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Desde la cocina más tradicional hasta las recetas más exóticas. Los mejores restaurantes de Barcelona seleccionados por nuestros críticos

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Summak

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Ah, la dieta mediterránea, vaporoso concepto que, si reseguimos el mapa, abarca desde la calma gaditana hasta la guerra en Siria. No voy a entrar en disquisiciones sobre Ancel Keys, el creador del concepto, pero sí que vale la pena anunciar que ha abierto Summak, un libanés libanés (restaurante libanés de propiedad libanesa).Aquí, explica Yann Lassade, uno de los socios, tienen un objetivo muy simple: "Ofrecer comida libanesa cotidiana en un ambiente bonito y con mucha luz". Yann pone énfasis en el día a día, porque asegura que cuando vino a vivir a Barcelona, ​​"visitó la mayoría de libaneses. Y tenían un enfoque muy turístico". Aquí, dice, "nada es congelado, y comerás lo mismo que comemos cada día".Olvidaos de fantasías arábigas de mil y una noches y cachimbas: Summak –llamado así por la especie omnipresente en la cocina libanesa, de color rojo oscuro y sabor acidulzado– es un restaurante de uso cotidiano, abierto a la fantástica luz de las Drassanes y con un planteamiento sencillo: hacen 'meeze' (platos para compartir, las tapas del Líbano), platos principales y un ejército de 'manakeesh', una especie de pizza libanesa muy popular: cuesta entre cuatro y seis euros y se puede comer en una sencilla versión con 'Zaatar', hinojo libanés seco y aceite de oliva, o con 'shanklish', potente queso azul libanés, acompañado de tomates y especias.Summak está en Drassanes, justo delante del solar que ha visto denegada la licencia para un hotel de lujo. A Yann esto no le quita el sueño

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The Dirty South

The Dirty South

La dictadura de la hamburguesa no ha subsanado una 'gastrodisfunción' gorda en Barcelona: no hay ningún restaurante de cocina norteamericana. Como si el pan con tomate y fuet hubieran conquistado los EE.UU., pero ni rastro de fricandó ni nada. Hasta que abrió The Dirty South. Los propietarios podrían ser personajes de Faulkner: los O'Donnell, un matrimonio formado por Katie, una mujer de Carolina del Sur, lugar de realismo mágico glosado en mil canciones- y Theo, un ex banquero irlandés.Katie explica que los sorprendió que "una ciudad con una escena de comida tan potente como Barcelona negligiera toda una gastronomía". Y que han hecho "una declaración de intenciones al no incluir ni hamburguesas ni 'nachos' en la carta. Theo habla con la fascinación del 'outsider': "La cocina del sur, la criolla, tiene fuertes raíces mediterráneas. Y es curioso que en Barcelona tengamos cocina peruana, con un fuerte rastro colonial español. Pero se desconoce la 'cajun'. El 'gumbo' es una sopa que se origina en la sopa de pescado catalana y la bullabesa francesa, enriquecida por las aportaciones de los esclavos africanos ", reflexiona.Son conscientes de que tendrán un arsenal de visitantes que han visto 'Treme'. Y para que la cosa no acabe en drama sureño, Katie ha recogido un puñado largo de recetas pantanosas, crujientes y picantes de la familia, vehiculadas por el cocinero Shaw Prescott, con un perfil ideal: su padre es de Atlanta y él tiene el culo pelado de hacer 'brunch', cocina vasca y

