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Alba Flores: "Me dicen que me parezco a mi abuelo, que era bastante más reservado"

Hablamos con la actriz sobre el viaje emocional que ha supuesto para ella levantar Flores para 'Antonio', el precioso documental que celebra la figura de su padre, Antonio Flores

Àlex Montoya
Escrito por
Àlex Montoya
Editor de cine
Alba Flores
Foto: In-Edit | Alba Flores
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Cuenta que, cuando murió, ella estaba un poco enfadada con su padre. Alba no pudo despedirse, ni siquiera acudió a su funeral. Tenía ocho años, y el revuelo mediático hizo que protegerla fuera una obligación. En solamente quince días había perdido al pilar de la familia, la abuela “Oleole”, como ella la llamaba; Lola Flores, como la llamábamos los demás. Devastado por la tristeza, y mientras su álbum Cosas mías parecía hacerle imparable en el mundo de la música, Antonio no pudo soportarlo. Han pasado tres décadas, y Alba Flores (Madrid, 1986) ha recorrido un largo camino de reconciliación, de autoconocimiento, de poner las cosas en su sitio y de atreverse a decir en voz alta lo que nunca había osado preguntar.

El Festival In-Edit de Barcelona estrena un documental que es, al mismo tiempo, un ejercicio catártico para la familia González Flores –y en especial para Alba– y un luminoso homenaje-celebración del arte de un hombre único que se fue demasiado pronto. Es imposible salir de la proyección de Flores para Antonio sin que alguna lágrima cruce la mejilla de un espectador removido por dentro. Pero el efecto de esta película, codirigida por Isaki Lacuesta y Elena Molina, es también el de un sentido y amoroso abrazo.

Es a través de la mirada de Alba, de sus charlas con sus tías Lolita y Rosario o con viejos amigos de su padre, de sus descubrimientos, de las cajas de fotografías, de las grabaciones de maquetas, de los vídeos caseros y también de muchísimas imágenes televisivas, que el documental homenajea al artista y al hombre. Relata la búsqueda de una voz propia y no esconde las sombras: las vulnerabilidades, las adicciones, los amores rotos. “Sabemos cuál es mi dolor, por favor dame calor”, cantaba Antonio. Y la película nos lo da. 

Flores para Antonio
© Concha de la RosaFlores para Antonio

Compartir y celebrar a tu padre: Flores para Antonio es un viaje emocional tremendo, y supongo que ya has empezado a notar que muchos lo compartimos contigo.
En realidad, ya lo notaba de antes. Por eso también me animé a hacer algo así. Durante toda mi vida, creo que no ha habido una semana en la que no se me haya acercado alguna persona a hablarme de él, de lo que había significado la música de mi padre en sus vidas, de cómo sintieron su pérdida o incluso de cómo se acordaban de dónde estaban cuando murió. Eso ha sido así desde que tenía ocho años. Sabía de buena tinta que había un considerable número de personas con, digamos, un anhelo de que existiera algo sobre él más allá de su música. Intuía que íbamos a tener un público interesado. Esta película es, también, mi respuesta al cariño recibido por parte de todas esas personas durante toda mi vida. A mí jamás nadie se me ha acercado hablándome mal de mi padre… No, al contrario, todo han sido palabras de cariño, y de alguna manera ese cariño había que corresponderlo, ¿no? No solo hacia él, sino también hacia su público.

Jamás nadie se me ha acercado hablándome mal de mi padre

Tardaste en decidirte a emprender este viaje...
Bueno, es que ni siquiera siento que me decidiera. Ha sido algo que me ha ido aconteciendo. He pasado etapas, he hecho terapia, he ido colocando las vivencias que he tenido con todo este asunto, y creo que me ha llegado un momento –justamente por cumplir más años de los que tuvo mi padre en vida– que me ha colocado en el lugar de poder mirar con madurez a mi propio padre y también a mi propia historia.

Flores para Antonio sigue el trayecto vital y artístico de tu padre. Pero también, como le he oído decir a Isaki, es una película sobre una niña que no puede cantar hasta que, de algún modo, hace las paces con la memoria de su padre. ¿Cómo la película se convierte en lo que es?
Primero queríamos hacer un homenaje y una celebración de mi padre, y punto. Pero luego, hablando con Elena y con Isaki, ellos vieron claramente desde el guion que yo era un personaje en esta historia. Al contarles cómo lo había vivido, les pareció que lo interesante era relatarlo a través de mí: cómo lo estaba buscando, cómo quería integrar a mi padre en mi vida, mi necesidad de repasar cómo había sido su vida y su muerte para poder ser una persona más completa. Elena e Isaki vieron un valor ahí y me animaron a ponerme delante de la cámara. Y ante eso, lo que yo vi fue una oportunidad que la vida me estaba ofreciendo: un paso grande para mí, y probablemente para mi familia. Seguramente también compartido con otras personas a las que les pueda resultar útil. Porque conversaciones pendientes… dudo mucho que haya alguna familia que no las tenga. ¡Así que venga, para adelante!

