el chef italiano Paolo Casagrande, capaz de añadir a la arrolladora personalidad de su jefe una marca personal de altísima elegancia y creatividad, presente en platos como el milhojas de manzana, foie gras y anguila, y donde la estética artística que te noquea jamás pasa por delante de una combinación de sabores genial.

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  • Marisco
  • El Poble-sec
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Tras la pandemia, Rías de Galicia reabrió como Rías/Kru. Antes subías las escaleras del Rías de Galicia –un restaurante abierto en 1986, marisquería familiar de referencia de Barcelona– y te encontrabas otro restaurante, el Espai Kru, donde el que dominaba en un 80% de la carta porciones excelsas de producto marino crudo y marinado con elaboraciones de alta cocina moderna. Los hermanos Iglesias han optado por unificar la carta en ambos espacios.

¿Y qué se come? En Rías/Kru puedes pedir unas cocochas al pil-pil impresionantes (sedosas, sutiles... ¿mejores que las vascas?) y también nuevas elaboraciones como un tartar de atún picante donde el juego del caviar de aceite de oliva y el aceite de guindilla picante propulsa un producto de por sí magnífico. Lleva la cocina el chef Robert Gelonch, veterano bulliniano que tuvo su restaurante homónimo, especialista en otorgar 'punch' creativo al producto desnudo. Kru: un restaurante personalísimo con poco fuego y mucha Asia, con maravillas como un ngiri de ternera wagyu con foie, o navajas con crema de parmesano y salsa Café de París.

  • Peruana
  • Barcelona
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? En el minuto cero del boom de la cocina peruana en Barcelona, hacia 2012, hubo dos grandes protagonistas: Tanta, de Gastón Acurio, por supuesto, y Cebiche 103, con Roberto Sihuay al frente de los fogones durante siete años. Después de pasar otros cuantos años por el mundo como encargado y asesor de grandes restaurantes peruanos, Sihuay abrió su primer restaurante propio en Barcelona: Macambo.

Hay muchos restaurantes peruanos en Barcelona, concreta el estilo. Sí, pero Macambo se desmarca. No está ligado a ningún género concreto: ni nikkei, ni chaufa, ni italo-peruano... Más bien es un resumen de las experiencias de Sihuay como cocinero, que da lugar a platos propios mezclando todas las cocinas del gigante gastronómico peruano y utilizando productos de la selva amazónica, algo poco vistos por aquí. Veamos el cebiche clásico de la casa: lleva ají charapita, un selecto pimiento amazónico. Si no eres muy de picante, lo exprimes para que suelte su aroma afrutado. Si te va el fuego, te lo comes. El resultado es preciso y potente, un plato donde no falta ni sobra nada. Y también reinterpreta platos populares. Como el pastel de choclo —maíz con carne—, que transforma en una inenarrable lasaña con base de pastel de maíz, ternera estofada y un punto de ají rocoto, de sabor intenso, picante y carnoso.

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  • Bares de vinos
  • Esquerra de l’Eixample

¿De qué va? La italiana Beatrice Casella (ex Hisop) y el catalán Iván García (ex Direkte Boqueria y Aürt) dirigen un bar de vinos que por la calidad de la comida que despachan ya se puede considerar todo un señor restaurante. Dejemos a un lado las 200 botellas de vino natural o de intervención mínima y media docena de grifos con blancos, brisados, rosados, tintos y espumosos que cambian casi semanalmente, y centrémonos en la comida.

¿Y entonces? ¿Qué acompaña al vino? Platillos con acento italiano y mediterráneo, cargados de creatividad y complejidad. Y que son tan buenos y arriesgados como prometen. En la parte más confortable, ¡unas croquetas de macarrones gratinados! O una sopa de cebolla con queso comté. Por la parte aventurera, un curri de acelgas donde los tallos de la verdura desempeñan la función de espaguetis. Es obvio decir que os aconsejarán bien con el maridaje.

