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Las mejores bodegas de Barcelona
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Patrimonio material y líquido de una ciudad con exceso de culto a la novedad

Cócteles espectaculares de Barcelona
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Las bebidas más originales de la ciudad. Creaciones espectaculares que os alegrarán la vista y el paladar

Calle Mandri: bares imprescindibles
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Calle Mandri: bares imprescindibles

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Bares recomendados

El Sifó d'en Garriga
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El Sifó d'en Garriga

La Cuina d'en Garriga ya no está solo. A su lado ha brotado un nuevo espacio que conecta con el restaurante por un pasillo medio escondido; un alter ego juguetón, informal y de visita rápida. Se llama El Sifó d'en Garriga, tiene la cocina abierta todo el día y vive en una dimensión donde las etiquetas se colapsan: es un bar, un café, un restaurante, una vermutería ...Bueno, básicamente es una trinchera donde refugiarse a cualquier hora del día. Un espacio que combina la baldosa blanca de toda la vida con ladrillos a la vista y paredes inacabadas, de inspiración industrial. Este choque estético entre pasado y presente funciona y genera la atmósfera casual perfecta para engullir los platillos y bocadillos del joyero.Sí, he dicho joyero. Porque cada tapa es un diamante comestible: un rosbif pecaminoso, una patata con sardina ahumada de traca, un hummus de guisantes que se come con los ojos, un 'mollete' de papada con kimchi que se volatiliza en segundos, un híbrido de ensaladilla rusa y escalivada que hace llorar ...Y lo acompañan con la priba adecuada: zumos naturales, destilados, cañas, vermuts y una bodega de vinos impecable. De hecho, Helena Garriga nos recomienda un negro delicioso que nos llega a la mesa en un pequeño porrón. Que no os dé miedo usarlo. Porrón arriba, a disfrutar de la vida, diantre: lugares como el Sifó están hechos para ello.

Time Out dice
  • 5 de 5 estrellas
La Vinoteca Torres

La Vinoteca Torres

La Vinoteca Torres, el bar de vinos del gigante vitivinícola de alma eco, ha readaptado su oferta culinaria hacia la cocina catalana con un fuerte componente de autor. Antes dedicado a la tapa selecta, ahora han confiado en Merced Solernou -propietaria y directora del excelso catering Mercès- la dirección del restaurante. Que, según explica Solernou, "ofrece una gastronomía relajada, muy honesta y en la que destacan las verduras, gran tendencia culinaria actual".Miguel A. Torres, presidente de Torres, añade que quieren que el bar-restaurante –44 plazas en sillas altas– "se perciba como un lugar agradable y acogedor, que destaque por la excelencia de la gastronomía y la buena armonía con los vinos ". Y es así: la carta no presenta grandes complicaciones, pero sí llena de platos fáciles de casar y muy meditados -como verduritas crocantes de temporada sobre un lecho de samfaina- y muy sabrosos, con guiños al producto del Penedès: todo un éxito el gallo guisado con un suave escabeche de vino blanco.Y, claro, la posibilidad de tomar, en horario ininterrumpido de 12 a 1 h (cocina hasta las 23 h), todos los vinos de la casa, la mayoría de ellos en copas, y también los de las otras grandes bodegas del mundo. No os perdáis la carta de vinos, una demostración de potencia y conocimiento pero didáctica y afable fuera medida.

Reserva
Ventilador
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Ventilador

