Noticias

Fiebre por los macroconciertos. ¿Por qué cada vez hay más en Barcelona?

El número de actuaciones en el Estadi Olímpic se ha más que triplicado en los últimos cinco años y en el Palau Sant Jordi hay más del doble

Borja Duñó
Escrito por
Borja Duñó
Head of Editors, Barcelona
Coldplay performing live
Photograph: Anna Lee
Publicidad

Que Barcelona cada vez acoge más macroconciertos no es solo una sensación, lo dicen los datos. Si miramos el número de conciertos que se han celebrado en el Estadi Olímpic en los últimos años, la tendencia es clara. Desde la pandemia, con el contador a cero en 2020, hemos pasado de una fecha en 2021 –el Share Festival– y dos en 2022 –Red Hot Chili Peppers e Iron Maiden–, a batir récords en 2023 con nueve conciertos –era el año de los cuatro shows de Coldplay, más los dos de Bruce Springsteen y los de Beyoncé, Harry Styles y The Weeknd.

El año pasado, en 2024, también hubo dos del Boss más el de Rammstein y el de Estopa; en 2025 hemos tenido siete, sin ningún artista que repitiese (Guns N' Roses, Imagine Dragons, Lola Indigo, Aitana, Kendrick Lamar & SZA, Blackpink y Post Malone) y antes de terminar el año ya hay nueve programados para 2026 (los cuatro de Oques Grasses, los dos de El Último de la Fila, los dos de Bad Bunny y el de The Weeknd).

Es decir, que en lo que va de la década de los 2020, ya llevamos 23 (y si contamos los de 2026 serían ya 32). Teniendo en cuenta que entre 1990 y 2019 el Estadi Olímpic acogía entre 12 y 15 conciertos por década, es decir, una media de 1,4 conciertos al año, y que ahora hemos pasado a una media de 4,6 conciertos al año, observamos durante los últimos cinco años que se ha más que triplicado el número de actuaciones en el Lluís Companys.

The Weeknd, Barcelona 2023
Foto: Jordi Borràs / ACNThe Weeknd, Barcelona 2023

Si miramos los datos del Palau Sant Jordi, el número de conciertos se ha más que duplicado, y en el Sant Jordi Club se ha multiplicado por cuatro. Si bien grandes festivales como el Primavera Sound y el Sónar han estabilizado sus cifras después de años de crecimiento, el caso de la Anella Olímpica es paradigmático y la línea ascendente es innegable.

Los tres espacios están gestionados por BSM (Barcelona Serveis Municipals), empresa del Ajuntament de Barcelona, y Natàlia Garriga es su directora. “Este crecimiento confirma una tendencia estructural del sector musical: se hacen más giras y la demanda también va al alza. En este contexto, la Anella Olímpica se ha posicionado como un espacio competitivo, con equipamientos capaces de acoger producciones de diversos formatos y primer nivel mundial”, explica.

Obviamente, el atractivo turístico de Barcelona juega un papel importante, justamente en un momento en que “la música en vivo está inmersa en un proceso de importante crecimiento de la demanda y profunda globalización. Los directos ya son la principal fuente de ingresos de los artistas. Y son muchos los artistas con audiencias cada vez más globales gracias a plataformas como TikTok, YouTube... Un ejemplo claro es el fenómeno del K-pop y bandas como Blackpink”, añade Garriga.

Blackpink Deadline world tour concert in Singapore 2025
Photograph: YG Entertainment

Cambio de comportamiento pospandémico

Hay, además, un cambio de comportamiento por parte del público que hemos ido observando sobre todo después de la pandemia, momento en que la gente echó de menos las experiencias presenciales como los conciertos. “La experiencia de un concierto de música en vivo se ha convertido en un 'bien emocional' y tiene más valor que nunca. El público adquiere la entrada no solo para ver a un determinado artista, sino para vivir una emoción colectiva. Esta es una tendencia general y global, pero muy propia de la llamada generación Z”, dice Garriga.

