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Bares del Raval

Una selección de los mejores bares del barrio

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¿Crees que falta algún bar importante del Raval? Dínoslo en los comentarios de abajo.

Bar Mendizábal

4 de 5 estrellas
Bares y pubs El Raval

Un paquistaní de bigote inhumano pide una infusión. Una abuela bizca cargada con bolsas de la Boqueria baraja un café, su perrito aprovecha para escaparse y lamerme los dedos del pie-malditas chancletas-. En la terraza, un grupo de estudiantes barbudos de la Massana hace una competición de quintos ... Es el Mendizábal, el bar más incorrupto del Raval. No creo que haya ningún otro establecimiento tan en contacto con el exterior. El Mendi-como lo conocen sus acólitos-, más que un negocio en la calle, es un trozo de calle convertido en negocio, porque básicamente no tiene local. Una barra adosada a una fachada y unas mesas en el exterior conforman el mobiliario; la estrafalaria fauna de los Andes Ravalera se encarga de poner el resto.En el Mendi podrá tomar una copita de pie en la calle, haciendo amistades inesperadas, o reposar en la terraza de la plaza del Canonge Colom, una isla urbana que se esconde a plena vista y, a pesar de su proximidad con el infierno turístico, nunca se ha visto castigada por familias inglesas de piel abrasada. Este bar tiene un escudo que repele los guiris Paellador como si fueran vampiros ante un camión de alioli. Es demasiado desconcertante, demasiado Raval para atraer al rebaño. Y eso que hacen unos bocadillos orgiásticos con materia prima de la Boqueria que recomiendo para hacer esponja antes de los cubatas. Ahora bien, el mejor, más allá de viandas, es la posibilidad de ver el desfile de frikis de la calle del Hospital en vivo y en directo, en la

Makinavaja

4 de 5 estrellas
Bares y pubs El Raval

En 1972, Mercedes, encargada de una barra americana en la calle de Escudellers y propietaria de una peluquería en la calle de Carretes, estaba jugando al parchís en el local de al lado de su negocio cuando rompió aguas. Treinta y ocho años después, su hijo Leandro abriría el Makinavaja en la misma calle de Carretes que lo vio nacer, un bar dedicado a la memoria del dibujante de cómics Ivà y su gran personaje Makinavaja, un ladrón de buen corazón, nuestro Robin Hood particular. Leandro, alto y gordo como un San Pablo, emprendedor noctámbulo y anarquista, se conoce el Barrio Chino de arriba a abajo y es una especie de patriarca- me cuenta que el padre de Paco Ibáñez tenía un taller en la calle Nou de la Rambla ¡donde Durruti trabajaba de aprendiz! O que en los años 70 de la calle de Carretes llamaban Ría Galícia porque había 14 restaurantes gallegos que servían menús... El bar es la viva imagen del propietario: un lugar con calor y música popular, un refugio familiar donde los parroquianos son gente del Raval de toda la vida y todo el mundo es bienvenido. Ponen AC/DC, flamenco, la Banda Trapera, reggae, de todo menos electrónica. La salsa de sus bravas es fantástica, las bombas, buenísimas. Cada martes hay jam session y cada sábado, concierto con vermut, al mediodía. Leandro me cuenta que antes del Makinavaja estaba la Bodega López y que el día que se murió el dueño su hijo le cedió el bar. Se ve que su madre cosía los pantalones de Leandro de pequeño: todo queda en família.

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La Casa de la Pradera

4 de 5 estrellas
Bares y pubs El Raval

Poco a poco, pero en un lapso relativamente corto, la calle Carretas se está convirtiendo en un microclima de locales con personalidad propia. Los alegres gitanos cantores de la Asamblea Evangélica, el taparismo de barrio del Makinavaja, la opción más noctámbula del Lempika y la fantástica gastronomía del Bierzo de Las Fernández, debemos dar la bienvenida a La Casa de la Pradera, un bar que llega para consolidar la heterogénea movida carretera y añade una buena dosis de frescura y entusiasmo 'queer'. Sus propietarios (dos gallegos, Dani y Maria, y una catalanomarroquina, la Sanna) hace poco que abrieron con la intención de incrementar la magra oferta de bares familiares que ofrezcan tapita gratis con cada consumición. También hacen cenas de grupo por encargo y dentro de poco quieren abrir terracita en la plaza del Hort de la Bomba. La clientela es variada: hay maricas y bollos, hay modernos y gente del barrio, transeúntes, guiris y el ambiente es distendido y divertido. Tiran bien las cañas. Las noches de viernes y sábado hay DJ y los atardeceres hacen bingos y playbacks "para que la gente se ría". En la barra tienen cuatro pelucas de colores que la gente va pidiendo a medida que se emborrachan: causan furor. Más adelante quieren ampliar la sección "complementos" para que la gente se disfrace y la fiesta llegue a proporciones de carnaval. La Casa de la Pradera es un bar queer familiar y de barrio, y este es un modelo que estaría bien que cuajara.

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Zelig

3 de 5 estrellas
Gay y lésbico El Raval

En este bar y coctelería de espíritu 'gay-friendly', el ambiente es extremadamente pintoresco y colorista. Y también sirven tapas holandesas buenísimas.

Big Bang
Francisco Vidal

Big Bang Bar

4 de 5 estrellas
Bares y pubs El Raval

Este clásico bar Raval es histórico: bien como Bar Kuki, en los setenta, cuando era punto de reunión de los gitanos de la calle de la Cera o en su encarnación 'hard' posterior, cuando los tres hermanos roqueros del grupo De Kalle lo convirtieron en un clásico de la resistencia del punk y el rock barcelonés. Ahora el Big Bang sigue dedicado a la música en vivo, en este caso más escorado hacia el jazz: abundan los conciertos de buenos músicos de la escena jazz barcelonesa y también visitas internacionales, a primera hora, y después sesiones de rock, soul y jazz.