Binifadet, Menorca, una noche de verano. Después de unas cuantas copas de buen vino (Merluzo, autóctono), Laia (joyera y fotógrafa) convence a su novio, Johnny (que había trabajado en La Paloma y en mil lugares más), de montar su propio negocio. No tardan en encontrar un pequeño local en la Gràcia este, que antes había sido una peluquería, una fontanería, el restaurante Ot, una crepería y un frankfurt. Eligen Ventilador como nombre porque están en el barrio gitano y por la idea de dinamismo, modernidad y frescura.El bonito logotipo con las aspas rojas se lo hace el diseñador Angel Uzkiano, las lámparas son del gran Martí Guixé y los tapizados están hechos en el barrio, como las potentes letras de cemento, de Michael Roschach, que tiene el taller en la misma calle. El Ventilador es un espacio diáfano y claro, con barras de mármol sobre pie de Viroc –un material industrial grisáceo, ignífugo, antibacteriano y que absorbe el sonido– y un toque de rojo en los taburetes. Tiene la entrada al aire libre, donde se puede fumar y tomar una caña –tienen Mahou de tirador, rubia y también negra, que ya es más insólito y se agradece. Recuperan el concepto de bar: un lugar donde abrevarse y sacar el vientre de penas sin más pretensiones.Tienen una carta escrita a mano sobre cartón donde proponen una serie de platitos para compartir y que todos puedan probar unos cuantos: hay bastante oferta vegetariana –las verduras ecológicas se las sirve Pau Santamaria, hijo del chef– como por ejemplo el

Time Out dice
  • 3 de 5 estrellas
Orion
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Orion

Seguro que cuando entréis en el Orion su aspecto os resultará familiar. Os recordará a otros lugares que quizá no acabéis de precisar, con su aire cuqui-nórdico con personalidad propia, hasta que descubriréis que, evidentemente, el Orion tiene genes del Cosmo, en Enric Granados, y del bar Cometa, en Parlament. El Orion es, sin embargo, un poco más sobrio que sus hermanos, y su ubicación no tiene ni mucho menos el encanto de las otras, ya que se encuentra en la Gran Vía, "una de las calles más feas de Barcelona, lo sabemos, pero que tiene un punto que nos gusta y queríamos reivindicar", afirma el danés Thomas Noerby, propietario del local con su socia, la mexicana Regina González. Y es que la Gran Vía, dice, es una calle viva y transitada, con muchos vecinos "que también quieren tener su cafetería bonita con zumos naturales, ensaladas saludables y bocadillos km 0", dice Thomas, que define su Orion como "un lugar para quedarse, no sólo para tomar algo".El problema de quedarse en el Orion es que los golosos tendrán problemas a la hora de resistirse a todos los pasteles caseros que les llaman desde la barra, porque aquí encontramos la pastelería –Thomas la llama "banco de pruebas pasteleras"– donde se elaboran artesanalmente las delicias que encontramos también en el Cosmo y el Cometa.Vuestra fuerza de voluntad no resistirá, creednos, maravillas como el 'cheesecake', el 'cupcake' Red Velvet, el 'brownie' y un carrot cake que levanta pasiones. Si sois más de salado, tienen un boca

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Lord Byron
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Lord Byron

Murió joven y dejó un cadáver exquisito, como las estrellas de rock pero un siglo antes. Tuvo una vida escandalosa, y escribió una serie de poemas que lo convertirían en una de las principales figuras del romanticismo: Lord Byron.En la esquina de la calle de Valencia con el paseo de San Juan, cerca de la obra alargada de mosén Cinto Verdaguer y su figura encorvada, hay un bar que abre hasta tarde. Un secreto a voces. Tiene pinta de casa de citas pero Lord Byron es un clásico de los noctámbulos barceloneses con más conocimiento, porque te acoge con los brazos abiertos cuando el resto de los locales te echan a patadas.El interior es de madera, como la entrada, y un camarero experto te da la bienvenida y enseguida te hace sentir como en casa: es de aquellos que se la saben larga y han visto de todos colores. En el Lord Byron, la desazón de la última copa se disolverá amablemente y podrás irte a dormir sin aquel desazón de no haber apurado la noche hasta el final. Encontraréis a algún turista despistado, pero sobre todo a fauna local que acaba tarde de trabajar y quiere fiesta.La música no está mal y no la ponen muy alta, todo el mundo es bastante civilizado y el espíritu del poeta inglés plana, opiáceo, entre aquellos que van a beber y olvidarse del hoy y el día siguiente.

