Convertir las tragedias tebanas de Sófocles (Edipo rey, Edipo en Colono y Antígona) en un montaje de dos horas y pico con personalidad, sin sobreentendidos, con dinamismo, sin que todo parezca demasiado rápido, como ha hecho Ferran Dordal es una proeza. El público no tiene la sensación de ver tres obras, sino una sola. El clásico ateniense ya las escribió siguiendo un hilo temporal, que comienza con el pueblo rogando para que Edipo libre a Tebas de la peste y termina con Creonte descubriendo los cuerpos muertos de Antígona y de su hijo Hemón. En medio, una gran historia.
Carlota Subirós se ha apropiado de el paisaje desértico de las afueras de Atenas (Colono) para centrar su pieza. Un espacio inmenso, salpicado con cuatro matorrales, por donde hace circular a sus personajes durante la función. Solo en lo que podríamos considerar el primer acto, el que corresponde a Edipo rey, sucede ante el desierto, en lo que representa el palacio del soberano de Tebes, aunque ya nos lo deja ver a través de un gran ventanal. Subirós dirige a la decena larga de actores y actrices de manera convincente, con un corte clasicista que hacía tiempo que no le veíamos. Pero tiene un problema.
Su presencia física en medio de un espacio grandilocuente es demoledora, pero le falta aquel punto de humanidad
Con las tragedias, como ocurre con Shakespeare, es necesario disponer de los intérpretes adecuados. Puedes ser un grandísimo actor, pero no encajar con Edipo o Creonte, no saber quiénes son Antígona e Ismene. Y si bien Subirós tiene a su servicio a dos hermanas extraordinarias (Yolanda y Kathy Sey, respectivamente), su Edipo (Babou Cham) no acaba de hacerse suyo el papel de rey de Tebas. Su presencia física en medio de un espacio grandilocuente es demoledora, pero le falta aquel punto de humanidad, de debilidad, que debe mostrar Edipo. Y eso se ve perfectamente cuando tiene a su lado a sus hijas, de mirada profunda, duras cuando es necesario, sinceras siempre.
No son obras corales, las tragedias tebanas. Hay muchos personajes, sí, y Tiresias (Oriol Genís), Creonte (Jordi Martínez) y Teseo (Moha Amazian) tienen algo que decir en muchos momentos. Pero Edipo es el centro del universo. Y, a su lado, Antígona.
Amazian y las Sey, con un gran Martínez en la tercera parte, aprueban con nota el desafío. Yolanda Sey defiende al padre y se enfrenta a Creonte cuando no le deja enterrar a su hermano Polinices (Moïse Taxé). Es una Antígona que recordaremos siempre. Pero al montaje de Subirós, adecuadamente atrevido en muchos aspectos, le falta Edipo.

