Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán
©Hodei Torres | Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán
©Hodei Torres

Nuestras recomendaciones culturales

No te pierdas ninguna reseña sobre las nuevas exposiciones y obras de teatro de Madrid que hemos ido a ver recientemente en Madrid

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Sabemos que el ritmo de inauguración de exposiciones y estrenos de obras de teatro en Madrid puede resultar apabullante. Por eso, para facilitaros el trabajo a la hora de elegir qué entradas sacar para este fin de semana, os recomendamos nuestras favoritas en esta lista que actualizamos semanalmente con lo mejor del panorama cultural madrileño. ¡No os lo perdáis! 

RECOMENDADO: Más planes culturales que puedes hacer estos días. 

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  • Chamberí
  • 5 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Hay algo profundamente incómodo en sentarse a ver 'El imperativo categórico' y reconocer demasiado pronto algunas de las situaciones que atraviesa Clara G. Porque lo que Victoria Szpunberg pone sobre el escenario no pertenece a un futuro distópico ni a una realidad especialmente lejana. Está aquí. En los fondos buitres, en los alquileres imposibles, en los contratos que nunca llegan, en las vidas profesionales que se sostienen con alfileres y en esa sensación, cada vez menos extraña, de que hacer las cosas bien tampoco garantiza que las cosas vayan a salir bien. Clara G. es profesora asociada de ética y filosofía, tiene más de cincuenta años y lleva dos décadas dando clase. Su vida se va desmoronando con una precisión casi burocrática. Una separación, la precariedad laboral, la imposibilidad de acceder a una vivienda que pueda pagar y una sucesión de situaciones aparentemente cotidianas que terminan por llevarla a un lugar de desconcierto. Szpunberg escribe desde ese filo en el que lo reconocible empieza a resultar absurdo y consigue algo difícil, que nos riamos cuando, en realidad, quizá deberíamos estar bastante preocupados. La risa aparece muchas veces con un pequeño sobresalto. Una consulta médica, una conversación aparentemente inocente, una situación relacionada con la vivienda o un encuentro que debería ser normal terminan adquiriendo una dimensión casi kafkiana. El humor no suaviza lo que estamos viendo. Lo vuelve todavía más incómodo. Nos permite respirar un...
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  • Arte
  • Lavapiés
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
¿Cómo resuena el colonialismo en el presente? Esta parece ser la pregunta a la que La Chola Poblete, Niño de Elche y Pedro G. Romero han respondido en esta propuesta, donde cada artista ha contestado a su manera, desde su práctica, su estilo y sus experiencias, sin buscar un diálogo formal. El trabajo de La Chola Poblete se centra en este alter ego que la artista ha construido, una mezcla de iconografía cristiana, deidades andinas, elementos que honran los orígenes indígenas de su familia, iconos pop y cuestionamientos políticos y 'queer'. Parece mucho que procesar, pero en obras como 'María & papas lays' se aglutinan varios de estos temas. Se trata de una instalación presidida por una escultura realizada en pan, que alude al cuerpo de Cristo, atravesada por unas varillas de hierro, relacionadas con el martirio como sufrimiento, pero también como espectáculo. Las patatas, uno de los símbolos de la cocina andina, están relacionadas con las políticas colonialistas de extracción de este alimento y, a la vez, con uno de los emblemas del capitalismo, las patatas fritas. Dibujos, proclamas, grafitis y 'stencils' realizados por La Chola envuelven las dos salas en las que tiene lugar la exposición, un marco totalmente contemporáneo desde el que Niño de Elche y Pedro G. Romero se proponen investigar sobre la historia del mantón de Manila desde el sonido y la escritura. La serie 'Sadopítna, o sea, antípodas, puesto del revés y boca abajo' consta de varios textos que acompañan a...
  • Madrid