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La Rouge
Irene Fernandez

La Rouge

4 de 5 estrellas
Música Ciutat Vella

"Tengo un bar en la rambla del Raval y te lo quiero regalar". Media naranja empapada de absenta flamea ante mí mientras Jordina me explica cómo Mohamed le ofreció La Rouge en 2007. Mohamed es el dueño de la cadena de los Pepe 's del Paral·lel, Jordina es una arquitecta leridana de Ponts que ha vivido en medio mundo y que antes de abrir este local tuvo el Lempika de Carretes y ahora el Lupita. El chupito La Rouge que me tomaré cuando se apague la llama lleva absenta, triple seco y azúcar moreno: buenísimo, 3.5 euros. ¿Por qué le regaló el local? Le gustaba como llevaba el Lempika y tenía demasiado trabajo levantando su imperio; se lo cedió hasta 2010 y, finalmente, se lo traspasó. "La Rouge es uno de los lugares realmente cosmopolitas de Barcelona, " dice ella. "Se generan nuevas dinámicas entre gente de todo tipo y de todas partes. Aquí vienen okupas, estudiantes, moros, negros, músicos, afters... Es un auténtico punto de encuentro". Fue uno de los primeros bares no paquistaníes en abrir en la rambla del Raval -entonces todavía una herida abierta y enseguida se convirtió en toda una institución. Aquí hacía de camarera Diana Pornoterrorista y le ofrecieron un contrato laboral a Patricia Heras para que pudiera salir de la cárcel. Por la mañana te puedes encontrar gente trabajando con el portátil -wifi gratis-, los domingos por la noche conciertos de flamenco y presentaciones de libros relacionados con el barrio. Es uno de los grandes catalizadores del Raval.

Manolito
©IreneFernandez

Manolito

3 de 5 estrellas
Restaurantes Mediterránea El Raval

Las metrópolis son organismos acelerados, en cambio permanente. Están las soluciones urbanísticas dictadas desde arriba y los movimientos peristálticos, espontáneos, de la ciudad misma. El encaje es lo que acaba dando forma a nuestros barrios, calles y plazas, porque, como decía Valéry, "dos peligros amenazan constantemente el mundo: el orden y el desorden". La calle Robador ha sufrido muchos cambios: el Ayuntamiento se obcecó en 'limpiarlo' de prostitutas y lavarle la cara: demasiado céntrico y demasiado al alcance de los turistas, crudo y real, la Bata de Boatiné bajó la persiana dejando huérfanos a buena parte del colectivo queer de la ciudad, locales populares de toda la vida también han cerrado y se han abierto otros, como La Robadora, que se dirigen a un público con una capacidad adquisitiva superior a la del entorno inmediato.Maria de la Casa de la Pradera y Krishna del Chelo han cogido un local de la calle donde antes se hacía microteatro y lo han convertido en un bar de tapas: el Manolito. Lo primero que te sorprende al entrar es la luminosidad: el espacio, diáfano, recibe un baño de luz desde los ventanales de atrás que lo convierte en una burbuja cálida y agradable en medio de un barrio de calles estrechas y oscuras.El suelo y las mesas de madera incrementan esa sensación uterina y el trato amable y familiar de los propietarios también. En Manolito puedes comer unas deliciosas berenjenas fritas con miel acompañadas de un zumo natural con ingredientes como manzana,

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Olímpic Bar

4 de 5 estrellas
Bares y pubs El Raval

El Olímpic Bar es un vórtice en torno al cual giran en espiral bohemios, hipsters, crust, freaks del Raval, grupos de universitarios borrachos que quieren ver el fútbol, ​​parejitas con poca pasta en los bolsillos... Este dinosaurio, revivido recientemente para felicidad de los arqueólogos del buen beber, conserva su encanto primigenio, pero ha vuelto con un lifting de espíritu tan bestia que se ha convertido en un delicioso contraste viviente: es un bar de viejos que vuelve locos a los jóvenes. Con un despliegue inhumano de baldosas de los setenta y un mobiliario de madera cromada de lo más kitsch, el Olímpic recuerda al clásico bar rancio del Raval, y en esencia lo es, pero sus reanimadores han conseguido darle una pátina de modernidad reciclada y una personalidad de clara influencia hipster que funcionan muy bien. Intentad relajaros en sus butacones de la entrada -dignos del recibidor de la Pantoja de Puerto Rico-y desde allí podréis tener una visión privilegiada del tráfico- y del tráfico- de la calle Joaquín Costa. No hay puerta, el bar está abierto del todo a este escaparate Raval. Si miráis hacia dentro, veréis que el local, con las paredes pintadas de azul cian, se estira siguiendo una barra metálica provista de un escaparate de charcutería de barrio lleno de frutas de todo tipo (hacen unos zumos cojonudos). Podréis pasar el día entero matando el gusanillo con aperitivos, tapas, ensaladas y picoteo a precios de barrio, disfrutando de un buen mojito o saboreando una

Bar Roso

3 de 5 estrellas
Bares y pubs El Raval

Este es un lugar de aquellos que podemos llamar "de toda la vida" sin sonrojarnos: en este inmueble con más de un siglo de antigüedad, se encuentra Bar Roso, abierto en el año 1966. Es un bar tranquilo y acogedor, patria del carajillo, la bota de vino y las conversaciones amistosas. No confundir con la coctelería Bar Rosso.

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