Bodega Sopena
Foto: Irene Fernández | Bodega Sopena
Foto: Irene Fernández

Las mejores bodegas de barrio Barcelona

Bodegas de barrio: los lugares ideales para tomar vermut y tapas en locales con historia

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Botas, grifos, anchoas y alegría. Patrimonio material y líquido de una ciudad con un exceso de culto a la novedad y a los restaurantes recién abiertos. Si sois más de la vieja escuela y os gustan los clásicos a granel que sobreviven conservando su esencia, entre madera y trato familiar, esta es vuestra lista. Aquí podréis practicar la sana religión de las mejores tapas, la religión de la buena croqueta y la liturgia del vermut en las bodegas más especiales de la ciudad.

Nuestra selección

Quince barrios, quince locales. Algunos intactos ante el paso del tiempo, otros reconvertidos en gastro-bodegas y bares de tapas que se esfuerzan por mantener el alma de su pasado. Son lugares donde las agujas del reloj van a otro ritmo y donde todavía tiene sentido entrar a tomar un trago sin saber cuándo saldréis. ¡Preparaos para vivir la vida a granel!

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Las mejores bodegas de Barcelona

  • Bodegas
  • Dreta de l'Eixample

De qué va: Los hermanos Montero, David y Carlos, salvaron en 2010 la graciense Bodega Quimet del cierre y, de paso, se convirtieron en pioneros de la neobodega y de la recuperación del vermut. A base de humanidad, persistencia, precios populares, alta calidad y mucho trabajo y vocación de servicio al barrio, fueron de los primeros en convertir un establecimiento venerable pero envejecido en un bar de culto. Ahora han hecho lo mismo con la Bodega Nulles, una bodega centenaria de la Sagrada Família, allí donde falta barrio. Atención a las anchoas caseras, el jamón cortado a mano y los guisos, que tienen ese chup-chup de abuela.

Por qué nos gusta: Porque se nota el amor con el que han abordado la restauración: botas de vino y tanques de cerveza fresca, grifos de vermut, azulejos y muebles de anticuario. Y, por supuesto, la manduca tiene la misma calidad que la de Quimet.

Dónde: Nàpols, 239

  • Sarrià - Sant Gervasi
  • Crítica de Time Out

De qué va: La centenaria Bodega Josefa fue durante años y años un templo de los aficionados al Barça, con una estética de película del Far West de esas que veías los sábados por la tarde con tu abuelo. Como tantas otras, cerró para volver a nacer. Los responsables de su resurrección son Oriol Lagé en la cocina —exchef del restaurante Ot— y Santi Olivella en sala, expropietario del Cata 1.81. Aquí encontraréis desayunos de traca, con bocadillos potentes a la catalana —butifarra y queso, tortilla francesa, tortilla de jamón...—, vermuteo con todas las de la ley, tapas muy bien hechas —¡qué buena la morralla fresca frita!— y unos platos principales con algún pequeño giro: albóndigas —aquí, Stroganoff— con patatas fritas, capipota, fricandó —que ellos preparan con morro de cerdo— o unos macarrones con butifarra del perol.

Por qué nos gusta: Porque la intención es mantener su carácter de lugar popular de socialización —las noches del Barça continúan, claro—, con una carta pensada para todas las franjas del día.

Dónde: Saragossa, 86

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  • Bodegas
  • Barcelona
  • Crítica de Time Out

De qué va: La histórica Bodega Vidal del Poble-sec, con casi cien años de vida, cerró a finales de 2025. Y a principios de 2026 reabrió bajo el auspicio de la misma propiedad que el Bar Bodega Gol de Sant Antoni y Bodega Manolo de Gràcia, con Roger Solé como director de cocina. Su fantástica barra de acero refrigerada exhibe un ejército de bandejas con delicatessen, la mayoría frías —los platos calientes llegan de la cercana Gol—. Y esto no es ningún inconveniente: su fuente de inspiración es la venerable Quimet & Quimet.

Por qué nos gusta: La Vidal tiene la fortaleza de una barra maravillosa y la debilidad de no tener cocina. Así que han optado por potenciar sus virtudes, claro. Y lo han conseguido con creces.

Dónde: Nou de la Rambla, 148

  • Sants - Montjuïc
  • Crítica de Time Out

De qué va: La bodega se ha hecho famosa por sus bocadillos para desayunar, que por su tamaño merecen el calificativo de desayunos de tenedor: el de butifarra desmigada con dados de berenjena, el de capipota con chimichurri y el de buen atún con queso y tomate seco son algunas de las sorpresas que os esperan para levantaros el ánimo por las mañanas. Cada día presentan en redes sociales el bocadillo del día y es fácil que se os haga la boca agua. La bodega abre todo el día. Por eso, no se puede dejar de mencionar la oferta de tapas, como las bravas personalizadas, las tortillas, las albóndigas y las croquetas. Son de los mismos propietarios que la Bodega Carol del Clot.

