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©Javier Naval

Alfredo Sanzol: "Si ves una boya que se enciende debe de tener pescadito"

Autor de comedias tan amables como desternillantes, acaba de recibir el Premio Valle-Inclán por ‘La ternura’, obra que se repone en el Teatro de La Abadía, y estrena ‘La valentía’ en el Pavón Kamikaze

Por Álvaro Vicente
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Las suyas son comedias tan amables como desternillantes, tan tiernas como valientes, tan sinceras como incómodas a veces, porque la carcajada te baja la guardia y entra a cuchillo en las emociones, en todas. Alfredo Sanzol acaba de recibir el Premio Valle-Inclán por 'La ternura', obra que se repone en el Teatro de La Abadía, y estrena 'La valentía' en el Pavón Kamikaze. Suficientes razones para volver a conversar con él, de lo que uno no se cansaría nunca. 

Enhorabuena por el Valle-Inclán.

Gracias. Fue muy emocionante. Debió de haber un empate en el jurado entre Irene Escolar y yo, porque tardaron mucho en salir a decir el ganador. 

'La ternura' ha sido aplaudida y casi vitoreada. Y ahora premiada. Y he leído por ahí que la semilla de 'La valentía' está en 'La ternura', así que esto promete…

Hay un fragmento en 'La ternura', cuando está la princesa Rubí con el leñador Verdemar en lo alto del volcán, que ella le dice: “Vos merecéis llevar en vuestro estandarte la valentía, porque habéis elegido como compañero el miedo”. Eso era algo que me tocaba y cuando hay algo dentro de una función que me toca, que me conmueve especialmente, ahí puede estar la semilla del conflicto que en ese momento me está preocupando sin que yo sea muy consciente. 

Y lo dejas ahí aparcado, madurando…

Sí, porque si me llama la atención es por algo. Es como si fueran boyas en el mar y si ves una boya que se enciende debe de tener pescadito. 

A priori, 'La ternura' y 'La valentía' parecen dos obras muy diferentes.

La forma que tienen es muy diferente, eso es verdad, y el estilo que tiene cada una. Sin embargo, tienen muchas cosas en común. Hay algo que diferencia a todas mis obras, pero lo que más me interesa de esto es que las diferencias las establecen las propias obras, no son decisiones que yo haya tomado. Cada obra va demandando su forma y hay un momento, aunque suene muy loco, en el que yo me pongo al servicio de un ser vivo, de desarrollar un ser vivo que pide un determinado desarrollo. No es algo que me pase solo a mí, he leído que les pasa a otros escritores. 

Normalmente partes de un asunto personal como disparador. ¿Cuál es en 'La valentía'?

La casa de mi abuela en un pueblo de Burgos donde pasábamos los veranos de pequeños y que le construyeron una autopista al lado. Yo quería hacer un homenaje a esta casa, porque allí fuimos muy felices, pero no la pudimos seguir habitando porque está al lado de una autopista, aunque seguimos yendo al pueblo, a casa de unos primos. La obra tiene algo de homenaje y de acto de amor y también de venganza hacia la autopista. Ese monstruo destrozó nuestro paraíso y ha destrozado el paraíso de mucha gente. La contaminación acústica en España es un infierno. 

Eso tiene que ver también con esa cosa terrible que es la expropiación.

Sí, que además se expropia con bastante puntería, nunca les toca a los grandes propietarios, siempre a los pequeños.

¿La valentía está siempre asociada al cambio?

En todas las obras tiene que haber un cambio, porque si no no hay obra. En este caso, la transformación se produce en la relación entre las hermanas protagonistas, Trini y Guada, que hacen realidad un deseo de complicidad que al principio de la función no existe. Eso me resulta muy emocionante. 

Cambiar es morir un poco, que decía aquel…

Para renacer hay que morirse primero, eso está claro, y el mito sobre el que se funda la civilización occidental es el del nacimiento y la muerte del sol. Es la base de toda la dramaturgia. 

Con los títulos que pones, tus obras parecen tratados sobre la ternura, sobre la valentía. ¿A qué fuentes recurres para investigar tamaños conceptos?

Pues para 'La valentía' mi libro de cabecera ha sido uno de José Antonio Marina, 'Anatomía del miedo: un tratado sobre la valentía'. También me han acompañado mucho otros dos que son 'Humor. Entre risas y lágrimas. Traumas y resiliencia', de Marie Annaud. Y 'Filosofía para una vida peor', de Oriol Quintana, que me encanta, porque va contra esa difusión tontorrona y facilona de la felicidad que está tan extendida últimamente. 

Lo de humor entre risas y lágrimas va mucho contigo, con tu teatro. Tu humor es como muy orgánico, muy natural. ¿Te ves en la necesidad de intervenir sobre ese humor que te nace solo?

No, para mí el humor es como una liberación, primero de uno mismo, porque uno mismo se crea unas barreras a través de los prejuicios y los miedos grandísimas, y lo primero es liberarse de los mapas mentales de uno mismo. Y luego es una manera de liberarme de la realidad, de la presión que produce la realidad. En el caso de 'La valentía', el humor sirve para liberar el dolor que produce tener una autopista delante de la casa en la que has sido tan feliz. El humor se convierte en una liberación y por eso mismo se hace curativo, y al mismo tiempo te permite tener un pensamiento con un poco de distancia para poder pensar o imaginar un proyecto de futuro y no quedarte enganchado en la melancolía. El humor es muy práctico.

