1. Bosque de Requesens, a los pies del castillo


En otoño, el bosque de Requesens es una explosión de colores y silencio. A los pies del majestuoso Castillo de Requesens, en la Serra de l’Albera, este paraje combina naturaleza e historia. El camino atraviesa encinares, robledales y castaños centenarios que tiñen el paisaje de tonos dorados y rojizos. En las zonas más húmedas, el acebo y los árboles caducifolios crean un mosaico vivo. Ideal para una excursión tranquila de varias horas, respirar aire puro y descubrir el Pirineo más oriental.
















