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Platja del Por Bo, Calella de Palafrugell (Costa Brava)
Shutterstock Platja del Por Bo, Calella de Palafrugell (Costa Brava)

Los 11 pueblos con playa y vistas al mar más bonitos de España

Imposible no soñar con escaparse a alguno de estos lugares durante las próximas semanas

Editado por
Noelia Santos
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Pueblos bonitos en España, hay muchos. Pero estos, además, pueden presumir de tener costa, playa o vistas al mar. Un tres en uno que los convierte en claros favoritos cuando las temperaturas suben en el centro de la península y las ganas de escaparse de la ciudad aprietan. Si buscas inspiración para tu próxima escapada de verano, o simplemente en qué hacer durante un fin de semana de buen tiempo, sigue leyendo. 

RECOMENDADO: Los pueblos más bonitos de España

Fornells
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1. Fornells

Partiendo de la base que es prácticamente imposible encontrar un lugar feo en Menorca, elegir el más bonito es una tarea casi imposible. En ese contexto tan idílico, vamos a quedamos con el pueblito pesquero de Fornells, por precioso y por ser el lugar en el que se elabora la mejor caldereta de langosta de toda la isla (el reclamo del estómago siempre funciona en caso de desempate). Con su puerto, de los más grandes de la isla (con permiso del de Mahón, el más importante), y su costa, una de las más fotogénicas de Menorca, no hay duda de que este bellísimo rincón al norte de la isla puede ser un buenísimo punto de partida para conocer el paraíso mediterráneo que se esconde en la pequeña isla balear. 

Conil de la Frontera
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2. Conil de la Frontera

Si año tras año sigue en el top de los destinos de moda, por algo será. Conil de la Frontera guarda el encanto de los pueblos blancos de la provincia de Cádiz y el estilo de vida de las antiguas villas marineras. Cuesta creer que, a pesar de su fama y de la cantidad de visitantes que recibe anualmente, todavía queden playas vírgenes en sus costas. Y las gracias hay que dárselas a los bosques de pinares que rodean la localidad, son sus mejores guardaespaldas. De todas sus playas, nos quedamos con tres imprescindibles: la Fontanilla, exótica y con un paisaje acantilado de fondo; Castilnovo, la más grande y una habitual entre los aficionados al surf; y los Bateles, la más famosa (y más turística).

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Peñíscola
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3. Peñíscola

Este balcón al Mediterráneo guarda como oro en paño su antigua ciudad fortificada, un trazado que se remonta a la edad medieval. Algunas de sus casas y muchos de sus monumentos conservan el gran legado que dejó el Papa Luna en esta ciudad de la provincia de Castellón, desde el castillo que corona el casco viejo en un montículo defensivo sobre el mar, hasta la Casa de las Conchas, una de sus fachadas más características repleta de caparazones de moluscos blancos y puertas y ventanas azules. Pasear por los jardines del castillo con vistas a la bahía de Peñíscola es un regalo para la vista; recorrer sus callejuelas empinadas es sumergirse de lleno en el mundo del cine y la televisión porque aquí se han rodado escenas de series como 'Juego de Tronos'.  

Calella de Palafrugell
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4. Calella de Palafrugell

No mentimos si decimos que este es uno de los pueblos más bonitos de la Costa Brava. Una antigua villa marinera de fachadas blancas engalanadas con buganvillas de tonos rosas mirando al mar. En Calella, un sinfin de encantadoras calitas se suceden una tras otra, con sus aguas cristalinas rodeadas de costa rocosa. Porque el senderismo es, junto a los baños en sus aguas, una de las principales actividades que se pueden realizar en este pueblito de la provincia de Girona. El mirador de Manel Juanola i Reixach (el creador de las pastillas Juanola, por cierto) puede ser un buen punto de inicio: sus vistas panorámicas de la villa desde la Casa Rosa (un saliente rocoso con cala propia) son de cuento. 

el espírtu medieval de sus callejuelas estrechas y fachadas empedradas. Su encanto es especial, tanto como el blanco de 

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Valldemossa
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5. Valldemossa

Solo 17 kilómetros separan a la capital de Palma de esta bellísima localidad, medieterránea, cautivadora y con un parecido más que razonable a la Toscana italiana. Está en el corazón de la Sierra de Tramuntana, porque el interior de la isla esconde lugares como este pueblito que es pura inspiración (no es de extrañar que grandes como Fréderic Chopin, Miguel de Unamuno, Rubén Darío o Azorín encontrasen en sus callejuelas la inspiración para sus obras). La competencia es difícil, pero además de ser uno de los más elegantes, este es también uno de los pueblos más bonitos de Mallorca. Y con playa, Sa Marina, una calita situada junto al puerto, que de hecho es uno de los lugares más visitados de la ciudad. 

