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Esta mítica bodega de Barcelona irá a juicio contra el Ayuntamiento de Barcelona para poder mantener su no menos mítico cartel

Hace un par de años, quien escribe hizo un reportaje sobre las dificultades a las que se enfrentan las bodegas de Barcelona, comercios de proximidad singulares e históricos, para mantener en funcionamiento infraestructuras que a veces rozan el siglo de antigüedad. A menudo, una bodega no puede acceder a una licencia para tener una freidora. Pero otras veces, entra en juego un universo legislativo que ríase usted de las ventanillas de Kafka: aquello que les confiere su valor patrimonial y su calor a veces se convierte en un ancla en el pasado que las puede hundir.
Un caso clarísimo lo tenemos en el histórico cartel del Bar Bodega Carol: desde 2015, cuando Alberto Moyano y compañía reabrieron la bodega, este elemento otorga a la esquina su carisma popular de pura cepa (el otro lo aportan sus precios y el ofrecer un producto porcino inmejorable y unas cañas excelentes: como quien dice, la locura del torrezno en Barcelona la empezaron ellos). Ahora bien, este rectángulo de plástico con letras rojas y negras retroiluminadas sobrepasa por unos veinte centímetros por cada lado el marco de la puerta, y el Ayuntamiento quiere obligar a la Carol a retirarlo, porque considera que no se ajusta a la legalidad vigente.
A finales de febrero de 2024 murió Pep 'Fury' Forés, encargado y socio de la Carol, y queridísimo personaje en el mundo bodeguero, punk y vecinal de Barcelona (tuvo un concierto homenaje, el PepFest, en La Deskomunal). "Una cosa no tiene que ver con la otra, pero al día siguiente recibimos una incoación de expediente de vulneración de la legalidad urbanística por parte del Ayuntamiento de Barcelona", me explica Moyano (quien además de bodeguero es abogado). La comunicación les conminaba a retirar el cartel, bajo riesgo de sanción o incluso de cese de actividad, "y recibir esto con el cuerpo caliente de Fury en el ataúd del velatorio nos destrozó", rememora triste.
Según la notificación, dice Moyano, "el letrero, el toldo y la caja de la alarma quedan fuera del espacio que les corresponde, que tendría que ser el marco de la puerta. Si no es así, yo estoy invadiendo la fachada, y este, al parecer, es un tema de máxima sensibilidad para el Ayuntamiento", prosigue. El abogado entiende que "sobre el papel, esta ley de 2011 tiene una lógica: que no metas en la fachada una locura disparatada, para evitar que por interés comercial se invada el espacio público".
"Nos han multado con 1.600 euros y si perdemos el juicio nos retirarán el cartel"
El bodeguero asegura que tras la denuncia hay mala fe. Quien hizo saltar la liebre burocrática de la queja "és alguien implicado en la parte contraria de un juicio en el que yo participo", asegura, después de haber consultado la documentación pertinente: "Un vecino no es. El propietario del inmueble nos ha renovado el contrato por 15 años, con una subida de 50 euros, y todos los vecinos del edificio están encantados con nosotros, son todos clientes. El Ayuntamiento no puede actuar de oficio en estos casos, tiene que esperar que se queje algún vecino o que se entere por información de un proyecto urbanístico", afirma.
Con el amenazador expediente en la mano, la Carol plantó cara. Después de asesorarse por un urbanista, y presentar una serie de alegaciones a la exigencia del Ayuntamiento –que el consistorio desestimó–, los socios de la bodega decidieron ir a juicio por el derecho de mantener su identidad gráfica, que tendrá lugar el próximo octubre. Por el camino ya les han caído dos multas, de un total de 1.600 euros. "Las multas han sido un varapalo, pero yo soy abogado y al menos nos ahorraremos el dinero de la representación legal", dice socarrón.
"No infringimos ninguna ley, porque cuando la ley entró en vigencia el delito ya había prescrito"
La Carol plantará cara, entre otras cosas, porque Moyano está convencido de que tiene la razón de su parte. La primera bodega que hubo en Aragón, 558, es de 1939, "y el cartel en cuestión, tal como es hoy, se puso entre 1954 y 1987. El marco blanco del cartel es, como mínimo, de 1954, y la última propietaria hizo añadir las letras con el nombre de su hija hacia 1987". Es decir, que estamos hablando de una infracción urbanística que existe desde hace más de 40 años, y según Moyano "cuando entró en vigencia esta ley, en 2011, el delito ya había prescrito".
No tiene muchas esperanzas de ganar el juicio. Porque explica que el Ayuntamiento tiene el convencimiento de que "el uso ilegítimo de fachada es un delito que no prescribe nunca" (quien escribe no tiene ni idea de leyes, pero sabe que un asesinato prescribe a los veinte años, o sea que tener dos palmos de cartel de plástico fuera del marco de la puerta debe de ser peor que matar a alguien). Si las cosas van mal, les obligarán a retirar el cartel y el toldo. Según ha publicado El Periódico, el consistorio está estudiando modificar la normativa para evitar estas casuísticas surrealistas para el comercio emblemático, "pero a mí nadie del Ayuntamiento me ha dicho nada de nada", afirma Moyano.
En todo caso, el único homicidio que comete la Carol es matar de gusto a su parroquia, con una selección de torreznos, quesos potentes, panceta ibérica, mojama de Barbate, chicharrones de Cádiz y fuet del bueno que salen de su barra a precios irrisorios (y como decía Escohotado, cada uno decide qué veneno le corre bajo la piel). O sea que ahora toca ir a 'carolear' más y mejor. Moyano, que fue impulsor del plan de protección de 31 bodegas de Barcelona –que se quedó en doce locales, solamente– opina que "Ravalejar ha ficcionado un poco, pero en realidad la serie se queda corta".
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