Hay una ciencia que no puede huir de las huidas que realizan los humanos a lo largo y ancho del mundo: la geografía humana. Y es que, tal como describe la directora Judith Pujol en la sinopsis de la obra, la huida deja tras de sí un mapa: “Quien huye lo hace de algún lugar, de algo o de alguien, y elabora a menudo, por ensayo y error, un mapa personal [...] Nuestros movimientos marcan estrías en el mapamundi del futuro y dejan huellas equiparables a las pinturas rupestres.” Y estas estrías son personales, pero también globales, y van dejando su grano de arena en la estructura geográfica del mundo.
Con esta exploración como punto de partida, la obra traza un itinerario a través de diferentes formas de huir. El hilo conductor es una conductora obsesionada por marcharse y su pareja, aferrada a quedarse, que nos hacen cuestionar qué significa esto del flight response. Pero el mosaico es mucho más amplio: también se ponen sobre el escenario otras perspectivas y maneras de escaparse, como la del esclavo Henry Box Brown, que se escondió dentro de una caja, o la de la poeta Elise Cowen, que se lanzó desde un séptimo piso.
En escena, cuatro intérpretes —Xavi Álvarez, Ricard Boyle, Laia Marull y Lara Salvador Peydró—, la bailarina Dasha Lavrennikov y la participación de la Coral Sant Jordi. Sería deseable poder decir que "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia". Pero más del 90% de las fugas de este inventario responden a casos reales, documentos o memorias de fugitivos.
Inventari de fugues se puede ver en el Teatre Nacional de Catalunya del 28 de mayo al 21 de junio.
