La Clemenza di Tito

Música, clásica y ópera
Recomendado
3 de 5 estrellas
La Clemenza di Tito al Liceu
©Pascal Victor/artcompress

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3 de 5 estrellas

Tres meses antes de su muerte, Wolfgang Amadeus Mozart aceptó el encargo de Leopoldo II de celebrar su coronación con una ópera seria, género ya en vías de extinción. El resultado es 'La clemenza di Tito', la última ópera que escribió el genio de Salzburgo, estrenada en el Teatro Nacional de Praga el 6 de septiembre de 1791. Atesora música de extraordinaria belleza y expresividad, que compensan las limitaciones de un librito adaptado por Caterino Mazzolà a partir de una alegórica pieza de Metastasio sobre la bondad del emperador Tito.

Con una monumental escenografía, la producción del Liceu firmada por David McVicar traslada a la época del Primer Imperio francés la trama original, situada en la Roma del siglo I; Vitellia, hija de Vespasiano, y su amante Sesto intentan asesinar a Tito, el nuevo emperador, tan bondadoso que, en lugar de ejecutarlos, los perdona. Su puesta en escena, muy monótona, ofrece menos de lo que promete, con extravagancias como el vestuario de una guardia pretoriana que parecen samurais con la espada siempre a punto.

Notable rendimiento de la orquesta y el coro bajo la dirección de Philippe Auguin y un reparto de buenos cantantes encabezado por el tenor Paolo Fanale, un Tito de medios demasiado ligeros. Destacan el muy expresivo y bien cantado Sesto de la mezzosoprano Stéphanie de Oustrac, la temperamental Vitellia de la soprano Myrtò Papatanasiu, algo desbordada en los pasajes de agilidad, y la soprano Anne-Catherine Gillet como notable Servilia.

 

Por Javier Pérez Senz

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