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Reseña
Hace apenas un año que Luigi Mangione mató a tiros, en el centro de Nueva York, al empresario Brian Thompson, consejero delegado de United Healthcare, la principal aseguradora médica de los EE. UU. O al menos es lo que las pruebas dicen, incluido un manifiesto en el cual el hombre acusaba a las empresas del ramo de "parásitos" y criticaba duramente el sistema sanitario norteamericano, casi del todo en manos privadas. Todavía no ha sido juzgado y Carol López ha decidido montar una obra con estudiantes recién licenciados del Institut del Teatre sobre el caso. La apuesta era, de entrada, arriesgada.
La puesta en escena de López es lo mejor del espectáculo. La directora sitúa la acción en diferentes planos para ofrecer una visión poliédrica del caso: un equipo de periodistas serios, otro de sensacionalistas, la policía de Manhattan, el consejo de administración de United Healthcare, la mujer del asesinado y, silentes, los activistas que reivindican el crimen y a su "héroe". El objetivo es que el espectador saque conclusiones. Hay, claro, un sesgo, y aquí toca remar a favor de las tesis de Mangione. Una nueva bofetada al American way of life.
La coreografía funciona y es efectiva, con minutos musicales bien encontrados
La función es trepidante, con los ocho actores y actrices (Judith Forner Gallardo, Asier Gilabert i Ibáñez, Arnau Guillén i Carulla, Fidel Pallerols Rossell, Élida Pérez Lucena, Alba Roldán Gil, Andrea Sánchez i Sos y Carlos Ulloa Marín) que cambian de papel sin parar para dar vida a la docena larga de personajes que salen en la obra. La coreografía funciona y es efectiva, con minutos musicales bien encontrados, incluso con un final que deja el montaje bien arriba y acaba subrayando el mensaje que pretende trasladar la obra.
Otro tema es valorar la dirección de actores. Los intérpretes son muy jóvenes, principiantes, y no se pueden quitar de encima en ningún momento los clichés que arrastran los estereotipos, tales como el agente de policía de Nueva York que lucha por una oportunidad o la presentadora de un canal local que está dispuesta a todo por la audiencia (¿cuántas veces lo hemos visto, en la tele, en el cine?). Y, entre cambio y cambio de rol constante, tampoco tienen tiempo de meterse dentro de ningún personaje. Es decir, dejar de lado gestos, poses, dicciones.
Además, no debemos olvidar que el asesinato se encuentra todavía en las audiencias previas y que Mangione se ha declarado no culpable. Llegar a conclusiones es un poco peligroso porque nos faltan muchas cosas por saber. Pero el teatro urgente ya tiene eso, que siempre juega en el terreno de la duda.
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