Time Out dice
  • 3 de 5 estrellas
Bar Viu
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Bar Viu

No son pocos los que sufren por la identidad de Gracia en esta Barcelona vendida al turismo masivo, pero lugares como el Bar Viu deberían tranquilizar a los pesimistas. Este local ha subido la persiana en el corazón del barrio, pero a pesar de su juventud ya lo podemos considerar un bar 100% graciense, un espacio que ha sabido entender su entorno y se ha adaptado como un camaleón.Este proyecto de la familia Guillén es un canto a las cosas bien hechas. En la barra, tres surtidores que saben utilizar. En los estantes, combinan cervezas artesanas con marcas con pedigrí. Y acompañan las bebidas (también hay licores, pomada menorquina y vinos, entre otros) con tapas, banderillas y platillos de una enorme calidad.Nos zampamos con deleite unas chips gruesas con mejillones, una ensalada rusa espectacular y un delicioso canelón XXL de pollo asado. Los altavoces escupen buenas ondas; la selección musical, siempre de raíces negras, es exquisita. Por cierto, los viernes por la noche apuestan por el bailoteo con DJs que convierten el salón interior en una pequeña pista de baile. Y dentro de poco también llenarán las paredes con exposiciones de todo tipo. Con propuestas como el Viu, el espíritu de Gracia nunca morirá (perdón por el juego de palabras).

Time Out dice
  • 4 de 5 estrellas
El Sidral
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El Sidral

Desde el 1930, en este número del Dos de Mayo, junto a los Encants, hay una bodega y se comen unas anchoas que déjalas ir. Antes era la Bodega Vilaseca y ahora, con el entusiasmo de las nueva propiedad, se ha convertido en un lugar más efervescente: la Bodega El Sidral.El nombre le viene del antiguo campo donde ahora está la eternamente inacabada plaza de las Glòries, el Campo del Sidral, explanada históricamente ocupada por el follón considerable de un despliegue mercantil de todo tipo: de ahí el nombre. El Sidral es un punto de encuentro cotidiano para convertir en humo las preocupaciones.Todo el mundo se conoce, se saluda y comenta la jugada mientras toma un vermut de Reus con un golpe de angostura y la anchoa deliciosa marca de la casa (4,40 euros), una cerveza artesana (3 euros) o unos langostinos enriquecidos con una salsa secreta (3,50 euros). El lugar se explica solo: una nevera de madera preciosa lo preside y el clac de las puertas se intercala en las conversaciones de los parroquianos como un metrónomo. Dos grandes barriles, encima, completan el cuadro. Tienen una sala interior, forrado con periódicos antiguos como 'El Caso', donde se pueden celebrar cumpleaños y, incluso, presentar obras de teatro. Por si fuera poco, tienen libros de segunda mano para alimentar el espíritu.

Time Out dice
  • 3 de 5 estrellas
La Rouge

La Rouge

La Rouge vibra en la misma frecuencia de onda que el Raval. Y hablo del Raval, Raval; el mismo barrio que combate la gentrificación a mordiscos y se niega a entregar el territorio a la pústula guiri. Aquí no se piensa en clave turista, se piensa en clave multicultural. El neón de la entrada aporta un aire canalla, invita a unas copas. La barra en forma de ele es una tribuna perfecta para dominar todos los rincones del local con la vista.Ante mí, una sala con palmeras en las paredes, techo rojo y sillas y mesitas bajas cobija a  grupos de gente y acoge las diferentes actuaciones que tienen lugar cada noche. Hay un ambiente especial. Arriba, descansa un piso superior también relleno de sillas y mesas que hoy está cerrado.Necesito una copa, pero las prisas son mal negocio. A las camareras les cuesta verme. Paciencia, es una noche ajetreada, así que pienso en las virtudes de un local ravalero a morir que hace el esfuerzo de programar música en directo toda la semana y también da espacio a humoristas noveles. Un bar sin fronteras con cócteles sorprendentes –¡pedid el 'chupito' de la casa! Con vermut y alimentos de supervivencia. Con gente del barrio. Y con una terraza en la rambla del Raval que cotizará altísimo ahora que empezamos a ir todos en mangas de camisa.

Time Out dice
  • 4 de 5 estrellas
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