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The Hip Fish
Restaurantes

The Hip Fish

A menudo oímos hablar de la apertura de restaurantes que ofrecen 'cocina típica californiana' en Barcelona. Y cuando te acercas comprobar qué es exactamente lo que comen en California que despierta pasiones en todo el mundo, puedes encontrarte hamburguesas, 'tacos', cócteles, crónuts o una gran explanada llena de 'food trucks' y luces de neón . Y llegas a la conclusión de que la cocina californiana es maravillosa precisamente porque coge lo mejor de aquí y de allí, a menudo con valentía e imaginación, y da lugar a creaciones como los 'poke-bowls' o los sushi burritos ( 'sushirritos' !).Estas dos piezas son las estrellas de The Hip Fish, un local de Gracia que nos ha robado el corazón con su 'fast food' saludable directo de la costa californiana, de la mano de tres socios venezolanos amantes del sushi. La propuesta es original y vistosa, y despierta pasiones entre 'healthy'-adictos, f'lexiterianos' y otros amantes de cuidar el cuerpo.Por un lado, podemos elegir uno de sus 'poke bowls', un plato de raíz hawaiana implantado en la costa californiana, que consiste en un pescado marinado con soja y jengibre, aderezado con especias y combinado con los más diversos ingredientes. Se pueden pedir personalizados (con ingredientes como kale, aguacate y semillas) o elegir recomendaciones de la carta. ¿Algunos ejemplos? El de salmón fresco, marinado con 'yuzu' 'ponzu', 'edamame', ralladura de limón y semillas de sésamo, o el de atún rojo, marinado clásico, cebollino, sésamo y 'chili flakes

Final Feliç
Restaurantes

Final Feliç

Casa Xica era el restaurante de dos cocineros que no tenían cocina, reflexiona Raquel Blasco. "Y por más que hagas platos fríos o marinados, te sale el fuego de dentro y te complicas de mala manera", añade. "La cocina de Casa Xica al final era la zona del fregadero", recuerda su pareja, Marc Santamaria. Los propietarios del restaurante de bolsillo con las ideas más ambiciosas de Barcelona –el 2014 la gente de buen comer se rindió a su naturalísima adaptación a Asia del producto catalán– crecieron de golpe. Ahora tienen un hijo, Máxim, y un segundo restaurante, Final Feliz, que en realidad es un principio, claro. En el proceso de buscar una cocina de producción, se encontraron con que Tonka cerraba y lo rehicieron de arriba a abajo: neón, oscuridad, cortinas, aires de China colonial y gángsters de 'Indiana Jones'. "Ya nos lo habían dicho, que recuerda un poco a 'Blade runner' ", ríe Santamaria.Lo importante, matizan, es que disponer de una cocina con todas las de la ley –se han inventado un ahumador conectando una cocina económica de carbón a una nevera de acero!– les permite "hacer platos más arriesgados y sutiles, y profundizar en las fermentaciones, curados y ahumados de una manera más seria ", dice Santamaría. Un ejemplo: una yema de pato curado con soja y guindilla china, sobre pies de cerdo finos  como papel de cebolla y navajas frescas, que han puesto medio en conserva con aceite ahumado al carbón.La acidez del vinagre se abraza a la grasa del pie de cerdo, y realza las

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Els Pescadors

Els Pescadors

¿Cómo se consigue, la solera? ¿Cómo se levanta un restaurante de referencia a partir de una taberna decrépita con máquina del millón? ¿Cómo se llega a la excelencia? Si vas a comer a Els Pescadors y charlas un rato con su anfitrión, Pep Maulini, lo entenderás. Situado en una de las plazas con más encanto de Barcelona, ​​una especie de 'locus amoenus' con dos ombúes fantásticos (ombús en guaraní), el local mantiene los ventanales, la madera y el mármol originales, que dan alma a un espacio muy agradable (también acústicamente, un aspecto muy importante: la adecuación fue hecha por un maestro del sector, Higini Arau). De la carta, elijas lo que elijas, acertarás: producto de primera y una elaboración impecable del sólido chef Rafa Medrán, que tanto te clava unos calamares a la romana (qué crujiente!), unos buñuelos de berenjena, anchoas y queso (melosos y cada ingrediente en lugar) como un rape flameado con almendras y jamón (salsa que te la comerías a cucharadas y el animal está entero a cada bocado). Los postres están totalmente a la altura. Si las tres patas de un restaurante son el espacio, la cocina y la acogida, Els Pescadors es un tres de tres: el dueño está al pie del cañón y su implicación emocional -un amor que hace 38 años que dura - es evidente y contagiosa. Este sitio no se levantó de un día para otro: empezaron como bar con cuatro cosas y sólo al cabo de años, dedicación y tenacidad han llegado donde están. Y así se hace, la solera.