Mireia Font
Mireia Font
Editora
  • Cocina creativa
  • Gràcia
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? "Lo llamo cocina de autor porque me invento platos, mezclo cosas y pongo de mi cosecha, no por pretensión", explica el palentino Jonatan Izquierdo, que con su socia y pareja, Laura Humanes, abrieron Oníric en enero del 2024, donde estuvo la primera Panxa del Bisbe: ese restaurante delicioso con ojos de buey y una barra de piedra maciza. Vienen de la alta cocina y su intención es retar al comensal con vanguardia y provocación. Pero que pueda permitírselas: el menú degustación y el menú de mediodía van a precios muy contenidos.

¿Ejemplos? Un intenso tartar de corazón de vaca con mayonesa de kimchi, con yema de huevo curado en soja que rayan al momento, que aporta sal y melosidad, o un calçot juguetón con ricota, entre el confit goloso y el sabor austero de un praliné de avena. Creatividad de la buena: con sustancia y los pies en la tierra, que encontraréis a raudales en el mencionado menú degustación, como por ejemplo en unos calamares con pepino, sobre brotes de soja, cacahuetes y salsa césar. Aquí hay mucho trabajo: menú de mediodía, degustación y carta no repiten platos.

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  • Mediterránea
  • Sarrià
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Entro en Jazminos y me sorprende el aspecto espartano de un restaurante que, en teoría, hace cocina del Próximo Oriente: es una estancia alargada con paredes de blanco desnudo, muebles sobrios y firmes de madera oscura y mucha luz sobre el blanco. La propietaria de Jazminos es Paula Sandoval, una cocinera joven de Barcelona con estudios de cocina en el País Vasco y desencantada del universo Michelin. Jazminos no reproduce recetas del mundo árabe de forma literal: es la interpretación de Sandoval de aquella cocina, con la brasa y el pan como nexo de unión. Aquí no hay fogones de gas, solo fuego de carbón en una cocina pequeña.

¿Y vale la pena? Devoro a placer un babaganuix de primero y, de segundo, un faláfel enorme de cordero ecológico marinado y cortado a cuchillo, con el aroma de la brasa presente en cada bocado, con pepino encurtido, salsa tzatziki y “tuneado” con un picado de perejil y piparra: una delicia gourmet, primitivismo de alta cocina y, sin duda, uno de los mejores kebabs que he comido en mi vida (aunque no se haya asado ni cortado en el trompo). Precios muy ajustados: “tenemos que posibilitar que la gente tenga experiencias increíbles alrededor de una mesa, y sobre todo que puedan permitírselas”, dice convencida.

  • El Poblenou
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Esta gastrotaberna de Poblenou que apuesta por el buen producto y lo transforma en tapas sencillas, pero bien resueltas, ya es todo un clásico. Olvidaos de turistas y de la palabreja 'foodies' (¡ecs!) que instagramean quién sabe qué. Aquí hay una clientela de proximidad que reserva cuando quiere hacer fiesta mayor –a precios razonables– con una cocina catalana sólida, personal y para chuparse los dedos, en formato informal: una pizarra, barra y mesas altas. Imagen informal, pero cocina muy seria.

¿Cómo por ejemplo? Una cocina catalana sólida, personal y para chuparse los dedos, que se manifiesta en platos como una flor de calabacín rellena de ricotta o unos buñuelos de anguila y tupinambo celestiales y mullidos. Maestros de la fritura, el guiso y de la alegría porcina. Y algún mar y montaña que hace la boca agua, como el de vieiras con crema de tupinambo y panceta curada.

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  • Barcelona
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? En 2011 el restaurante de Jo Mestres y Pere Carrió se adscribió a la filosofía slow food, y después de años ofreciendo un menú de mediodía excelente, ahora solo funcionan con carta por la noche, y con un menú de mediodía gastronómico. Y han profundizado en una sostenibilidad real, que pasa por trabajar con ganaderos que siguen prácticas ejemplares para la conservación del medio rural y con campesinos ecológicos locales.

