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Pol Rodríguez: "Nos presionamos para sobrevivir en una ciudad donde se especula con un derecho fundamental, la vivienda"

El director estrena 'Ravalear', un thriller inmobiliario codirigido con Isaki Lacuesta y basado en la vida de su familia en el Raval

Ricard Martín
Escrito por
Ricard Martín
Editor de Menjar i Beure, Time Out Barcelona
Pol Rodríguez en el barrio del Raval
Foto: Ricard Martín | Pol Rodríguez en el barrio del Raval
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Si me permitís el juego de palabras, a veces la realidad supura la ficción. Definamos supurar: "El proceso en que una herida o infección produce, forma y expulsa pus. Es una manifestación de defensa del organismo". El restaurante Can Lluís, casi centenaria institución de la cocina popular catalana del Raval y de Barcelona, y un punto clave de reunión del mundo del teatro, cerró en 2021.

Can Lluís en 2019
Foto: Maria Dias. Can Lluís en 2019

La familia Rodríguez-Ferrer era la inquilina en Cera, 49, desde 1929. Poco antes de los estragos de la covid, lo había comprado un fondo de inversión –el administrador de la finca hizo de bisagra comisionista entre los propietarios del inmueble y los inversores– y años de mobbing inmobiliario culminaron en un episodio de desahucio con cambio de cerradura, ocupaciones y juicio.

Este episodio dramático, digno de un thriller, es el material del que se nutre la serie de televisión Ravalear, creada por Pol Rodríguez y dirigida por él mismo e Isaki Lacuesta. ¿Decía que supura? Ravalear –que se estrena el 22 de mayo en HBO/Max y ha hecho historia siendo la primera serie española que participa en la sección oficial de la Berlinale– tiene un componente curativo, de exorcismo personal. Pol Rodríguez es hijo de Ferran Rodríguez y Júlia Ferrer, tercera generación de un restaurante que no ha pasado a la cuarta.

Foto: Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez en el Raval
Foto: HBO/ Lucía Faraig. Foto: Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez en el Raval

"El otro día mi padre me decía: 'Ahora estoy mucho mejor'.' El cine da la posibilidad de revisitar las cosas, de repensarlas y de volver a hacer un discurso. Nos ha ayudado a revisitar un proceso traumático y hacerlo desde la distancia, de manera más analítica, y eso te ayuda a entenderlo", me explica Rodríguez. Nos sentamos en el Guixot, un restaurante ravalero a 100 metros de Can Lluís, este último reabierto bajo una nueva propiedad.

Un restaurante de verdad

Si algo transmite la serie, es amor y entendimiento por el oficio de la hostelería (muy realista: The Bear al lado parece Star Wars). Quien escribe, hace un año pasó por delante del antiguo Mesón David, y pensó que reabría Can Lluís. "No, es el rodaje de una serie", me dijeron. "Tenía muy claro que debía ser un decorado real; teníamos que coger un edificio entero en el Raval que estuviera vacío, para poder recrear este espacio de la manera más fidedigna posible", dice el director. "Era muy divertido, porque durante el rodaje venían muchos vecinos a ver si podían comer", recuerda.

Can Mosques, o la recreación ficcionada de Can Lluís
Foto: HBO/Lucía Faraig. Can Mosques, o la recreación ficcionada de Can Lluís

El realismo de las escenas de cocina llega al punto de que "pudimos construir todo un restaurante de verdad: funcionaban las planchas, la freidora, la campana extractora... Funcionaba todo para que los actores pudieran vivir las escenas como si fueran reales", recuerda Rodríguez.

Lo peor que se puede hacer con un creador de ficción es preguntarle qué hay de él en la narración. ¡O sea que lo dejo para la segunda pregunta! "Mucha cosa. Pese a que es una fábula, se nutre de muchas experiencias del día a día del restaurante. Nace de una venganza poética y cinematográfica mía respecto a unos hechos que nos pasaron a la familia. Te diría que quizás los primeros 17 minutos son lo que más se acerca a mi vivencia; a partir de ahí, todo es una invención que ha sido muy divertida de escribir".

Thriller sin pistolas en el Raval

Ravalear es un thriller sobre la especulación inmobiliaria en Barcelona y en el Raval: "Quería hacer un thriller sin pistolas, rompiendo un poco los moldes del cine que estamos acostumbrados a ver, pero con una problemática tan extendida en toda la ciudad que todo el mundo pudiera sentirse identificado. Todos, en un momento u otro, tenemos algún problema con los contratos de alquiler o de compraventa", valora el cineasta.