Por qué nos gusta: Todo el mundo se deshace en elogios cuando habla de la Montferry. Y no es para menos: aquí merece la pena tanto lo que se bebe como lo que se come.

Dónde: Passatge de Serra i Arola, 13

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  • Barcelona
  • Crítica de Time Out

De qué va: Justo al lado del puente de Vallcarca, la bodega cooperativa La Riera es un bar de barrio, obrero y anarquista. No tengáis miedo: aquí todo el mundo es bienvenido, y las cañas son de buena cerveza y están bien tiradas. Alejada del bullicio urbano y turístico, encontraréis una bodega de toda la vida, con calidez y un saludable y nada disimulado espíritu anarquista: nada más entrar, la bota de vino os grita «¡Basta de derribos and remember: Gaudí hates you!». Para beber, vino y vermut a granel, vino de cooperativa y ecológico en botella, cervezas artesanas, ratafía, zumos ecológicos… Y todo elaborado en territorio catalán. Para comer, una carta de buenos bocadillos, tapas y ensaladas, con especial protagonismo de las opciones vegetarianas: incluso elaboran su propia sobrasada vegana.

Por qué nos gusta: Por su calidez, sus precios populares y las actividades que organizan a menudo: conciertos en formato de bolsillo, charlas, karaoke, etc.

Dónde: Av. de Vallcarca, 81

  • Bodegas
  • Provençals del Poblenou
  • precio 1 de 4

De qué va: Puertas de madera pintadas de rojo. Una hilera de tinas oscurecidas por el paso de los años. Pilas de cajas de cervezas de colores. Carteles taurinos y una camiseta del Espanyol. Suelo de madera y mucha tradición: la J viene de Joaquina, la madre del propietario, Johnny. Junto a su mujer, Rosa, solo abren al mediodía y ofrecen el clásico combinado de anchoas con aceitunas rellenas y vermut a precio de risa.

Por qué nos gusta: Por sus anchoas, que son un escándalo. El matrimonio, encantador, se pasa cada tarde dos o tres horas limpiándolas para que al día siguiente podáis zampároslas: ¡eso sí que es dedicación!

Dónde: Pere IV, 460

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  • Horta - Guinardó
  • precio 1 de 4

De qué va: En un callejón de Horta, frente a un ciruelo en flor, hay una pequeña puerta que da acceso a un tesoro de bodega, toda una institución del barrio desde hace más de 80 años: la Bodega Massana. La botareloj con doce grifos —con variedades poco habituales— os recibe detrás de la barra, donde no paran de servir vermuts y cañas, caracoles picantes, butifarras con judías y todo tipo de manjares espléndidos a precios asequibles. Tienen un pequeño patio para fumar y descongestionar el local, que es tan popular que siempre hay jaleo y está lleno hasta la bandera.

Por qué nos gusta: Porque es uno de esos lugares que, si vais una vez, volveréis.

Dónde: Horta, 1

  • Horta - Guinardó

De qué va: Abierta en 1956 por el abuelo del actual propietario, el enólogo Xavier Garcia, la Bodega Lluís, en el distrito de Sant Andreu, os conquista el corazón con vermuts de cinco estrellas. Las estanterías cargadas de botellas de vino, las neveras antiguas y las bolsas de patatas colgadas como guirnaldas de fiesta mayor son solo el decorado de un lugar que sigue siendo, ante todo, de los vecinos, que se acercan con las bolsas de la compra. Por las mañanas, la bodega recibe a los parroquianos más veteranos, que vienen a leer el periódico y tomarse una caña. Y los combinados de la casa, con berberechos, navajas y almejas, harían creer hasta a un ateo.

Por qué nos gusta: Por sus ‘xapatetes’, hechas con pan del Forn dels 15 y embutidos de la mítica charcutería del barrio, Gasch.

Dónde: Pinar del Río, 74

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  • Sant Martí
  • precio 1 de 4

De qué va: Desde hace más de 40 años, esta bodega es la reina de la plaza del Mercat del Clot y siempre ha funcionado más como tienda que como bar: venden vinos y licores a granel, vino embotellado, cavas y cervezas de la tierra. Unas pocas sillas testimonian que también se puede degustar el vino in situ, acompañado de alguna lata vermutera. Nadie diría que a según qué horas esto se llena hasta los topes. A finales del siglo XIX, esta taberna era una fábrica de licores donde se elaboraban anisados y absentas. Ahora encontraréis un templo dedicado al culto al mejillón, los berberechos y otras conservas, y al vermut de calidad. También tienen buenos embutidos de León y quesos exquisitos.

Por qué nos gusta: Porque tomar el vermut aquí hace que la vida sea un poco mejor, aunque toque hacer cola y tomárselo de pie.