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Cuando People, Places & Things se estrenó en Londres en 2015, lo hizo como un pequeño temblor que pronto se convirtió en una onda expansiva. Una pieza feroz y tierna a la vez que hablaba de la vulnerabilidad humana desde un lugar poco habitual en los escenarios. Años después, Irene Escolar leyó aquel texto y sintió la pulsión, casi física, de llevarlo a escena. Consiguió los derechos, imaginó su propia versión y llamó a Pablo Messiez con una mezcla de pudor y entusiasmo, consciente de que él suele trabajar con su propio equipo creativo. Aquella llamada, según él mismo ha contado, fue un salvavidas. Venía de un proceso creativo vertiginoso (Los gestos) y agradecía zambullirse en un texto ajeno que a la vez exigía precisión absoluta y una entrega emocional sin reservas. De ese gesto nació esta Personas, lugares y cosas que llega como una pieza que respira, se expande y abraza al público desde una profunda humanidad. La historia es conocida. Una actriz se desploma en plena representación de La gaviota y, desbordada por sus consumos, termina ingresando en un centro de desintoxicación. Pero reducir la obra a la trama sería traicionar su espíritu. Macmillan escribió un texto sobre la compulsión, sobre todas las compulsiones, y sobre la dificultad de volver a habitar la propia vida cuando todo parece haber perdido forma. Messiez entra en esa materia desde lo sensorial. En su propuesta, el escenario se convierte en una cámara oscura, casi un cerebro iluminado por impulsos...
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  • Arte
  • Malasaña
  • 5 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
La serie fotográfica de Robert Frank, 'Los Americanos' recopila todos los clichés de los años 50 que todavía existen sobre la sociedad estadounidense, pero, a la vez, muestra con crudeza la realidad de la vida desde un lenguaje arriesgado, moderno y poco entendido entonces. Cansado de trabajar en proyectos comerciales, Frank decidió llevar a cabo una propuesta totalmente personal y algo ambiciosa: recorrer Estados Unidos para realizar un libro que recogiera la esencia americana. Robert nació en Suiza, pero con 23 años se trasladó a Estados Unidos y verdaderamente quería conocer este país que le había acogido y sus habitantes. El fotógrafo recorrió durante años varios estados en un divertido y temerario viaje que le llevó a explorar una tierra marcada por grandes transformaciones sociales. El resultado de este proyecto se tradujo en 800 carretes (casi 28000 fotografías), de los cuales el autor seleccionó 83 imágenes, que son las que podemos ver en esta exposición. En la muestra también podemos ver unos minutos del documental 'Robert Frank, la mirada de América' (Laura Israel, 2015) donde el fotógrafo cuenta entre risas varias anécdotas que sucedieron mientras realizaba la serie 'Los Americanos', desde amenazas, huidas a toda prisa o acusaciones de ser comunista. En este documental Frank confiesa que la mejor foto es que la se hace cuando no te ven y esto tiene mucho que ver con el lenguaje visual que desarrolló Robert. Hoy no parece una gran novedad, pero en aquel momento...
  • Musical
  • Lavapiés
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Hay musicales que forman parte de la memoria colectiva incluso antes de verlos. 'Los Miserables' es uno de ellos. Da igual si has visto la película, si conoces la novela de Victor Hugo o si simplemente has escuchado alguna de sus canciones. Es uno de esos títulos que llevan décadas formando parte del imaginario colectivo y eso hace que una entre al Teatro Apolo con cierta cautela. Cuando una obra carga con tanto prestigio, siempre existe la duda de si el montaje estará a la altura de todo lo que una espera. En mi caso, esa duda desapareció bastante pronto. Hay un momento, al principio de la función, en el que dejé de intentar entender cómo estaba hecha para empezar, sencillamente, a vivirla. Me hizo gracia porque soy de las que, cuando va al teatro, no puede evitar fijarse en los detalles: cómo entra una escenografía, de dónde nace un cambio de luz o cómo resuelven un movimiento especialmente complejo. Aquí aguanté ese impulso apenas unos minutos. Después ya estaba completamente dentro de la historia. La producción dirigida por Víctor Conde consigue algo aparentemente sencillo, hacer que una maquinaria inmensa desaparezca. Todo fluye con una naturalidad asombrosa. Los cambios de escena llegan sin estridencias, la iluminación transforma los espacios casi sin que seas consciente y el ritmo nunca pierde el pulso. Hay espectáculos donde una termina admirando el mecanismo; aquí acabé olvidándome de él. Y creo que ese es el mejor elogio que puedo hacerle. Mientras avanzaba la...
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  • Arte
  • Sol
