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Suspiria

Tilda Swinton: "Tal vez necesitemos mirar a las tinieblas para discernir y amar la luz"

La actriz se transforma en una bruja de mármol en el 'remake' de 'Suspiria' que dirige Luca Guadagnino. Nosotros la entrevistamos

Por Josep Lambies
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Hay cosas que, de tan bellas, no son ni medio normales. La primera aparición de Tilda Swinton en 'Suspiria' nos hiela la sangre en las venas, con los brazos blancos como las ramas de una encina quemada, el cuello transparente como un candelabro de cristal. Luca Guadagnino, el director de 'Call me by your name', firma un 'remake' libre del clásico del terror de Dario Argento, ambientado en una escuela de danza donde se oculta un aquelarre de brujas.

Hacía 25 años que Luca Guadagnino y tú hablabais de hacer una versión de 'Suspiria'. ¿Qué os atraía de la película de Argento?
El estímulo que supone para todos los sentidos. Es una película sensacionalista, adolescente, y que conste que lo digo como un cumplido muy elevado. Colores vibrantes, belleza salvaje, chicas jóvenes, brujas, sangre. Nos sacudía la imaginación como el cuento más tórrido y gore de los hermanos Grimm. Luca y yo adorábamos la cinta original, pero teníamos muy claro que si nos acercábamos a ella, como quien hace el cover de una canción, tenía que ser para crear una película diferente, que naciera de la misma semilla, pero que arraigara en otro suelo.

Tú haces de Madame Blanc, la directora de la escuela de baile, con una túnica marrón que te llega hasta los pies. ¿Cómo trabajasteis la presencia física del personaje en el plano?
Hice poco entrenamiento físico, la verdad. Soy una persona muy perezosa y hay tantas distracciones en el mundo que nunca encuentro tiempo para preparar un personaje más de lo que es estrictamente necesario. Pero sí que le pedí a Giulia Piersanti, la increíble diseñadora de vestuario, que me cosiera un vestido que me hiciera parecer como un árbol creciendo de bajo tierra y elevándose hasta la punta de mis dedos. Así surgió Madame Blanc.

Habéis trasladado el mito de las brujas de Argento a un contexto histórico muy preciso. Vuestra 'Suspiria' pasa en Berlín en 1977, frente al Muro que parte la ciudad.
En 1977 yo vivía en Alemania. Habían destinado ahí a mi padre, que era soldado. Era un tiempo en que el feminismo estaba consolidando su poder desde abajo, en una sociedad traumatizada por la violencia con que se vivía la resistencia y por una atmósfera de represión e intriga. Fue entonces cuando tomé conciencia de que había unas formas de lucha sumergida, que de vez en cuando brotaban del subsuelo y después volvían a desaparecer. En la película de Dario Argento, las brujas vivían en una burbuja, fuera del mundo. En esta, no.

Hablando de presencias inquietantes, también fuiste la vampira sonámbula de 'Solo los amantes sobreviven', de Jim Jarmusch.
Hacer películas con Jim Jarmusch, donde sea, siempre es una delicia, pero de esta tengo un recuerdo muy especial y profundo. Estábamos en Tánger, en el silencio y la oscuridad de las calles vacías, y respirábamos sus vibraciones más mágicas, como en un sueño. Todo se rodó de noche, nos convertimos en seres nocturnos. Es una de las cosas más maravillosas que me han pasado en la vida.

¿Podríamos decir que te sientes cómoda encarnando mitos del terror?
Creo que el cine de terror es una de las grandes contribuciones de la cultura contemporánea. Nos permite mirar de cerca todo lo que nos asusta y nos turba, y esto es básico para equilibrar el balance de la existencia. Slavoj Žižek sugiere que el cine nos muestra nuestros deseos ocultos. Quizás el terror nos enseña lo que de verdad nos produce pánico. Superar nuestros miedos es una gran cosa. Nos galvaniza. Tal vez necesitemos mirar a las tinieblas para discernir y amar la luz.

Muchos de los personajes que has interpretado vibran en una especie de dimensión paralela. Quizás desde que hiciste 'Orlando'.
'Orlando' ocupa un lugar único en mi historia. Aparte de ser mi primer papel protagonista, me dio la oportunidad de introducirme en la piel de uno de mis personajes literarios favoritos. 'Orlando' trata del hecho de hacerse escritor, en el sentido de Virginia Woolf, que creía que la mente del genio debe tener una esencia andrógina. Es una película que no pierde vigor, que sigue siendo relevante por la reflexión que hace sobre la definición del género. Aparte, con Sally Potter, que era la directora, creamos una relación muy estrecha.

Es cierto que con los años has creado muchas relaciones estrechas. Te gusta trabajar con los mismos directores una y otra vez. Por ejemplo, Wes Anderson.
Es cierto, trabajo a menudo con aquellos directores que me son cercanos, y Wes Anderson es como familia. Ahora estamos preparando nuestra cuarta película juntos. Pero no olvidemos que hubo un momento en que me invitó por primera vez a pisar su universo. Y ese momento fue fantástico.

Con Luca Guadagnino también habías trabajado antes, en 'Yo soy el amor' y en 'Cegados por el sol', donde por cierto hacías de una mujer que había perdido la voz. ¿Cómo te sientes cuando te mueves en los silencios?
Me fascinan. En los momentos de silencio, el público puede sumergirse en la atmósfera de la película y descifrar libremente las caras, las energías, los ambientes. Pienso que el silencio siempre abre un espacio de significados poderosos y por ello, en la medida de lo posible, siempre lucho por reducir las palabras a la mínima expresión.

Los interiores de 'Suspiria' se rodaron en un hotel abandonado en el norte de Italia. ¿Cómo era ese lugar?
El hotel estaba en una montaña, y en lo alto de la montaña había una torre de telecomunicación. Por ello, durante el rodaje, sufrimos migrañas y nos salieron ojeras. Para el clima de la película, fue una buena cosa. En cuanto al resto, nos sentíamos como niños jugando en los rincones de una iglesia en ruinas. Era como si trabajáramos en secreto, y fue precioso.

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