¿Para pedir? Cualquier plato, bien sea de menú o a la carta. Pere Carrió trata toda la materia prima con exquisitez, pero por encima reivindica el valor gastronómico de cada hortaliza, su singularidad y potencial (tiene reputación mundial como restaurante que pone el verde en el centro de la oferta). La gamba de Palamós no se echa de menos ante filigranas vegetales como los hatillos de zanahoria con setas, garbanzos, encurtidos y romesco picante, y los carnívoros estarán satisfechos con una oferta no muy extensa, pero selecta y con mano de gran cocinero. La proteína animal está mucho más presente en la oferta de mediodía que en la de noche, por cierto.

  • Barcelona
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Escondido en la parte más recóndita de Nou Barris hay un negocio familiar con más de medio siglo de existencia —¡abrieron a finales de los setenta!— que ha ido mutando y evolucionando: tras funcionar durante décadas como casa de comidas, con el paso de los años se ha convertido en un restaurante gastronómico clásico y de proximidad. No se llama 5 Hermanos por casualidad: los hermanos Manel, Javi, Julio y Jordi Gerpe, junto con su sobrino Aitor, tomaron el relevo en la dirección de su madre, Teresa Feliu, fundadora del negocio. En la primavera de 2025 llevaron a cabo una reforma integral del local a cargo del arquitecto y sumiller Pere Cortacans.

¿Y cómo se come? Pues de manera excelente. Aquí encontraréis un repertorio de clásicos de la cocina catalana y española, en raciones generosas, producto de alta calidad y cocciones de alta cocina sin perder de vista el toque casero. Tienen una mano excepcional para los arroces; y aunque este es un restaurante de producto y de celebración, en la carta también hay opciones populares más asequibles, como un bacalao con chamfaina o callos con capipota. Zona libre de esnobismos. El público y el servicio son como la mayoría de la gente, es decir, como vosotros: buena gente que sabe que el dinero cuesta mucho de ganar, y que hay que gastarlo en lugares y momentos como estos.

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  • A la brasa
  • Esquerra de l’Eixample
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Este restaurante especializado en brasas es toda una experiencia sensorial y gastronómica. Dan prioridad al producto de alta calidad, pero siempre con la brasa como común denominador: ahumados, soasados, braseados, flameados... Aquí encontrarás gastronomías de muchos rincones del mundo, todas besadas y enriquecidas por el fuego y el humo. Darvaza es un volcán del Turkmenistán.

¿Y qué pido? Delicias para todos los paladares, con éxitos como el tataki de magret de pato ahumado sobre madera de encina y salsa 'hoisin', o alcachofa de El Prat confitada a la brasa con consomé de ibérico de bellota, que aúnan sutilidad y sabores rotundos. Tienen un par de lujos lujuriosos comestibles que no olvidas: una croqueta de chuletón madurada de buey y un arroz seco de costilla de Black Angus, fiesta de la grasa con un punto de cocción del arroz milimétrico.

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  • Cocina creativa
  • Esquerra de l’Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Sin efectismos superfluos y toneladas de trabajo, el Gresca de Rafa Peña se ha convertido en uno de los restaurantes imprescindibles para entender la evolución de la cocina en Barcelona en los últimos años: aquella que junta el plato suculento y reconocible con la máxima creatividad y se desentiende de modas. El Gresca ya no es un pequeño bar con equipo mínimo: Peña se ha multiplicado en asesorías y proyectos, pero siempre desde una visión personal desatada de los grandes grupos hoteleros.

¿Y qué se come? Platos de sabor directo extraordinarios, y de combinaciones que te hacen aliñar el paladar nada más oírlas, siempre con un pie en la tradición catalana más visceral pero también afrancesada. Como el bacalao con tripa y setas. O los 'nems' de lengua y oreja. ¡O unos lechones de ternera con níscalos que nos hacen la boca agua!

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  • Catalana
  • El Putget i Farró
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Entre tanto grupo de restauración masivo, todavía emociona encontrar un buen restaurante familiar que solo busca dar de comer bien. Este es el caso de Emocionar, el local de los hermanos Àlex (en sala) y Sergi Munné (en la cocina) en una esquina de la discreta calle Saragossa. Los dos aprendieron el amor por el oficio en el 18 d'octubre, el mítico restaurante de finales de los setenta que regentaba su tío Enric Munné, casa de los modernos amantes de la Nouvelle Cuisine. Después de intentar quedarse con el traspaso sin éxito, decidieron abrir su propio restaurante.