  • 5 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Un espectacular montaje en tono rosa chicle nos recibe en Alcalá 31. Al cruzar estas paredes rosadas viajamos en el tiempo a uno de los momentos más interesantes de la Historia del Arte nacional, la Movida. 'Mitologías modernas: Ouka Leele & Co' toma como punto de partida la obra 'Rapelle toi, Barbara!' realizada por Ouka Leele en 1987, una fotografía de la plaza de Cibeles que obligó a paralizar el tráfico del centro de Madrid para reflexionar sobre el mito de Atalanta e Hipómenes, los leones que tiran del carro de la diosa. El uso de las mitologías clásicas como elemento creativo es el eje vertebrador de la muestra, que reúne más de 100 piezas de artistas como El Hortelano, Ceesepe, Costus o Patricia Gadea, entre otros. Aún vigentes, los mitos siempre se han utilizado como herramienta para interpretar el presente. En el caso de la Movida, el uso de estas leyendas resulta más que interesante por el momento político y deshace prejuicios sobre el vacío de contenido del arte de los 80. La exposición dedica espacios individuales a Sigfrido Martín Begué, Carlos Franco, Ceesepe, El Hortelano y, por supuesto, a Ouka Leele. Las salas, señalizadas con carteles de neón, presentan a la entrada vídeos de entrevistas o reportajes de los artistas realizados en la época, donde, por ejemplo, podemos escuchar al propio Carlos Franco hablar sobre la figura de Proserpina que incluyó en el mural de la Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor, o a Sigfrido Martín Begué hablar sobre si se...
  • Arte
  • Lavapiés
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Caramelos, pósteres o cortinas de luces llaman la atención del público que acude a la exposición de Felix Gonzalez-Torres en el Museo Reina Sofía. Los visitantes pueden tocar, comer e incluso llevarse piezas; al hacerlo asoman algunas risas nerviosas provocadas por la emocionante sensación de transgredir lo prohibido. Y esa es solo una de las lecturas que la obra del artista, de origen cubano, ofrece. Esta es la primera gran exposición de Gonzalez-Torres en Madrid, ciudad a la que fue enviado de niño, en 1971, para alejarlo del régimen. Pasó muy poco tiempo aquí, pronto viajó a Puerto Rico y, después, a Nueva York. En 1991 volvió a Madrid y describió este regreso como una "dulce venganza", expresión que ahora titula esta individual. Felix Gonzalez-Torres supo utilizar lenguajes pop con una sencillez conceptual que logra conectar con casi cualquier persona. Sus obras, atravesadas por sus vivencias como hombre migrante, homosexual y seropositivo, invitan a menudo a interactuar con ellas, es decir, a involucrarse y activarse. Es el caso de la instalación sin título -no solía titular sus obras- que muestra miles de caramelos de menta dispuestos para el público o las pilas de copias ilimitadas, listas para llevar, con sutiles aunque demoledores mensajes impresos. A pesar de un montaje demasiado espacioso que desluce algunas piezas nos podemos emocionar con otras, como la instalación compuesta por una guirnalda de bombillas que delimita un espacio de baile para dos personas que...
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  • Palos de la Frontera
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out
Hay momentos de 'Bestias' en los que una se descubre encogida en la butaca. No por el impacto fácil ni por la violencia explícita, sino por la cercanía con la que Carla Novi obliga a mirar ciertas heridas. Su nueva pieza deja una extraña mezcla de angustia y ternura que acompaña bastante tiempo después de salir del teatro. Quienes hayan seguido el recorrido de la creadora mexicana reconocerán enseguida algunas constantes de su trabajo. Si en 'Luchadoras' ponía el foco en la violencia machista y en 'RarEs' exploraba las identidades disidentes a través del universo 'drag king', en esta nueva pieza la mirada se desplaza hacia un territorio más incómodo. Novi ya no pregunta qué ocurre con las víctimas, sino qué sucede con aquellos cuerpos que la sociedad decide señalar como monstruosos. La pregunta es arriesgada y, precisamente por eso, resulta estimulante. La historia parte de un preso condenado a cadena perpetua y de la relación con su hermana gemela, una exbailarina marcada por una lesión que truncó su carrera. Entre ambos se instala una especie de danza emocional hecha de reproches, recuerdos, humor inesperado y una ternura que aparece cuando menos se espera. La pieza, que podría haberse convertido en un discurso moral, acaba transitando un camino mucho más interesante, el de las contradicciones. Diana, la hermana de Nico le hace una propuesta: participar en un programa experimental donde la danza se usa para canalizar la agresividad. Detrás, un antropólogo escocés llamado...
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