¿Cómo se lleva la valentía con la osadía, la soberbia, la vanidad…?

La valentía es una virtud que está bien dependiendo de para qué la uses, porque para cometer una barbaridad también hace falta valentía. Por sí misma, la valentía no es nada, la valentía es algo en función del proyecto, y eso es esencial, porque lo que hace es poner en primer plano lo importante que es el proyecto, la acción.

Si hay valentía, aunque sea porque la superas, también hay cobardía.

Cobardía o miedo, mejor dicho, porque la cobardía es la sumisión al miedo. Pero el miedo también es muy práctico, porque te mantiene vivo. Pero cuando se apodera de ti y te hace anticiparte imaginando cosas locas, se convierte en una prisión, paraliza. Entonces el miedo no es algo que esté mal por definición, tener miedo está muy bien, pero luego hay que saber gestionarlo y darle su valor, y para eso está la valentía. 

¿Quiénes son Guada y Trini?

Son dos hermanas que han heredado la casa en la que pasaban los veranos cuando eran niñas, y Guada quiere seguir con la casa a pesar de que pasa la autopista, simplemente porque es la casa de la familia y quiere defenderla, y Trini quiere hacer punto y aparte con esa casa, quiere venderla. Lo que pasa es que en lugar de dejar a su hermana allí, se hace cargo de su hermana, la trata como si fuera una niña, por eso contrata a los hermanos Espectro para sacarla de allí. 

Lo de los hermanos Espectro es total… e interpretados por Font García y Jesús Barranco promete ser antológico.

Hay que hacerles un spin-off a los hermanos Espectro ya.

Y luego aparecen otros dos hermanos que son los fantasmas de verdad…

Aparecen porque Guada, como necesita dinero para mantener la casa, pone una de las habitaciones en Airb’n’b, y aparece otra pareja de hermanos a pasar el fin de semana, y sí, estos son fantasmas de verdad, son los que construyeron la casa y vienen a defenderla. 

Las protagonistas de 'La valentía' son dos mujeres, en 'La respiración' era una mujer, en 'La ternura' hay tres mujeres y tres hombres… como autor te lanzas a tu obra partiendo de puntos personales y luego son las mujeres las que toman las riendas de las historias.

Sí, y no es premeditado, no sé por qué es, no hay una decisión consciente. En mi vida, los hombres y las mujeres están presentes a partes iguales, y en mi ficción también, no hago distingos. Sí que es verdad que vengo de una sociedad donde la mujer es muy activa, algo de matriarcado queda en el norte, muy tamizado por el machismo y el patriarcado, que no es que no haya machismo en el norte, que lo hay y muchísimo, pero sí que es verdad que me he criado rodeado de mujeres con mucha iniciativa y mucha vida propia, y a lo mejor eso influye. 

Las actrices te estarán agradecidas.

Es curioso lo que ocurre en esta profesión. Todo el que ha estado en contacto de un modo u otro con el teatro ha actuado alguna vez y la base de la interpretación la tienen las mujeres. Tú vas a un taller o a una clase de interpretación y la mayoría son mujeres casi siempre y luego comprobamos cómo faltan personajes femeninos para las actrices que hay. Es una paradoja producto del machismo y el patriarcado, claro. Cuando en la dramaturgia de un país faltan personajes y realidades es porque se les está quitando la voz. 

¿Crees que hay diferencias entre hombres y mujeres a la hora de gestionar la valentía?

No. Yo al menos he conocido mujeres valientes que se han enfrentado a la enfermedad, a llevar adelante la familia, a resolver conflictos familiares muy graves, a gestionar las economías de las casas, la educación de los niños… He tenido muchos referentes de valentía femenina y de valentía masculina. Pero a mí esa valentía de película de acción no es la que más me interesa, la verdad. 

Se nos habla de una valentía individual, todo esto de emprender y tal… pero luego en realidad es para aislarte, para desactivar la fuerza de lo colectivo.

No me gustan nada las heroicidades. La valentía dirigida a crear proyectos en común me interesa mucho más que la valentía dirigida a que cada uno se salve como pueda.

¿Dónde ves tú que falta valentía?

Nos hace falta valentía, sobre todo, para algo en lo que la mayoría cree, la defensa del estado social. Creo que deberíamos dedicarle mucha más energía y mucho más impulso.

Y en el teatro, porque parece que el teatro es un mundo de valientes.

Es así, desde que decides dedicarte a esto, hay algo todo el rato que tiene que ver con la persistencia, con la valentía. 

Si 'La Ternura' tenía un aroma shakesperiano claro, buscado y trabajado a conciencia, en el caso de 'La valentía', ¿a qué maestros has mirado para seguir puliendo el estilo Sanzol?

Pues escribiendo 'La valentía' me he acordado de Molière, de Eduardo de Filippo, de Jardiel Poncela y hasta de Calderón, me he acordado de estos, pero también de Billy Wilder, que en 'Primera plana' tiene gente escondida, como pasa en 'La dama duende'.

Los tapados y los escondidos son muy de nuestro teatro…

Claro, y es la base del suspense, muy de Hitchcock también. Esconder algo, que lo sepa el público y los personajes no, a mí me divierte mucho. Los recursos clásicos son alucinantes por todas las posibilidades que permiten.

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