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Las mejores cervecerías, bares de vinos, coctelerías, bares de copas, de pintxos, de tapas y para hacer el vermut de Barcelona

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Servicio Continuo
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Servicio Continuo

Cócteles y platillos con un grado de sofisticación muy superior al que hasta ahora nos había ofrecido este maridaje en Barcelona. Ningún local ha conseguido conjugar ambos elementos con esta elegancia. Tanta que, cuando entréis en el Servicio Continuo, os sentiréis como 'gentlemen'. El espacio tiene la solera de los clubs británicos más selectos y seduce a base de calidez, buen gusto y clasicismo: parámetros estéticos innegociables para disfrutar de una oferta de cócteles y gastronomía selecta hasta altas horas de la madrugada. Aquí el alcohol se mima y la coctelería se convierte en un estado de ánimo. Clásicos cercanos a la perfección, salpicados con algunos recursos de autor, removidos con precisión quirúrgica y marcas premium. Probamos uno de los mejores Bloody Mary de Barcelona y un Gimlet señorial. El nivel de las copas es tan alto como el de los platillos del chef Carles Yáñez: pinchazos de cocina internacional con aires creativos y estallidos de sabor como los mejillones con curry verde, o las costillas de cerdo cantonesas. Todo delicioso. No puedo imaginar mejor combustible para regarlo que sus haikus en copa. Salgo flotando, pensando que no hay nada que se parezca al Servicio Continuo en Barcelona: un local extraído de mis sueños. El maridaje definitivo. Si todavía estoy durmiendo, que nadie se atreva a despertarme.

Time Out dice
  • 5 de 5 estrellas
Ventilador
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Ventilador

Binifadet, Menorca, una noche de verano. Después de unas cuantas copas de buen vino (Merluzo, autóctono), Laia (joyera y fotógrafa) convence a su novio, Johnny (que había trabajado en La Paloma y en mil lugares más), de montar su propio negocio. No tardan en encontrar un pequeño local en la Gràcia este, que antes había sido una peluquería, una fontanería, el restaurante Ot, una crepería y un frankfurt. Eligen Ventilador como nombre porque están en el barrio gitano y por la idea de dinamismo, modernidad y frescura.El bonito logotipo con las aspas rojas se lo hace el diseñador Angel Uzkiano, las lámparas son del gran Martí Guixé y los tapizados están hechos en el barrio, como las potentes letras de cemento, de Michael Roschach, que tiene el taller en la misma calle. El Ventilador es un espacio diáfano y claro, con barras de mármol sobre pie de Viroc –un material industrial grisáceo, ignífugo, antibacteriano y que absorbe el sonido– y un toque de rojo en los taburetes. Tiene la entrada al aire libre, donde se puede fumar y tomar una caña –tienen Mahou de tirador, rubia y también negra, que ya es más insólito y se agradece. Recuperan el concepto de bar: un lugar donde abrevarse y sacar el vientre de penas sin más pretensiones.Tienen una carta escrita a mano sobre cartón donde proponen una serie de platitos para compartir y que todos puedan probar unos cuantos: hay bastante oferta vegetariana –las verduras ecológicas se las sirve Pau Santamaria, hijo del chef– como por ejemplo el

Time Out dice
  • 3 de 5 estrellas
Orion
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Orion