¿Y qué se come aquí? Mantienen vivo el espíritu familiar con una cocina catalana creativa, juguetona y hecha desde cero, llena de guiños a los años ochenta. Destacan platos como el pastel de berenjena en diferentes texturas con paté ahumado y cebolla confitada, o unas sublimes albóndigas con sepia elaboradas con manitas de cerdo y butifarra. A la hora de los postres, la nostalgia se redondea con un irresistible flan de trifásico de Baileys, con textura de pudding, que nos remite directamente a los primeros mareos alcohólicos de nuestra vida, a la hora de los dibujos del sábado. 

  • Cocina creativa
  • Sarrià - Sant Gervasi
  • precio 3 de 4
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

La Venta se ha ganado el mérito de ser un lugar emblemático de la Barcelona de siempre, que podría ser la envidia de otras ciudades donde faltan espacios como este, al estilo de la Casina Valadier de la Villa Borghese de Roma, por poner algunos ejemplos. Su presencia se ha vuelto icónica e imponente: en lo alto de la Avenida Tibidabo, entre torres burguesas, en 1903 abrió un restaurante llamado Viñas que servía de parada y fonda para los carruajes que subían hasta la cima de la ciudad y que, con el tiempo, se consolidó como emplazamiento para banquetes de bodas y comuniones. A mediados de los años setenta reabrió con el nombre de La Venta, y bajo la propiedad del empresario Paco Bosch y el diseñador Fernando Amat, de Vinçon, La Venta se convirtió en refugio y punto de encuentro de la ‘gauche divine’. Una nueva etapa comenzó en 2012, cuando Lluís Vinyes padre y el historiador especializado en gastronomía, Josep Viella, se hicieron cargo del local. Su carisma es el resultado de la mezcla de historia, buena cocina y ubicación: disponen de una terraza exterior abierta todo el año, climatizada en invierno, y de un mirador en la planta superior que se puede reservar y que, sin duda, merece estar entre las mejores vistas de Barcelona.

¿Por qué tanto resumen? Porque este lugar es más que un restaurante: es un espacio histórico que, con el paso de los años, ha mantenido su relevancia sin venderse a nuevas tendencias. En 2020, Lluís Vinyes hijo, un cocinero joven con estudios y viajes por Italia y el sudeste asiático, asumió la dirección. Desde sus inicios, La Venta es un restaurante de referencia en Barcelona cuando hablamos de cocina catalana. Vinyes hijo, que trabaja en La Venta desde los 19 años, ha afinado y rejuvenecido la carta, clavando platos de raíz popular pero ejecutados con espíritu de alta cocina; por ejemplo: unas deliciosas erizos gratinados —todo un clásico de la casa en temporada—, una esqueixada de bacalao que es un paradigma del plato, o una coca de hojaldre con escalivada y anchoas del Cantábrico que es un beso de sal, mantequilla y grasa marina de la buena. Eso en cuanto a los entrantes.

En el apartado de principales, podéis redescubrir con un paladar nuevo un plato tan maltratado como la butifarra con judías —aquí, una rotunda y sabrosa longaniza de Lleida con mongetes del ganxet— y disfrutar de un producto superlativo. Su arroz con gambas de Arenys también es de los que se recuerdan, por su melosidad y el punto exacto del grano.

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  • Vegetariana
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Xavier Pellicer cerró el restaurante Celerí, dedicado a la verdura –con opción a complementar los platos con proteína animal– justo después de ganar la Michelin. Lo reabrió una breve temporada después en Provença, 310. Cambió para seguir igual, más y mejor: más espacio, y una brasa de encina y fuego de wok.

¿Y qué se come? Pues redefiniciones y cruces de clásicos de cocina catalana aligerada y con un toque de genio que te transporta a la infancia. Un plato como sus judías verdes con patatas, que ya ha tenido varias encarnaciones, pero siempre maravilla, es un 'must' de la creatividad vegetal en la cocina moderna. 

