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Reseña
Con Qui va matar el meu pare, Édouard Louis quiso ajustar cuentas con su progenitor, uno de tantos hombres que no supo entender a su hijo, y con los políticos que lo abandonaron al margen de la vida. Es un libro breve, conmovedor, punzante, pero al mismo tiempo algo deslavazado, que pone nombres y apellidos a ministros, jefes de gobierno y presidentes que hicieron la vida más difícil a su padre, mientras el autor repasa su infancia. Su virtud es la audacia.
Como narración en primera persona, tiene todo para convertirse en monólogo teatral. No en vano, el propio Louis lo protagonizó en 2023 en Temporada Alta, bajo la dirección de Thomas Ostermeier. Ivo van Hove también lo ha dirigido, con el gran Hans Kesting, que parecía más padre que hijo, pero que también lo clavaba. Pau Roca se ha atrevido ahora aquí (hay más de una docena de montajes del texto en Europa) y, estéticamente, se acerca más a Van Hove que a Ostermeier: tiene un punto onírico, de pesadilla en flashback, dentro de un espacio nada naturalista, con unas paredes y un suelo apetece tocar. Louis, en el fondo, habla del cuerpo, del cuerpo maltratado, del cuerpo abusado, y Roca convierte la sala en un cuerpo de terciopelo que pide cuidado y que atrae manos y miradas.
Un homenaje a alguien que le hizo pasar una infancia horrible
Roca tiene la suerte de contar con un actor mayúsculo, Dafnis Balduz, que en escena sabe muy bien lo que tiene entre manos. Toda la función es, de hecho, una carta al padre clásica, con un intérprete a quien tenemos en presente y que tendrá que remontarse a su infancia para contarnos la historia. Balduz nunca será el padre, pero sí la madre; nunca será el cuerpo vilipendiado, antes temido, pero que antes de morir cambió. Quizá Qui va matar el meu pare es un homenaje a alguien que le hizo pasar una infancia horrible, a quien le reclamaba la mirada, pero que fue capaz de levantar la cabeza y transformarse.
Es imposible ver a Balduz haciendo este papel y no recordar el personaje que interpretaba en L'oreneta de Guillem Clua, aquel hombre joven que era recibido por la señora Amèlia (Emma Vilarasau), la profesora de canto que acababa de perder a su hijo en un atentado y que seguramente tenía muchas cosas en común con el padre de Louis. Allí, Balduz también estaba espléndido.
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