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La producción catalana lleva a la pequeña pantalla el problema de la gentrificación en Barcelona

El problema de los alquileres se ha convertido en una seña de identidad más de Barcelona, al mismo nivel que la Sagrada Família o el Tibidabo. Ravalear cuenta la historia de su creador, Pol Rodríguez, y del restaurante familiar que tuvo que cerrar tras casi 100 años de historia debido a la presión de un fondo de inversión. La serie catalana ha logrado un hito histórico al convertirse en la primera producción española seleccionada por la Berlinale (el Festival Internacional de Cine de Berlín), concretamente en la sección oficial Special Series.
Ravalear relata la vida en Can Mosques, el restaurante que en la vida real se llamaba Can Lluís. Pol Rodríguez, de la mano de Isaki Lacuesta, ha querido abordar todo aquello que le marcó durante las horas que pasó trabajando en el local familiar: los vínculos que se forman día tras día en el restaurante y la desesperación de ver cómo un espacio que resistió una guerra civil y una pandemia tiene que bajar la persiana. Rodríguez, a través de la pequeña pantalla, lanza una pregunta: ¿hasta dónde se puede llegar y qué límites se pueden cruzar para salvar un restaurante?
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La serie está protagonizada por Enric Auquer, ganador de un Goya y de un Gaudí, y conocido por películas como El maestro que prometió el mar o Casa en llamas. En esta última también aparece Maria Rodríguez Soto, que forma parte del reparto de Ravalear. Francesc Orella, el personaje principal de Merlí, es otro de los nombres destacados del elenco. HBO, la productora de la serie, ha confirmado que la serie se estrenará en mayo, aunque todavía no ha especificado el día exacto.
Situado en la esquina de la calle de la Cera con Reina Amàlia, el restaurante en el corazón del Raval, abrió en el año 1929. Cerró en mayo de 2021 por la imposibilidad de asumir el nuevo alquiler, ya que la finalización del contrato de renta antigua supuso un incremento de 900 a 3.000 euros mensuales.
Gastronómicamente, destacaba por su cocina catalana con toques de Alicante y por sus arroces de renombre, y tuvo un fuerte impacto cultural en el barrio, vinculado a la rumba catalana y al teatro barcelonés. Actualmente, el restaurante continúa con su legado bajo propiedad rusa.
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