Fenómenos como la cultura del hype y el efecto FOMO también han contribuido a que nadie quiera quedarse fuera de lo que redes, medios y público han decidido que no te puedes perder. Las redes “amplifican todavía más este valor social de asistir a un concierto y al sentimiento de pertenencia a un determinado fenómeno o evento. El llamado FOMO, el miedo a perderse un evento popular o que después se hace viral”. Aparte de esto, “la industria musical también evoluciona con montajes tecnológicamente más avanzados y con una puesta en escena cada vez más espectacular. Todo ello hace que la experiencia de un concierto sea percibida como única e irrepetible; y esto hace crecer la demanda”.

oques grasses
Foto: Marta Mas

El fenómeno Oques Grasses

Esto explicaría la fiebre desatada por conseguir entradas de conciertos como los de Rosalía y los de Oques Grasses. Las cuatro fechas con todas las entradas vendidas en el Estadi Olímpic de los osonenses, igualando el récord de Coldplay, sorprendieron a todo el mundo. Aquí observamos otro fenómeno bastante reciente: los macroconciertos en el Estadi Olímpic ya no son solo patrimonio de grandes estrellas internacionales, y empezamos a ver en ellos a artistas catalanes y españoles.

El crítico Frankie Pizá da en el clavo cuando analiza el fenómeno: “Rosalía tiene ahora mismo casi 37 millones de oyentes mensuales en Spotify, mientras que Oques Grasses no llega al millón. Normalmente, se necesitan cifras de consumo en streaming diez veces mayores para ni tan solo aspirar a llenar un Estadi Olímpic. El fenómeno de Oques Grasses vive en la intersección perfecta entre transversalidad generacional, identidad lingüística, acumulación afectiva y una década de presencia en festivales, fiestas mayores y circuitos comunitarios”.

Rosalía, que multiplica por 37 las cifras de streaming de Oques Grasses, dará cuatro conciertos en el Palau Sant Jordi en 2026 (esto supone unos 72.000 espectadores) y, en cambio, Oques Grasses da cuatro en el Lluís Companys (220.000 entradas vendidas en tiempo récord). Frankie Pizá atribuye este fenómeno a la diferencia entre consumo y adhesión, entre el hecho de seguir y el hecho de estar comprometido con ese artista.

Rosalía (Motomami World Tour, Barcelona 2022)
Ana Paez SedanoRosalía (Motomami World Tour, Barcelona 2022)

¿Cómo afecta a las salas?

Desde la ASACC (Associació de Sales de Concerts de Catalunya), también han analizado el fenómeno y la manera en que les afecta particularmente. “Hay un cambio en el comportamiento del público, que hace que la gente asista a conciertos de estadio pagando precios de entradas carísimos, agravados por la venta secundaria y la venta dinámica. Mucha gente está dispuesta a pagar ese dinero para vivir una experiencia única que ha llevado a la eventización de la música en directo, en vez de a una actividad más cultural, que es la que ofrecen las salas, en especial las de pequeño y mediano formato”, responden desde la Asociación.

Observan “dos velocidades muy diferentes en el sector de la música en directo: la de los grandes eventos que funcionan bastante bien, y las salas que sufren bastante más”. Por un lado, si el público decide gastar su presupuesto en estos grandes conciertos, esto va en detrimento de las salas; por otro, también sufren “la falta de artistas que quieran hacer giras y conciertos pequeños por los territorios, porque les resulta mucho más rentable actuar en festivales o fiestas mayores”, hecho que puede extrapolarse a los conciertos masivos.

La parte más positiva para las salas es que esta cultura del concierto como experiencia colectiva valiosa y como principal fuente de ingresos de los artistas en tiempos del streaming acaba salpicando a todos, incluso a las salas de pequeño y mediano formato. “En términos generales cada año aumenta el consumo de música en directo, cosa que no había pasado nunca, y eso al final es una buena noticia para todos”.

¡Seguro que te interesa saber qué festivales y qué grandes conciertos se hacen en Barcelona en 2026!

Últimas noticias
    Publicidad