No hay duda de que Patrícia Bargalló se encuentra en un momento profesional espléndido. En Anatomia d'un suïcidi (TNC) hacía un papel muy complicado en una obra de un dramatismo excelso y salió con nota. En Dirty Crusty (Atrium) volvía defendiendo a una mujer compleja, con un trabajo físico importante. Y ahora, en Escenes d'una separació, se mete en la piel de una mujer bergmaniana con todo lo que eso significa, sobre todo a nivel psicológico. A su lado tiene a una Mar Pawlowsky que también juega en la misma liga.
Escenes d'una separació es una versión contemporánea del clásico de Ingmar Bergman, condensada, con una relación lésbica en lugar de una pareja heterosexual, sin hijos de por medio. La película es un espejo. Y Joana (Bargalló) y Alba (Pawlowsky) vienen a ser la transposición de Johan y Marianne del film, él un psicoanalista de prestigio y ella una abogada. En El Maldà, una es cineasta y la otra es profesora. Una es expansiva, viaja; la otra es tímida, es más bien casera. Entre las dos, un tercer intérprete, Eric Balbàs, sirve de apoyo a las dos actrices, bien como psicólogo, bien como amigo.
Este tránsito psicológico que atraviesan las dos amantes es lo más difícil y Bargalló y Pawloswky clavan a sus personajes
Eva Pauné Martínez ha hecho una dramaturgia muy fina y ha logrado convertir el guión de la película en una obra de teatro que solo mira de reojo el guión de Bergman. Reduce de seis a cinco los episodios, elimina elementos muy de los 70 (amantes, etc.) e introduce el componente lésbico y barcelonés: la pareja vive en el piso de la abuela de Joana. Mercè Vila Godoy firma una dirección donde todo el peso del montaje recae sobre la interpretación de las actrices. Hay ideas muy buenas. Con muy poco, hace mucho. Y no necesita hacer que las actrices bailen para dotar de ritmo a la función, ya que todo pasa por la intensidad de los gestos y el significado de las palabras. El homenaje a Bergman queda patente con fragmentos de la cinta en las transiciones.
Esta obra es mucho más sencilla que Tres porques, la anterior de El Eje, la compañía de Pawloswky, Balbàs y Maria Hernández. Porque, a veces, solo hace falta una buena historia y unos buenos intérpretes para conseguir que el teatro se instale en la platea. En una sala de proximidad, con una pieza tan dialéctica, nada puede ser mentira. Y si en la primera escena ya vemos qué rol ocupan Joana y Alba, ya podemos imaginar cómo acabarán. Pero hay que superar etapas antes de llegar al final, hace falta que las actrices pasen por ellas y nos lo muestren. Este tránsito psicológico que atraviesan las dos amantes es lo más difícil y es por eso que podemos decir que Bargalló y Pawloswky clavan a sus personajes.

