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Restaurantes

Desde la cocina más tradicional hasta las recetas más exóticas. Los mejores restaurantes de Barcelona seleccionados por nuestros críticos

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Burgers y Los Mejores Restaurantes

Estas son las dos nuevas Time Out Box. ¡Comeréis a mitad de precio!

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¡Aquí encontraréis la fórmula magistral del buen menú!

Comer y beber en la Barceloneta
Restaurantes

Comer y beber en la Barceloneta

Ahora que los turistas se han esfumado, es el momento de bajar a la Barceloneta y gozar de un barrio con una oferta variada donde confluyen presente y pasado. Y qué pasado. Vamos a picar algo por la Barceloneta. Vamos a reivindicar un barrio que ha luchado con todo lo que tiene para evitar convertirse en un parque temático para paseantes y millonarios. ¡Viva la buena gente! Viva la Barceloneta y los bares y restaurantes más auténticos de este barrio histórico de nuestra querida Barcelona que no deja nunca de sorprendernos. NO TE LO PIERDAS: Las mejores paellas de la Barceloneta.

Restaurantes recomendados

Benzina
Restaurantes

Benzina

Lo local tiene el potencial de ser universal. Este tópico -más desgastado que una alpargata del 1714- se aplica a restaurante Benzina: un local de cocina italiana que late bajo la cromada carrocería de un club con aires neoyorquinos. Y en un lugar inmejorable: al espectacular espacio que dejó el Lando, el pasaje Calders, allí donde las barbas más bien peinadas de la ciudad se mojan en el mejor vermut (San Antonio, vaya). Sólo con tomar una cerveza y un entrante apreciamos que la maquinaria está bien engrasada, y que el discurso del propietario, Badr Bennis -siete años en el hotel W-, no es humo. "Nuestra intención es hacer cocina regional romana con un ambiente que pueda ser neoyorquino", explica, "y que la gente coma como en una típica trattoria, algo no muy corriente en Barcelona". La conversión de Lando en Benzina –buen nombre: el espacio era un garaje y el combustible se dice igual en catalán que en italiano– ha llenado el lugar de rincones acogedores, y ahora tiene un aire de coctelería cálida (porque de hecho lo es ). Bennis tiene ese afán tan anglosajón de conseguir que la gente de aquí coma con cócteles, y tiene una carta de recetas propias. Pero si algo diferencia Benzina de los restaurantes clubes con más pretensión que oficio, es la cocina: se come muy bien, con raciones abundantes, excelente producto y un tiquet nada desmedido. El responsable de cocina es el chef romano Daniele Moretti, que clava aquello tan maltratado (o ahogado en nata como los espaguetis a la

Bolero Bar
Bares y pubs

Bolero Bar

No hay que tener miedo a rectificar. Esto ha pasado con L'Alegria, un ambicioso restaurante gastronómico en pequeño formato en Les Corts. "Quizás el barrio nos entendió", explica Lito Baldovinos, del grupo La Confiteria. Ningún problema. La han sustituido / reconvertido en el Bolero Bar. Un lugar de tapas y menú de mediodía con filosofía marxista por partida doble. Por un lado, por aquello de "si no le gustan estos principios, tengo otros". Y sobre todo porque por menos de 20 euros te llenas como un ladrón con material de primera calidad. "Hemos ido a algo sencillo, directo, pero que funcione, apto para toda la familia y los amigos. Que bajes el bar y comas bien en 45 minutos", explica. Lo corroboro: en visita de mediodía, por unos miserables 18 euros me tomé una combinación cojonuda de tres platos, postre y vino bueno, con primero de la carta -brutal el variado de setas de temporada con un huevo cocido a baja temperatura, bavositat de bosque de primera-. De segundo, un tentáculo de pulpo con patatas que se derretía en la boca, sin inventos tontos (que a menudo quieren esconder una cocción deficiente). Y por si fuera poco, tiré de carta con la estrella de la casa: un bikini de carrillera de ternera guisada y deshuesada, planchado con queso scamorza ahumado. Que por cierto, casi me derrota, porque eran cuatro triángulos de melosidad bovina: ¡esto son dos bikinis! Otros éxitos de la casa son tortillas hechas al momento -la de bacalao tenía una pinta tan jugosa que venían gana