  • Cocina creativa
  • Sant Gervasi - Galvany
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out
Hisop
Hisop

¿De qué va? El chef Oriol Ivern presenta en Hisop una cocina que os será familiar en cuanto a la raíz, pero muy creativa por la puesta en escena y la combinación de sabores. En definitiva, natural como lo es el chef y su equipo, sin querer decir más que lo que te encontrarás en el plato. Y la verdad es que lo hacen de maravilla tanto en la sala como en los fogones. Tienen una estrella Michelin, quizás la más discreta de la ciudad y dicen que la más económica (el menú degustación vale 85€, 110€ con maridaje). Pero no menos merecida que el resto, todo lo contrario. 

¿Y qué se come? Cocina catalana contemporánea, como la definen ellos, basada en el producto bien tratado y su estacionalidad. La suya es la constatación de que se puede hacer alta cocina creativa sin poner a la mesa el producto más caro imaginable. Y esto queda claro en creaciones como la caballa con tupinambos (aquí sí, con un poco de caviar). ¡Éxtasis! Conviértete en hisopista.

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  • Cocina creativa
  • El Raval
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? Bajo la óptica de la alta cocina, interpretan recetas antiguas (¡pero muy antiguas! De Egipto o el Imperio Romano, por ejemplo) y captan la técnica y la mezcla de los productos originales para después presentarlos en forma de tapa. Albert Raurich, propietario, lideró este espacio, pero ahora ha cedido protagonismo a Takeshi Somekawa y Adri de Pablo, jefe de cocina y sala de Dos Palillos, del también exBulli.

¿Y qué se come? Mantienen la idea original del Dos Pebrots. Transportan técnicas e ingredientes pasados en la actualidad y nos hacen descubrir todo un mundo que, de hecho, forma parte de nuestro legado culinario. Una reivindicación de la historia de la gastronomía, de nuestro recetario, con platos como un pichón con garum y miel (uno de los sabores que definían la comida en la antigua Roma), o una careta de cochinillo en homenaje a Apicius, autor de 'Recoquinaria', el primer recetario del Mediterráneo.

  • Mexicana
  • Vila de Gràcia
  • precio 2 de 4
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Paloma Fondita Mexicana es la nueva aventura de Kim Díaz (Bar Mut, Bodega Solera...), que ha reconvertido su antiguo Burger Kim en un homenaje exuberante a México junto a Paloma Ortiz, ex jefa de cocina del restaurante Oaxaca. La chef comanda sin duda uno de los mejores restaurantes mexicanos de Barcelona. El local, en la calle Bonavista, Gràcia divina, lleva el sello inconfundible de Díaz, con detalles tan singulares como dos capillas incrustadas bajo el suelo –una dedicada al Día de los Muertos con Playmobils y otra al santo Jesús Malverde–. En sala manda Ricardo Aguilar, alias Ricardón, carismático políglota que domina siete idiomas (incluido un catalán perfecto) y que define el estilo de Ortiz como “de manos de fuego”. La carta, breve, pero intensa, abarca sabores de todo México –del centro a Sinaloa y Oaxaca– y parte de una idea sencilla: no hay purismo, sino maíz, técnica y corazón.

Aquí todo invita a compartir, a mojar y a disfrutar. El pollo picantón con mole negro oaxaqueño –una receta heredada de la abuela de Ortiz con treinta ingredientes y dos días de cocción– es un viaje profundo entre lo dulce, lo ahumado y lo picante. También brillan la lubina zarandeada con pasta de chiles secos y el codillo a la pibil, braseado en hojas de plátano con adobo de achiote y cebolla xnipec. Y memorables son también los “antojitos”, como la gordita de suadero con queso de Oaxaca elaborado en el Bages, un puente delicioso entre Cataluña y México. Solo hay dos tacos en carta, pero son auténticos “tacones”: el de pescado Ensenada, con 800 gramos de bacalao rebozado, y el de carne, pensados para compartir. Paloma Fondita no pretende ser un restaurante gastronómico, pero lo es sin querer: un lugar donde la técnica, el sabor y el desparpajo se sirven en la misma tortilla.

