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Pájaros negros de primavera

Por Begoña García Carteron
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No todos los pájaros negros son cuervos de mal agüero. Si en vuestra ventana se posa uno con pico anaranjado, estáis de suerte: es un merlo y canta mejor que los ruiseñores del Liceu. Eso sí, ¡madrugan demasiado! En primavera, sus melodías se distinguen por encima de las voces de los pájaros habituales de nuestras calles, las gaviotas, las palomas, las cotorras y los gorriones de cada día. Vienen a hacer nido y les gustan las macetas grandes y frondosas de los balcones, pero si encontráis uno no toquéis los huevos, porque los rechazarían.

No son los únicos pájaros negros que nos visitan en estas fechas. Hay otros bien curiosos que se pasan la vida volando, y no es coña: duermen, cazan e incluso se aparejan mientras vuelan. Son los vencejos negros, que llegan a nuestras lares desde África formando escuadrones aéreos en el cielo y sólo tocan tierra en torres, campanarios y agujeros a gran altura de la ciudad, para hacer nido. Si encontráis uno caído, como el de la foto que rescaté en la plaza del Pi, tendréis que subirlo al terrado y dejarlo en la cornisa, porque no saben retomar el vuelo desde tierra.

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