Tenía la necesidad de repasar cómo había sido su vida y su muerte para poder ser una persona más completa

La película es un homenaje a tu padre, pero también a tu madre, Ana Villa, que es fundamental para ofrecer un retrato completo.
Hombre, por supuesto. Una de las pautas que para mí era importantísima fue transmitirles a Isaki y a Elena que no podía haber homenaje a mi padre sin homenaje a mi madre. Porque, durante todos estos años, ella ha cuidado el legado de mi padre, y entre ese legado me encuentro yo como hija de ambos. Mi madre me ha dado una lección de amor muy grande. Porque, más allá de cómo le hubieran podido hacer sentir ciertas cosas, siempre ha apostado por que el legado y las canciones de mi padre tuvieran su lugar, que la gente las escuchara. Aunque para ella, por ejemplo, escuchar Siete vidas sea algo muy duro y muy difícil. Da una lección de amor, no solamente hacia mi padre, también hacia el arte.

Flores para Antonio
Foto: Movistar+Flores para Antonio

Este ha sido un proceso largo que empezó con el rodaje y que...
...empezó antes, con la preproducción, imagínate, porque también soy productora del documental. Han sido muchos procesos que se han ido solapando. El proceso empezó antes del rodaje, cuando nos preguntábamos qué queríamos hacer y cómo. Yo tenía claro que no quería hacer un contenido para televisión. Quería hacer otra cosa, algo especial, un hito. Algo más condensado: una película que la gente tuviera la oportunidad de ver en una sala, con las luces apagadas, y emprender ese viaje. Hacer la película ha sido una escuela de cine impresionante para mí.

...empezó en la preproducción, entonces, y a lo que yo iba: entiendo que tu viaje todavía no está completo.
¡Ah, no, claro! Es el viaje de la vida. Hemos retratado un instante de todo este trayecto, un momento importante que es también un paso grande. Pero mi vida sigue y continúo procesando cosas. Se ve muy claramente con el archivo, y esto es lo gracioso: hay tantísimo material sobre mi familia… Y no hablo solo de nuestros vídeos caseros. Me refiero al archivo público, que es infinito: ya estábamos finalizando el montaje y aparecían más cosas. Ya con la película montada seguían saliendo imágenes nuevas, y eso continuará ocurriendo. Y son cosas que, en lo personal, tendré que gestionar e integrar. Pero eso es lo normal: nos pasamos la vida entera integrando quiénes somos.

Has tenido dos magníficos compañeros de viaje en Isaki y Elena...
Habría sido imposible todo esto con uno solo de ellos. La película requería de esas dos sensibilidades y de lo que cada uno ha aportado. Isaki tiene una poética y un ojo tan limpio… Y Elena posee una conciencia muy grande de lo que está contando y un sentido del cine maravilloso. Ella se identificaba más conmigo y con todas las mujeres de la película, que son muchas. Y eso era importante: que estuvieran ambas miradas integradas, porque esta es una historia sobre un hombre que vive en una casa de mujeres.

En ese archivo público hay muchos momentos en los que tu abuela, tus tías o tu padre aparecen hablando con naturalidad de todo tipo de asuntos íntimos en televisión. Los Flores siempre fueron tremendamente honestos y abiertos. Pero me da la impresión de que tú siempre has sido mucho más reservada...
Bueno, yo es que soy de otra generación. Hablando con mis tías en la película, queda claro que la prensa de la época de mi abuela era muy distinta: había una relación más íntima, más de amistad. Luego, cuando mis tías y mi padre ya eran adultos, fueron objetivos de la prensa rosa, de los paparazzi, etcétera, que es otra dinámica. Lo que pasa ahora, y que le toca vivir a mi generación, es que la prensa –y la prensa del corazón– está intentando sobrevivir como puede. Porque ahora todo el mundo publica su vida en redes sociales; las cosas son muy diferentes. Lo esencial de mi familia tiene que ver con el arte, no tanto con la fama. La fama es algo que nos ha acontecido, pero nunca fue nuestro objetivo. Por encima de todo está lo artístico. Y eso ha sido lo que más me ha interesado. Luego pasa que soy más tímida. Me dicen que me parezco a mi abuelo, que era bastante más reservado. Y a mí me gusta serlo, porque poder descansar de la vida pública y tener una parcela privada es oro. Lo valoro muchísimo. Hay personas que llevan mejor que todo esté más mezclado, pero para mí la privacidad es muy necesaria. También tiene que ver con que, cuando tenía ocho años, mi madre tuvo que protegerme: con la muerte de mi abuela y de mi padre en tan pocos días, se formó un fenómeno mediático muy fuerte. Así que, en este sentido, he seguido un camino diferente al del resto de mi familia.

