Hubo un tiempo en que un espectador podía cruzar todo el Paral·lel saltando de cómico en cómico y no hacía falta pisar suelo. En la rica tradición que va de los Santpere a Capri, nos queda activo el último rey de la comedia –y por muchos años– el gran Joan Pera. Aspirante polémico incluso con sus éxitos (un Escape room ambientado en un campo de exterminio), Joel Joan vuelve para reclamar la corona con la nueva Bons i dolents, una comedia efectista cosida con testosterona y un punto de gamberrismo.
Esta vez lo hace solo, sin Hèctor Claramunt. Solo en la autoría del texto, quiero decir, porque en escena lo acompañan la socarronería etílica de Agnès Busquets, el reloj cómico acelerado de Oriol Casals –siempre puntual en el gag–, además de Nesa Vidaurrázaga y de Ana Gago, que arrastra la sexualización de su personaje. En la dirección, el fértil Nelson Valente (Primera llei de Newton), hábil para controlar el ritmo de una obra en un único espacio, en tiempo real sin frenos.
Con un papel hecho a medida de sus recursos histriónicos, Joan interpreta a un sinvergüenza mujeriego
El punto de partida es una cena entre dos parejas de amigos –primer tópico– que tienen más cosas que ocultar que contar. Con un papel hecho a medida de sus recursos histriónicos, Joan interpreta a Ricard, un sinvergüenza mujeriego que debe dinero a su mejor amigo, Jesús, contrapunto pusilánime que evita el conflicto. A partir de esta tensión, el trío de personajes femeninos gira alrededor de los hombres en la cincuentena, definidos al por mayor por su falta de responsabilidad, con tramas estiradas a base de giros de vodevil de otros tiempos.
La obra se salva porque, en un panorama de humor blanco sobre la clase barcelonesa acomodada, explota un punto irreverente en el uso y abuso de las drogas, una fórmula fácil pero efectiva para desencadenar el despropósito. Menos suerte corren las bromas recurrentes sobre la hipercorrección del catalán, un hilo del que ya se ha tirado demasiadas veces. Una comedia, en definitiva, para pasar el rato sin calentarse la cabeza, una fórmula que Joel Joan ha convertido, para disfrute de sus seguidores, en su reino propio.