Time Out dice
4 de 5 estrellas
Galú

Galú

La cocina siciliana podríamos decir que es la 'mamma' e incluso la 'nonna' de las variadas y sabrosas cocinas italianas. Como señala Elena Kostioukovitch en el jugoso libro 'Porqué a los italianos nos gusta hablar de comida', en Atenas ya usaban libros de cocina sicilianos. Platón, en el diálogo 'Gorgias', recuerda que un tal "Mitteco escribió sobre cocina siciliana".Ahora en Barcelona el chef Niko Scimone, que conquistó a varias estrellas de la música en Nashville, ha instalado el Galú. Y ofrece una carta corta pero sabrosa, que promete ir ampliando con la riqueza de la cocina de su isla. Una carta disponible sin gluten y con muchas opciones veganas. Elabora su propia pasta, el pan y los postres. Y se nota y se agradece. Nuestro estreno en Galú (nombre que proviene de sus hijas Gala y Lucía) comenzó con una 'caponata', entrante siciliano, y un carpaccio muy especial.La ensalada de hinojo y naranja completó el trío inicial, para luego disfrutar de una berenjena 'Parmigiana' muy bien elaborada y exquisita. Las pastas, desde el momento en que se elaboran diariamente y artesanalmente, cobran un gran valor, condimentadas con la riqueza de esta cocina crisol de culturas. Unos 'fetuccini' con guisantes tiernos hicieron honor a las pastas, así como los 'pappardelle' en ala Norcia, con salchicha, chalota, trufa negra y nata. Imposible obviar los postres: excelentes tiramisú y pannacotta.

Time Out dice
4 de 5 estrellas
Reserva
Auto Rossellon
Restaurantes

Auto Rossellon

¿Hartos de restaurantes cuquis? Si es así, quizás pasaréis de largo de Auto Rossellon -un local con un interiorismo de esos que te hacen sentir mejor persona, si se lo permites- e iréis directos hacia el figón churroso más próximo. Porqué claro, os gustan los lugares y la comida 'con personalidad' (sea lo que sea que signifique eso. A mí nunca me ha hablado una alcachofa). Y haréis mal. Si comes en Auto Rossellon -dicho así porque ocupa el espacio de una antigua tienda de repuestos de coche- no lo olvidas fácilmente. Bajo una apariencia de total descontextualización culinaria, hacen cocina de la buena. Este es el segundo restaurante de Ronit Stern y Rafael Campos, empresarios propietarios del Toto y ya no de las panaderías Crustó (se las vendieron hace un par de años) donde han aplicado una filosofía directa: "Queríamos abrir un nuevo restaurante sin rompernos la cabeza. ¿Un lugar de carne? No. ¿Un italiano? Tampoco. No hay ningún concepto, por eso lo llamamos cocina sin etiquetas. Que en cada momento del día puedas comer algo bueno ", explica Stern.Uno, que está escamado de la aplicación del sudado discurso de la autoayuda en cualquier ámbito de la vida moderna, agradece este discurso llano. Y más si lo sostienen platos de la calidad de los que prepara Stern, que además de propietaria, es la cocinera jefe. Un ejemplo: un menú de mediodía a muy buen precio, impecable, que no inventa la sopa de ajo pero "coge el mejor producto de temporada posible y añade cosas interesantes",

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Els Pescadors

Els Pescadors

¿Cómo se consigue, la solera? ¿Cómo se levanta un restaurante de referencia a partir de una taberna decrépita con máquina del millón? ¿Cómo se llega a la excelencia? Si vas a comer a Els Pescadors y charlas un rato con su anfitrión, Pep Maulini, lo entenderás. Situado en una de las plazas con más encanto de Barcelona, ​​una especie de 'locus amoenus' con dos ombúes fantásticos (ombús en guaraní), el local mantiene los ventanales, la madera y el mármol originales, que dan alma a un espacio muy agradable (también acústicamente, un aspecto muy importante: la adecuación fue hecha por un maestro del sector, Higini Arau). De la carta, elijas lo que elijas, acertarás: producto de primera y una elaboración impecable del sólido chef Rafa Medrán, que tanto te clava unos calamares a la romana (qué crujiente!), unos buñuelos de berenjena, anchoas y queso (melosos y cada ingrediente en lugar) como un rape flameado con almendras y jamón (salsa que te la comerías a cucharadas y el animal está entero a cada bocado). Los postres están totalmente a la altura. Si las tres patas de un restaurante son el espacio, la cocina y la acogida, Els Pescadors es un tres de tres: el dueño está al pie del cañón y su implicación emocional -un amor que hace 38 años que dura - es evidente y contagiosa. Este sitio no se levantó de un día para otro: empezaron como bar con cuatro cosas y sólo al cabo de años, dedicación y tenacidad han llegado donde están. Y así se hace, la solera.