Lo esencial de mi familia tiene que ver con el arte, no tanto con la fama

En el documental se habla del legado, del peso del apellido Flores y de la búsqueda de una voz propia por parte de tu padre y de tus tías. En tanto que artista, ¿cómo has vivido el proceso de intentar encontrar tu propia voz?
Creo que la sigo buscando, efectivamente. Todo el mundo se apellida de alguna manera y todos cargamos con mochilas heredadas, y en mi caso es un peso público. Pero nadie se libra de eso, y la cuestión está en cómo lo lleves. En poder elegir, de todo eso que heredas, qué te quedas y qué no. Creo que ahora estoy incorporando a mi vida muchas cosas que tienen que ver con mi padre. Por ejemplo, la música. Tenía dificultades para relacionarme con ella de forma espontánea y libre. Pero todo eso no lo siento como un peso, sino como algo a desgranar, a entender de qué está hecho. Porque pertenecer a mi familia también me da ligereza: la relación con la gente, con el arte, con el humor, con la celebración… Mi familia es muy vital, y eso nunca se siente como un peso.

Respecto a esa reconexión con la música, en la película te escuchamos cantar. Y no contaremos en qué sentido, pero vas más allá. ¿En qué punto está ese vínculo?
Bueno, es que la vida son tantas cosas... Ahora tengo que promocionar esta película como si no hubiera un mañana, porque no hay nada que me importe más, y tengo cosas pendientes, porque este proceso ha implicado hacer un paréntesis en mi vida. Pero sí siento que he abierto un camino para relacionarme con la música desde un lugar más sano y libre. No sé qué va a suceder con eso, pero ahora sí siento que pueden pasar cosas. Antes te habría dicho: no, no, por ahí no. Ahora sí podrían suceder cosas, y es bonito. También creo que me he perdido la adolescencia musical y que tengo que entrar en una etapa de explorar, investigar, conocerme. Qué me gusta, qué no, y vivir ese proceso íntimo y bonito de curiosidad y apertura. No sé si dará fruto, ni cuándo. Lo importante es que ya lo tengo liberado. Ojalá algún día tenga algo que compartir en ese sentido.

La casa de papel
Foto: Netflix

Hablando de tu camino como intérprete, pensaba en cómo tus abuelos y tu padre hubieran flipado con el impacto internacional de la niña. Porque con La Casa de Papel te conocen en medio mundo.
Las carambolas, ¿eh? La verdad es que es cuanto menos curioso, porque tampoco es algo que yo buscara. Simplemente me ha pasado. Así que sí, creo que… bueno, si mis tías y mi madre flipan, me imagino que mi padre y mis abuelos también lo harían, claro.

¿Dirías que has encontrado tu espacio como actriz sobre todo en el teatro?
Sí, podría ser que el teatro sea mi casa profesional. Es donde me he formado como artista, lo siento como mi hogar y un sitio al que siempre me apetece volver. Porque me gusta y porque la relación con el público es una maravilla. Hay algo en el teatro que, a nivel artístico, es mucho más intenso que en lo audiovisual, donde muchas veces las grandes decisiones no las tomas tú. Pero después de haber sido productora de esta película, ahora entiendo más el proceso. Y hay algo ahí, en cuanto a tener decisiones creativas, que me gusta. No me extrañaría que, a partir de ahora, empiece a encontrar un lugar más afín dentro del audiovisual. Trabajar con Elena Molina e Isaki Lacuesta te coloca en un lugar de entender mucho más qué es lo que te gusta del cine.

Creo que, quien más quien menos, todo el mundo soltará alguna lágrima viendo la película. Pero Flores para Antonio es también un documental muy vitalista, sales del cine abrazado...
Eso me alegra, porque ha sido uno de los grandes objetivos. Quería hacer una película que fuera un canto a la vida. No quiero que estemos lamentándonos por la pérdida temprana de mi padre. Está bien que haya un espacio para el dolor y para vivir esa pérdida, pero para mí era más importante hacer un homenaje a lo que vivió, a lo que dio, a lo que nos dejó también como artista. Porque una vida más larga no tiene necesariamente más sentido que otra más corta. Y algo precioso que veo en mi padre es que realmente vivió la vida a tope, hizo un montón de cosas y dejó un montón de música y vivencias. No vivió con reservas, y eso es algo que celebrar. Yo tenía ganas de celebrarlo. Ese espíritu está en toda mi familia, y creo que es bonito darle el protagonismo a eso, no tanto a la pérdida y al dolor –que también están–, pero que no roben el show. Que no lo roben a la vida.

Estas son las películas que estamos deseando que se estrenen este mes

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