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Bajando desde la plaza de Sants se encuentra la calle Olzinelles, pasaréis por la Lleialtat Santsenca, y un poco más abajo, en el número 100, encontraréis el Noush, un nuevo restaurante de comida iraní que abrieron en verano de 2025 Ghazal Maghsoudi y Sahar Keshtzari, con Jaime Hernández como chef. Resulta, además, que es uno de los pocos restaurantes persas veganos del mundo (y el único de España). La mayoría de clientes son vecinos de Sants.
"Hacemos comfort food, las recetas de nuestras madres", dice Ghazal, que llegó a Barcelona hace unos cinco años. Cuando llegaron trabajaban en el sector de la tecnología, y Ghazal empezó a probar los platos en su casa, en el Born, para sus amigos, y cuando estuvo suficientemente segura de ellos se pusieron a buscar local. El que han encontrado en el barrio de Sants tiene un jardín escondido que es un oasis de tranquilidad.
Todo el establecimiento respira la proverbial hospitalidad del pueblo persa. Solo entrar te encuentras fotos de sus familias ("para que te sientas como en casa"). El interior es acogedor, pero elegimos la terraza, un lugar ideal para probar unos platos suaves y equilibrados. "Hay gente que piensa que la comida persa es picante", dice Gazhal. Y no, claro. "No se sobrecocina ni se ponen demasiadas especias", explica. Ahora bien, hay un secreto: en la cocina iraní "las especias se tienen que freír".
Entre los platos, destacan el estofado de berenjena (ghoore bademjun), el famoso kebab ("receta de la suegra", con base de Heura, pero la gracia reside en cómo lo aromatizan con especias) y el khoresht gheymeh, un guisado con guisantes amarillos. Los principales llevan arroz pilaf con azafrán y una pequeña ensalada. Los ingredientes los traen de Irán y los que no son catalanes, de proximidad. Incluso tienen cerveza persa, la Cyrus –cerveza rubia de azafrán–, que se fabrica en los Países Bajos.
Alargar la sobremesa
En cuanto a los entrantes, tienen hummus, ensalada de pepino y baba ganoush mezze, y también podéis picar unas olivas persas (sorprende cómo están marinadas con melaza de granada, nueces y hierbas frescas). De cara al postre, reservad espacio: no os podéis perder ni el helado de pistacho ni el pastel del día.
Tan sencillo y sabroso como la comida es el trato amabilísimo que Sahar y Ghazal dispensan a los clientes. Por eso la terraza se convierte en un buen lugar donde alargar la sobremesa y, hablando con ellas, descubrir más cosas de un país, una gente y una cultura riquísimas que desgraciadamente ahora se encuentran entre el fuego cruzado de occidente y los ayatolás.