Time Out dice
4 de 5 estrellas
Reserva
Bodega Aregall
Restaurantes

Bodega Aregall

Ni cocciones interminables a baja temperatura, ni tataki, ni lechos de Parmentier. La Bodega Aregall, que no es una bodega sinó una casa de comidas, va de vino servido en porrón, paella los jueves, pies de ministro los viernes y rabo de toro los sábados. Se hace todo a temperatura casera y se sirve en cantidades copiosas. La clientela es ecléctica con una cosa en común, el apetito. Los jubilados la calman con los desayunos de tenedor, los trabajadores con el menú del mediodía de 11 euros que incluye postre y café (¡oh, rareza!) Y los jóvenes con bocadillos de tocino. Las mesas de mármol se comparten, el televisor está siempre encendido y una cabeza disecada de venado colgada en la pared controla quién entra y sale de este pequeño establecimiento familiar que los abuelos de Esteve, el dueño, abrieron en 1951. Ahora es Zarina, su esposa, quien se encarga de la minúscula cocina a la vista. No os sorprendáis si os ponen un 'borsch' cuando pidáis el potaje del día. La dueña es rusa y, de vez en cuando, deja huella de sus orígenes en algún plato. Eso sí, el capipota, el morro a la brasa y la mejilla asada de esta cocinera autodidacta son dignas de alguien nacido y criado en San Esteve de Ses Rovires.

Jabato
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Jabato

Son jóvenes y han arrancado con el empuje del éxito de otro local graciense, La Xula. Les rondaba por la cabeza coger otro local, y cuando vieron que se traspasaba el Paladar del Son; y valientes como su héroe, se triaron a la piscina sin pensarlo dos veces. En el Jabato la carta de tapas es corta y nada falla, algo poco habitual: si pides unas croquetas, te las sirven cuadradas, eso sí, pero con una bechamel que liga perfectamente con las carnes del caldo. Suculentas. Si queréis buñuelos, serán bien mullidos, como es debido, con todo el aire del bacalao y nada de su peso. Las bravas las hacen con piel, cocidas en su punto, y con una salsa poco picante pero con un toque ahumado delicioso. El canelón de carrillera trufada es digno de mención: la carne deshilachada, melosa, apretada una pasta al dente con el aroma de la trufa ... ¡Y mide un palmo! (Remarcable: no son platillos, son raciones de buena ley). Otro acierto es la morcilla con calamar y patata: en cada bocado agarras algo de la ternura del calamar (fresco y bien cocido), la untuosidad y la contundencia del morcilla, y hasta el más goloso quedará satisfecho. Lo estamos pero quisiéramos atacar toda la carta, porque lo que nos acabamos de comer es cojonudo y no nos han robado la cartera: veinte euros por barba y buena cerveza en el tirador.

Time Out dice
3 de 5 estrellas
This & That Co.
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This & That Co.

Si te dicen tapas en Hospitalet, te viene a la cabeza la arcadia sevillana de chocos brutalmente buenos y flamenquines como una porra de antidisturbios. Si te dicen tapas en el Born, tomaduras de pelo en formato tataki y la serialización de la croqueta. Tópicos. Por eso me alegro tanto que This & That Co., que abrió en 2015, haya consolidado una espléndida tercera vía para la ración. Es el Hospi nuevo -ante la feria-, y habita en un universo paralelo en los bares de Collblanc y por suerte también al timo esteticista. Juan Pablo Carrizo (cocina) y Mónica Artero (sala) no te venden ninguna moto: en la entrada dice 'Bar de Tapas' y eso hacen. Y se agradece mucho que Carrizo, un cocinero argentino que ha pasado por la vanguardia aquí, no haga metáforas con los nombres de los platos sino simples descripciones: crestas de remolacha con manzanas, pistachos, cremoso de parmesano y vinagreta de frambuesa. Probado: una ensalada convertida en crestas deliciosas, bien equilibradas de sabor cítrico y la delicadeza del pistacho, ligado con parmesano cremoso. Lo hacen bonito, y sabroso. Y parece sencillo, pero no lo es: de mi primera vez en el This & That tengo clavado el umami de una ensalada de corazones de tomate, la parte ácida que se tira, con tacos de atún. Comenzamos con un 'trompe l'oeil' muy corriente: el churro-patata brava, pero excelente en este caso por la consistencia grasosa del falso tubérculo, y la delicadeza de un alioli de la casa excelente (lo dice uno que detesta el a

Time Out dice
4 de 5 estrellas
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