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Reseña
No hay duda de que Joel Joan es un actor súper dotado, seguramente uno de los mejores de su generación. Y esto se puede ver perfectamente en esta versión de L'oncle Vània que representa en el Romea, él solito, sin necesidad de nadie más, en un one-man-show memorable. Llena el espacio de una manera de la que pocos actores pueden presumir de poder hacer. Pero el reto que tenía por delante era algo grande, sobre todo porque tiene ante sí diversos elementos que juegan en su contra.
De entrada, tiene entre manos una obra de Txékhov que debe de ser el texto teatral más representado en Barcelona durante lo que llevamos de siglo XXI. Lo hemos visto de muchas y variadas maneras. Y algo que podría ir a su favor, que el público potencial conozca de memoria la historia, torpedea momentos que se suponen de gran intensidad, que él solo únicamente iguala durante la discusión central, cuando el profesor Serebriàkov anuncia que ha decidido vender la casa, cosa que provoca la revuelta de Vània. Interpreta ocho personajes pero no consigue que nos aferremos a ninguno.
¿Se puede hacer reír con la obra de Txékhov? Se puede hacer lo que se quiera
Que durante toda la función Joan lleve a los personajes hacia el estereotipo, con gestos, vocecillas, etc., tampoco ayuda demasiado, sobre todo porque, cuando la intensidad dramática sube, no nos lo creemos. Ni Lluís Homar haciendo Terra baixa, con la cual hace unos años llevó a cabo un experimento parecido, interpretando todos los papeles de la obra de Guimerà, ni Pere Arquillué en El cos més bonic que s'haurà trobat mai en aquest lloc, de Josep Maria Miró, necesitaron del guiñol. De hecho, ni el uno ni el otro se movían demasiado. No les hacía falta.
El montaje que ha ejecutado Nelson Valente de este Vània es otro de los obstáculos que debe enfrentar Joan. ¿Se puede hacer reír con la obra de Txékhov? Se puede hacer lo que se quiera. Pero un actor solo en un escenario necesita algo más que sillas y una escenografía demasiado naturalista. Le falta una cierta poética al espectáculo, una mirada, algo que lo eleve. ¿Sònia (la hija del profesor) es un personaje cómico, una boba de manual? ¿El doctor Àstrov es un perdonavidas? ¿La mujer del profesor, Elena, es otra pánfila?
Por último, no sé si Simon Stephens ha dado lo máximo de sí mismo con esta versión de L'oncle Vània. La moderniza, dicen, pero lo que hace es transformar al profesor filósofo de cuarta en un director de cine de tercera, además de plantear el tiroteo final en escena en lugar de colocarlo fuera, cosa habitual en Txékhov cuando hay disparos. Que Àstrov se llame Miquel o el profesor Alexandre no sé si despista más.
Con todo, Joan consigue aderezar todos estos elementos para reivindicarse como actor todoterreno, no únicamente cómico, paródico, algo a lo que nos estaba acostumbrando demasiado en los últimos años. Sí, es aquel actor descomunal que se puso en la piel de Peer Gynt o hizo de Charlotte von Mahlsdorf, incluso aquel Frankenstein del TNC. Tiene talento suficiente para asumir cualquier desafío.
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