Seguro que cuando entréis en el Orion su aspecto os resultará familiar. Os recordará a otros lugares que quizá no acabéis de precisar, con su aire cuqui-nórdico con personalidad propia, hasta que descubriréis que, evidentemente, el Orion tiene genes del Cosmo, en Enric Granados, y del bar Cometa, en Parlament. El Orion es, sin embargo, un poco más sobrio que sus hermanos, y su ubicación no tiene ni mucho menos el encanto de las otras, ya que se encuentra en la Gran Vía, "una de las calles más feas de Barcelona, lo sabemos, pero que tiene un punto que nos gusta y queríamos reivindicar", afirma el danés Thomas Noerby, propietario del local con su socia, la mexicana Regina González. Y es que la Gran Vía, dice, es una calle viva y transitada, con muchos vecinos "que también quieren tener su cafetería bonita con zumos naturales, ensaladas saludables y bocadillos km 0", dice Thomas, que define su Orion como "un lugar para quedarse, no sólo para tomar algo".El problema de quedarse en el Orion es que los golosos tendrán problemas a la hora de resistirse a todos los pasteles caseros que les llaman desde la barra, porque aquí encontramos la pastelería –Thomas la llama "banco de pruebas pasteleras"– donde se elaboran artesanalmente las delicias que encontramos también en el Cosmo y el Cometa.Vuestra fuerza de voluntad no resistirá, creednos, maravillas como el 'cheesecake', el 'cupcake' Red Velvet, el 'brownie' y un carrot cake que levanta pasiones. Si sois más de salado, tienen un boca

Doble
Restaurantes

Doble

Dos hombres, el chef Paco Pérez y el coctelero Manel Vehí. Ambos tocados por la tramontana. Paco tiene en Llançà el restaurante Miramar, con dos estrellas Michelin, y no muy lejos, en Cadaqués, Manel se esconde tras la barra del Boia Nit, mítico establecimiento con 70 años de trayectoria. Ambos, pues, con este punto de genialidad ampurdanesa que los lleva a experimentar incansablemente en sus terrenos: Paco en la cocina y Manel en la barra. La suma de estos dos talentos se llama Doble, se encuentra en los bajos del restaurante L'Eggs y tiene el aspecto de aquellos locales neoyorquinos que habitan en nuestro imaginario colectivo. En el Doble, Paco cocina 'snacks' pensados ​​"para pasar desapercibidos, ya que el objetivo es que la comida acompañe a los cócteles, pero con la voluntad de trascender los cacahuetes en la barra". Un 'nigiri' de atún con 'yuzu' y alga nori o un espectacular panecillo de pies de cerdo son algunas de las propuestas que salen de la cocina del Doble. Manel, por su parte, lleva prácticamente toda la vida agitando la coctelera en Boia, propiedad de su familia, un lugar ilustre por el que han pasado desde Dalí a García Márquez. Vehí también tiene experiencia en algunas de las mejores barras del mundo. En el Doble, explica que quiere "hacer coctelería de autor": "Utilizar los diferentes productos que he descubierto viajando, y jugar con aires, espumas, texturas y temperaturas".Pero no penséis que encontraréis filigranas rodeadas de humo que no sabréis ni p

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Bodega Berlanga
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Bodega Berlanga

A finales de los 90 abrió Olivia, que duró un año, preámbulo del Benidorm, bar que marcó época y donde pasó de todo. Diez años más tarde vino el Tahití con su sofisticada coctelería tiki, y Javi Cejas, el responsable de todo ello, decidió reinventarse de nuevo.La Bodega Berlanga quiere ser un local de aquellos de toda la vida, sin más pretensión que poder tomarse tranquilamente unos vasos con los amigos. Pero: ¡qué vasos! Es decir: lo importante está muy bien. Tienen una artesana de tirador para chuparse los dedos, la Fort, del Hospitalet, del dueño del Vaso de Oro de la Barceloneta, en rubia y negra.Latas de calidad, asturianas y andaluzas, con delicias como el paté de cabrales o de ciervo. Embutidos ibéricos y queso de oveja, coctelería clásica y propia, como la espectacular Aperitivo Berlanga, a base de vermut rojo, picón, Laphroaig y ron Plantation, por sólo 4 euros. También tienen a base de cerveza, como el Austrohúngaro, con cerveza, jarabe de manzana, tequila y mezcal, 5 euros: los precios están realmente ajustados.Por si fuera poco, con cada consumición te ponen una tapita. Todo parece indicar que en la Bodega Berlanga pasaremos muy buenos ratos.