Dónde: Clot, 5

  • Nou Barris
  • precio 1 de 4
  • Crítica de Time Out

De qué va: Porta, en Nou Barris, es un pequeño barrio barcelonés de topónimos mallorquines y naranjos amargos. Y junto a la parada de metro de Llucmajor, desde hace 50 años, encontramos la Bodegueta d’en Miquel. Hace dos décadas que Miquel Àngel Borrull y José Miguel García llevan las riendas. El local, pequeño y acogedor, lleno de botas de vino y botellas —¡como debe ser!—, ofrece buenas conservas, tapas de todo tipo y alguna cazuelita. Triunfa especialmente el rollito de cecina con crema de queso de Cabrales y avellana picada. Y el vino a granel sigue corriendo.

Por qué nos gusta: Porque es uno de los centros sociales espontáneos del barrio.

Dónde: Plaça dels Jardins d’Alfàbia, 3

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  • El Raval

De qué va: Último bastión de una larga tradición de bodegas del Barrio Chino, el hijo de Montse, Javi, se encarga de seguir sirviendo manduca a quien pasa con cuatro duros en el bolsillo, como han hecho los propietarios de este local durante más de 100 años. La clientela no es precisamente la más joven del mundo y, precisamente por eso, si vais y paráis la oreja, escucharéis historias fascinantes, auténticas lecciones de vida. En las paredes, fotos de la Barcelona antigua, carteles de corridas y polvo y telarañas de tiempos inmemoriales. Si queréis, os sirven el vino en porrón, que siempre entra mejor.

Por qué nos gusta: Porque resiste con dignidad los embates de la gentrificación del barrio. Lo podéis comprobar en el cortometraje documental Montse: La penúltima bodega.

Dónde: Arc de Sant Agustí, 6

  • Española
  • El Gòtic
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

De qué va: Abrió en 1902 como tienda de ultramarinos, después se convirtió en bodega y, con los años, en punto de encuentro de artistas, pintores y poetas. Hoy es una gastro-bodega dirigida por la restauradora Judith Giménez, también propietaria de Bellafila y de la librería Sant Jordi. Encontraréis tapas de todo tipo, buena cocina catalana y una amplia carta de vinos y cavas.

Por qué nos gusta: Porque el paso de los años no ha conseguido arrancarle a La Palma su esencia de bodega de toda la vida. Las botas de vino todavía se pueden ver desde el ventanal que da a una barra de mármol abarrotada de latas de conserva, buenos embutidos y tomates de colgar.

Dónde: La Palma de Sant Just, 7

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  • Bodegas
  • Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera

De qué va: Después del descalabro urbanístico del Forat de la Vergonya, la centenaria Bodega Jané —recóndita y encajada entre calles, con unas paredes que podrían contar mil y una historias— resurgió de sus cenizas en un nuevo local, más espacioso y luminoso que el antiguo, pero con la misma nevera de madera que le daba tanta solera. Las paredes, tapizadas de botellas, acogen licores y cavas, un tirador de cerveza artesana y vermut de la casa.

Por qué nos gusta: Porque si estáis por el centro de la ciudad, esta bodega es el lugar ideal para dejaros recomendar un buen vino o picar alguna lata.

Dónde: Fonollar, 24

  • Vila de Gràcia
  • precio 1 de 4
  • Crítica de Time Out

De qué va: La Marín tiene 120 años de historia y es de esos lugares donde pones un pie dentro y parece que el mundo se detiene. Ahora la llevan Vanessa, sumiller, y su pareja, Luis. La bodega sigue siendo pequeña y estrecha, con las paredes altas repletas de botellas antiguas y ese olor a botas de vino que han visto —y olido— de todos los colores. Para matar el hambre, encontraréis platillos tradicionales como callos, rabo de toro, carrillera, caracoles, jabalí o corzo. Los nuevos propietarios también han incorporado algunas delicatessen, como las ostras del Delta del Ebro, las navajas gallegas y el pulpo.

Por qué nos gusta: Porque merece la pena ir aunque solo sea para quedarse boquiabierto mirando las paredes.

Dónde: Milà i Fontanals, 72

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  • Barcelona
  • precio 1 de 4

De qué va: Una taberna con regusto a pasado —abrió en 1973— pero con la mirada puesta en el presente. Gladys Roca, la actual propietaria, sigue vendiendo vino a granel y despachando cositas ricas para picar. Todavía encontraréis barriles y neveras de madera antiguas que denotan un buen gusto por las cosas de toda la vida. A la hora del vermut se llena como antes, cuando los abuelos salían a pasear con los nietos y se tomaban el trago justo antes del tiberio del domingo. Encontraréis un buen surtido de cervezas artesanas, algunas de tirador, buenos embutidos, quesos y tapas variadas.

Por qué nos gusta: Porque es uno de esos lugares de la Barceloneta que destilan respeto por la tradición, y se agradece que todavía queden locales así en el barrio.

Dónde: Sant Carles, 18

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