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  • Cocina creativa
  • Les Corts

¿De qué va? Que los hermanos Torres se hayan convertido en ultramediáticos no quiere decir que hayan abandonado ni por un segundo la filosofía que enamoró mucha gente –incluyendo a los inspectores de la Guía Michelin– con aquel primer Dos Cielos.

¿Y qué comeré? Cocina 'de recuerdos', que dicen los gemelos, que parte de las recetas familiares y se elabora con productos de temporada, del huerto, y técnicas contemporáneas. Su criatura en Barcelona es un local imponente donde manda la alta cocina, y que demuestra esta pasión de los chefs con el huerto y el jardín. ¿Un ejemplo? La ensalada de 60 verduras de cultivo natural sobre gelatina de albahaca.

  • Catalana
  • Dreta de l'Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? El suntuoso palacete del Eixample que alojó a Rilke ahora es JOK. El acrónimo del periodista Joan Maria Pou, el empresario Oriol Badia y Kim Díaz como asesor (Bar Mut) es “un proyecto de factoría cultural con conciertos, presentaciones de libros, charlas, monólogos... que queremos financiar con un buen restaurante y una buena coctelería”, explica Pou. Elegancia burguesa, cero bling-bling.

¿Y qué se come? Cocina catalana afinada y moderna con la chef Olga Sternari a la cabeza y donde se nota la mano de Díaz. Éxitos catalanes con algún acento afrancesado (Sternari viene de Joël Robuchon!) producto top y mucha temporada. La fideuá es sustanciosa, con la potencia de un buen fumet, aligerada con dados de merluza fresca, y los canelones son todo lo que puedes pedir a un canelón (trufado). También encontrará platos de autor derivados del corpus culinario catalán, como unas gambas con chocolate. La coctelería funciona del mediodía a las tres y media de la madrugada.

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  • Cocina creativa
  • El Raval
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out
Dos Palillos
Dos Palillos

¿De qué va? Albert Raurich –bulliniano de pro– demuestra que existe hermandad entre las tapas asiáticas y españolas, y un nivel de excelencia de producto y creatividad que le ha valido su primera estrella Michelin.

¿Por qué tengo que ir? Dos Palillos es una perfecta fusión entre bar Manolo y barra asiática de alta cocina, un lugar que no tiene mesas y donde, si no tienen tiempo, no te van sirviendo el vino. Reflexión: parte de la estrella Michelin siempre premia el servicio, y que ellos la tengan todavía pone en más valor sus fenomenales tapas asiáticas. Son platos que se han convertido en una plaza para comer icónica, como las cocochas al pil-pil japonés, la costilla de cerdo de cal Rovira al estilo cantonés. Y no olvidéis que aquí dentro está el mejor bar de sake de España

  • Esquerra de l’Eixample
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

¿De qué va? El estilo propio del chef Jordi Esteve se fundamenta en la calidad y creatividad con la tradición de fondo, con un estilo hedonista y disfrutón, que se centra en el producto de temporada y rehúye las fusiones. Cocina catalana con imaginación y poder.

¿Por qué debes ir? Por una excelente carta y un menú degustación en el que Esteve demuestra una sensibilidad para la interpretación del paisaje en forma de platos sorprendentes, llenos de finura y de lo más suculentos. Ejemplos hay montones, pero no puedo olvidar el buey madurado, con verduritas y remolacha. ¡Y hacen menú de mediodía! A un precio asequible para comer en un restaurante recomendado por la guía Michelin, incluye dos tapitas, primero y segundo y postres.

Time Out Market Barcelona
  • Qué hacer
  • El Gòtic

Time Out Market tiene como objetivo celebrar los sabores más auténticos y reunir la mejor comida y cocineros de una ciudad bajo un mismo techo. En Barcelona se encuentra en la terraza-mirador del Maremagnum, en un espacio de 5.250 metros cuadrados que acoge una cuidada selección de ocho cocina de primera línea, un restaurante de servicio completo y tres bares. Entre las cocinas escogidas hay chefs tan celebrados de nuestra gastronomía como Fran López, con una estrella Michelin, o Jordi Ballester, el mago del arroz de Can Ros, por ejemplo. 

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