Caramelos, pósteres o cortinas de luces llaman la atención del público que acude a la exposición de Felix Gonzalez-Torres en el Museo Reina Sofía. Los visitantes pueden tocar, comer e incluso llevarse piezas; al hacerlo asoman algunas risas nerviosas provocadas por la emocionante sensación de transgredir lo prohibido. Y esa es solo una de las lecturas que la obra del artista, de origen cubano, ofrece.
Esta es la primera gran exposición de Gonzalez-Torres en Madrid, ciudad a la que fue enviado de niño, en 1971, para alejarlo del régimen. Pasó muy poco tiempo aquí, pronto viajó a Puerto Rico y, después, a Nueva York. En 1991 volvió a Madrid y describió este regreso como una "dulce venganza", expresión que ahora titula esta individual.
























































































