Time Out dice
4 de 5 estrellas
Reserva
Bodega Aregall
Restaurantes

Bodega Aregall

Ni cocciones interminables a baja temperatura, ni tataki, ni lechos de Parmentier. La Bodega Aregall, que no es una bodega sinó una casa de comidas, va de vino servido en porrón, paella los jueves, pies de ministro los viernes y rabo de toro los sábados. Se hace todo a temperatura casera y se sirve en cantidades copiosas. La clientela es ecléctica con una cosa en común, el apetito. Los jubilados la calman con los desayunos de tenedor, los trabajadores con el menú del mediodía de 11 euros que incluye postre y café (¡oh, rareza!) Y los jóvenes con bocadillos de tocino. Las mesas de mármol se comparten, el televisor está siempre encendido y una cabeza disecada de venado colgada en la pared controla quién entra y sale de este pequeño establecimiento familiar que los abuelos de Esteve, el dueño, abrieron en 1951. Ahora es Zarina, su esposa, quien se encarga de la minúscula cocina a la vista. No os sorprendáis si os ponen un 'borsch' cuando pidáis el potaje del día. La dueña es rusa y, de vez en cuando, deja huella de sus orígenes en algún plato. Eso sí, el capipota, el morro a la brasa y la mejilla asada de esta cocinera autodidacta son dignas de alguien nacido y criado en San Esteve de Ses Rovires.

Jabato
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Jabato

Son jóvenes y han arrancado con el empuje del éxito de otro local graciense, La Xula. Les rondaba por la cabeza coger otro local, y cuando vieron que se traspasaba el Paladar del Son; y valientes como su héroe, se triaron a la piscina sin pensarlo dos veces. En el Jabato la carta de tapas es corta y nada falla, algo poco habitual: si pides unas croquetas, te las sirven cuadradas, eso sí, pero con una bechamel que liga perfectamente con las carnes del caldo. Suculentas. Si queréis buñuelos, serán bien mullidos, como es debido, con todo el aire del bacalao y nada de su peso. Las bravas las hacen con piel, cocidas en su punto, y con una salsa poco picante pero con un toque ahumado delicioso. El canelón de carrillera trufada es digno de mención: la carne deshilachada, melosa, apretada una pasta al dente con el aroma de la trufa ... ¡Y mide un palmo! (Remarcable: no son platillos, son raciones de buena ley). Otro acierto es la morcilla con calamar y patata: en cada bocado agarras algo de la ternura del calamar (fresco y bien cocido), la untuosidad y la contundencia del morcilla, y hasta el más goloso quedará satisfecho. Lo estamos pero quisiéramos atacar toda la carta, porque lo que nos acabamos de comer es cojonudo y no nos han robado la cartera: veinte euros por barba y buena cerveza en el tirador.

Time Out dice
3 de 5 estrellas
This & That Co.
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This & That Co.

Si te dicen tapas en Hospitalet, te viene a la cabeza la arcadia sevillana de chocos brutalmente buenos y flamenquines como una porra de antidisturbios. Si te dicen tapas en el Born, tomaduras de pelo en formato tataki y la serialización de la croqueta. Tópicos. Por eso me alegro tanto que This & That Co., que abrió en 2015, haya consolidado una espléndida tercera vía para la ración. Es el Hospi nuevo -ante la feria-, y habita en un universo paralelo en los bares de Collblanc y por suerte también al timo esteticista. Juan Pablo Carrizo (cocina) y Mónica Artero (sala) no te venden ninguna moto: en la entrada dice 'Bar de Tapas' y eso hacen. Y se agradece mucho que Carrizo, un cocinero argentino que ha pasado por la vanguardia aquí, no haga metáforas con los nombres de los platos sino simples descripciones: crestas de remolacha con manzanas, pistachos, cremoso de parmesano y vinagreta de frambuesa. Probado: una ensalada convertida en crestas deliciosas, bien equilibradas de sabor cítrico y la delicadeza del pistacho, ligado con parmesano cremoso. Lo hacen bonito, y sabroso. Y parece sencillo, pero no lo es: de mi primera vez en el This & That tengo clavado el umami de una ensalada de corazones de tomate, la parte ácida que se tira, con tacos de atún. Comenzamos con un 'trompe l'oeil' muy corriente: el churro-patata brava, pero excelente en este caso por la consistencia grasosa del falso tubérculo, y la delicadeza de un alioli de la casa excelente (lo dice uno que detesta el a

Time Out dice
4 de 5 estrellas
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