El ánimo de hacerlo "de la manera más realista posible" llevó al director a estudiar los fondos buitre y a entrevistarse con directivos de ese mundo. Y si algo ha aprendido, es que lo que él tenía preconcebido como "una lucha de clases muy definida, con buenos y malos, en realidad es todo un sistema basado en la presión del uno sobre el otro. Eso es lo que Ravalear explica: cómo las presiones desde la dirección de un fondo de inversión afectan incluso a una niña pakistaní de segunda generación del Raval. Cómo nos vamos presionando y angustiando los unos a los otros para intentar sobrevivir en una ciudad donde se especula con un derecho fundamental como es la vivienda, que no debe ser un bien de consumo sino universal".

"Quien debe sentirse aludido por Ravalear es la clase política"

Aquí no hay ninguna abogada con papeles deus ex machina que salve a la buena gente, ni la serie quiere hacer sonrojar a los directivos: "Quien debe sentirse aludida es la clase política, que debe establecer unas reglas del juego. Si tú no las estableces o son desiguales, la gente se mueve por el territorio con lo que tiene. Aparte de eso, está la ética de cada uno: hasta qué punto debes poder presionar a los que tienes debajo para obtener más beneficio. Todo eso es una responsabilidad personal de cada uno, más allá de si trabajas en un fondo de inversión o si tienes un restaurante. En la serie, los buenos no son tan buenos ni los malos tan malos".

'Ravalear', un thriller realista "sin buenos ni malos"
Foto: HBO/Lucía Faraig. 'Ravalear', un thriller realista "sin buenos ni malos"

De hecho, el protagonista, Enric Auquer, se lanza a la delincuencia por una buena causa: con Ravalear, Rodríguez nos pregunta "¿hasta qué punto es lícito saltarte una ley que no te protege. ¿Tenemos el derecho a saltárnosla o no? Apelamos a la queja, a la rebelión y al hecho de pedir responsabilidades", concluye.

"¿Hasta qué punto es lícito saltarte una ley que no te protege?"

Quien viva o haya vivido en el Raval entenderá y seguramente amará Ravalear, un barrio en permanente mutación pero que no se libra de la estigmatización y cierta incomprensión por buena parte de los barceloneses (Habiendo pasado yo doce años en el Raval, bastantes barceloneses me han preguntado: "¿Pero cómo puedes vivir allí? ¿No te atracan cada día?". Pues no). "Es verdad que la situación de precariedad de muchos vecinos es compleja, pero casi nadie habla de que es el barrio con el mayor número de asociaciones y ONGs de Europa. Y una de las satisfacciones de Ravalear ha sido poder trabajar con la gente del barrio y ver cómo funciona este tejido vecinal", expresa, satisfecho.

"El Raval es complejo, pero nadie dice que es el barrio con más asociaciones vecinales de Europa"

El Raval, prosigue, ha sido así toda la vida: "Desde el siglo XII era donde estaban los hospitales del centro histórico. Y también ha sido donde la gente venía a pasar las noches de fiesta; siempre ha sido un barrio acogedor y hospitalario. Primero con la inmigración del resto de España y ahora con los inmigrantes de todo el mundo. Y ya sabemos cómo va esto: la estigmatización va muy bien para ganar votos y hacer campañas", remata.

Otro tema de fondo de Ravalear es el debate entre tradición y modernidad urbana. "¿Cómo debemos progresar y qué dejamos atrás? Todos estos espacios que dan identidad a las ciudades, si desaparecen, ¿qué nos queda de aquella memoria?" se pregunta el director. Al mismo tiempo, "hay una cocina donde hay un conflicto generacional familiar: debaten si seguir con una comida tradicional, una carta de cuchara, o cambiar para captar clientela moderna y turismo".

La suerte de crecer y vivir en un restaurante

Hay que preguntar a Rodríguez si pasar toda la vida en Can Lluís ha influido en su vocación artística. "Sí. Siempre fue un lugar de reunión de actores, con conversaciones de política, cultura y economía. Además, ibas a cenar allí y no sabías cómo acababas: quizás a la 1 de la madrugada venían unos gitanos y se ponían a tocar rumba, cerrábamos la persiana y nos quedábamos allí hasta las 5 de la mañana. Era un espacio donde podían pasar muchas cosas".

"He aprendido mucho de cine entre las mesas de un restaurante"

Pero a él, sobre todo, lo que le pasó fue mucho trabajo y aprendizaje, desde los 12 hasta casi los 40. "Cada viernes y sábado estaba en el restaurante, tras la barra, limpiando vasos, mientras los amigos iban al cine. Es una infancia diferente pero vivida con mucho amor y cariño. La mayoría de la gente no puede vivir lo de compartir mesa con muchísima gente y aprender de cualquier cliente que entra por la puerta". De hecho, cree que "la hostelería tiene mucho que ver con el cine, porque tiene esta parte de comunicación y hospitalidad con la que me siento muy identificado, y mucho cine lo he aprendido entre las mesas de un restaurante".

Echa un vistazo a los bares y restaurantes más antiguos que todavía resisten en Barcelona

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