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Antonio Luna –mexicano del DF– es uno de los socios de Taco Alto y dueño de Chula Vista y explica que el gran reto «es mantener la regularidad y el ritmo lento de cocción». Quizá te lo comas en quince minutos, pero algunos guisos requieren cuatro horas, y haciendo cola en caja oirás crepitar la carne a la parrilla (nada de bote, el relleno es abundante). Por pocos euros, te zampas cuatro tacos de 'cochinita pibil' y una bebida. O el Pirata: ternera a la brasa con queso fundido y una loncha de aguacate: sabor primitivo y efectivo que se te clava en el cerebro. Lo hacen todo desde cero, también las salsas taqueras, que van numeradas de más a menos picante.
Aquí la gracia es que puedes pedir los tacos por unidades, y cada pieza es buena y abundante (aparte del relleno impecable, la masa de trigo nixtamalizado de primera es toda una garantía). Además, también podrás saborear, entre otras, bebidas, la michelada y hasta cinco margaritas, cada una de un sabor diferente.
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