Time Out dice
  • 4 de 5 estrellas
Moix Wine & Gastrobar
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Moix Wine & Gastrobar

Está en las profundidades de Nou de la Rambla, con una propuesta de calidad que esta arteria del Raval pedía a gritos. El Moix es un bar de vinos que puede convertirse también en uno de vuestros restaurantes favoritos, si exploráis más allá de la bodega. Este nuevo espacio, bautizado en honor al escritor del Raval Terenci Moix, saluda al visitante con una barra que invita a tomar una copa de vino y a picar algo. El enólogo Tito Bosch ha confeccionado una carta con más de 80 referencias; botellas que no son fáciles de encontrar y que combina pequeños productores con vinos más clásicos.Pero si queréis vivir la experiencia completa, adentraos en el comedor, lleno de fotografías del Raval y bañado de luz natural de un patio interior. Pedid los platillos del chef Robert Argacha y dejaos llevar por una experiencia memorable: tartar de navajas, ternera pirenaica con foie gras, ostras rebozadas, pato con setas, tortilla de trompetas de la muerte, caldo con vieiras y más foie gras...Me sorprende la excelente relación calidad-precio. La materia prima es excelsa, y el nivel culinario, altísimo. También lo es el vino tinto que nos recomienda el sumiller. Es un Rioja y se llama Larga Espera y no puedo evitar sonreír: a mí no me tendrán que esperar mucho para que vuelva.

Time Out dice
  • 4 de 5 estrellas
Sant Got
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Sant Got

Junto a las chimeneas desocupadas del Paralelo hay un bar pequeñito repintado, con una camiseta del Brescia en la pared, tres peces trasplantados de las paredes del Bacaro obra de Dino Corradini y mucha alegría.El responsable de todo es Alfredo, nacido en Brescia, socio del restaurante italiano y de sonrisa contagiosa. Hace diez años que vive en Barcelona y seis meses que ha abierto este local de barrio sin pretensiones, donde se respira familiaridad y bondad. Tienen cerveza de barril, spritz y Aperol, un par de vinos orgánicos catalanes a granel, a 11 € el litro, y para los más intrépidos, grappa, amaretto y mezcal.El cóctel de la casa es el Geffry, con cava, limón, licor de flor de saúco y sifón, por sólo 3 euros: todo un hallazgo, ligero y afrutado, delicioso. En San Got se pueden comer embutidos y quesos de la Puglia como la 'stracciatella' (similar a la burrata), el speck (el jamón del Tirol) o la 'coppa' (una especie de lomo embuchado). Tienen una porchetta espectacular, que podréis degustar en plato con alcachofa y mostaza por 8 euros o en piadina por 5. Abren cada día al mediodía y hasta la noche, menos los domingos por la tarde si no hay fútbol.

Time Out dice
  • 3 de 5 estrellas
Onna Coffee
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Onna Coffee

Annahí Páez es de Costa Rica, de familia de cultivadores de café: lo lleva en la sangre y se nota. Su local de Gràcia es la embajada perfecta de un rincón perdido en el interior del país centroamericano, Tarrazu, de donde llega su café, Rio Jorco, después de viajar 9.000 kilómetros. Degustarlo es una experiencia: no tiene nada que ver con los cafés habituales, tiene mil matices, es potente y sutil al mismo tiempo, una maravilla. Los camareros del Onna Cafè son como cocteleros y, amables, te asesoran para que sepas las opciones que tienes: no se limitan a café con leche o cortado. Te ofrecen diversas maneras de infusionarlo con filtro según la máquina que se utiliza: Chemex, V60 Dripper o Aeropress. Si no te suenan de nada, ningún problema, ellos te explicarán la diferencia. También hacen flat whites o cold brew, que es un café que gotea 8 horas –en este proceso saca el máximo de cafeína del grano– y después se sirve con hielo. Si tienes hambre, los bocadillos de pastrami son espectaculares y los postres, caseros. La clientela es extranjera en un 80%, quizá porque la rotulación del bar es básicamente en inglés y castellano, lacra mercantilista que carcome, segrega y despersonaliza Barcelona.

Time Out dice
  • 3 de 5 estrellas
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