Bermeo
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6. Bermeo

Si no habéis estado nunca en esta villa marinera, ubicada en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai y, capital de Bilbao-Vizcaya hasta el siglo XVII, aprovechad primero para perdeos por las callejuelas de su casco antiguo (declarado bien de interés cultural), el mismo del que se enamoró Ernest Hemingway. Después, subid hasta San Juan de Gaztelugatxe, la célebre ermita que se alza en lo alto de un islote, inmortalizada en algunas escenas de 'Juego de Tronos' y que constituye, sin duda la joya de la corona en Bermeo. Y si el tiempo acompaña (algo inusual en el norte, dentro y fuera de temporada) y os apetece un poco de playa, id hasta la de Aritzatxu; pequeñita, sí, pero una es las más tranquilas. 

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El Cotillo
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7. El Cotillo

Playas vírgenes, arena blanca, lagunas de aguas cristalinas y una de las mejores puestas del sol sobre el océano Atlantico que se pueden ver en el archipiélago. ¿Qué más se puede pedir? Este pueblito costero al norte de Fuerteventura presume de ser uno de los más encantadores y auténticos de la isla. Y es que todo en él gira en torno a la tradición marítima y la pesca. De hecho, el antiguo muelle de pescadores es hoy una zona gastronómica en la que el pescado y los productos de la lonja local son la estrella de la carta. 

Villajoyosa
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8. Villajoyosa

No hay que viajar hasta Burano, en el norte de Italia, para disfrutar de un paisaje urbano repleto de fachadas de colores. No mientras en Villajoyosa, pueblo costero alicantino, se siga respetando la antigua tradición marinera: ellos, los marineros, son quienes habitaban estas casas en el pasado y quienes iniciaron esta tradición de policromía saturada que ha llegado hasta nuestros días y que ofrece una de las vistas más fotogénicas de la localidad. Imperdible: pasar por su lonja, (una de las más importantes del Mediterráneo, dicho sea de paso), ir al Mercado Central y elegir un pescado para que te lo preparen al momento en la cantina. Y de postre, chocolate, que para eso estamos en la cuna de Valor, y otras tantas chocolaterías tradicionales. ¿Hay un plan mejor? 

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Mundaka
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9. Mundaka

Los amantes del surf son unos habituales en este pueblo de la costa vasca, atraídos año tras año por su famosa ola izquierda (la más larga de Europa), tan célebre que lo han colocado entre los cien mejores lugares del mundo para practicar este deporte. Aunque no hace falta enfundarse un neopreno para visitarlo: este pintoresco pueblo marinero, de fachadas de colores y perfume de salitre, se levanta en el corazón de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, un espacio natural en el que sobresalen marismas y arenales, y que es hábitat natural de miles de aves migratorias. Además de pasear o irse de pintxos por el casco viejo, de callejuelas empinadas y vistas a la bahía, merece la pena conocer otros lugares interesantes de los alrededores, desde la isla de Izaro al cabo de Ogoño, ambos en la desembocadura de la ría Urdaibai.

Cudillero
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10. Cudillero

Los pueblos costeros tienen algo que les hace especial y que les aupa, casi sin querer, en el podio de cualquier lista que hagamos de los pueblos más bonitos. Y, cómo no, eso le pasa también a Cudillero, con sus casas arracimadas en la ladera de su puerto pesquero, justo en la salida hacia el mar, que lo convierten en una de las postales más bonitas del litoral asturiano. Uno de los mejores lugares para contemplarlo es desde la plaza principal, pero no el único, porque Cudillero está repleto de miradores desde los que contemplar el pueblo. Y para que nadie se pierda, citaremos dos: el mirador de la Atalaya y el mirador del Pico. Y como siempre habrá ganas de más, merece la pena echar el último vistazo desde su faro, una joyita arquitectónica en pie desde el siglo XIX y al que se llega caminando desde el centro de esta villa marinera. 

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Tabarca
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11. Tabarca

Esta pequeña isla frente al cabo de Santa Pola, a poco más de 20 kilómetros de la costa de Alicante, sigue siendo un secreto para muchos viajeros, incluso para los más habituales de la Costa Blanca. A pesar de sus pequeñas dimensiones (casi dos kilómetros de largo y apenas 400 metros de ancho), presume de ser la única isla habitada de la Comunidad Valenciana aunque, más que una isla, es en realidad un archipiélago (La Cantera, la Galera y La Nao lo completan). Dentro esconde un casco viejo amurallado, declarado Conjutno Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural. 

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