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Isabel Coixet: “Una de mis grandes esperanzas es que en mi funeral la gente se lo pase bien y se ría”

La directora barcelonesa estrena 'Tres adioses', una luminosa reflexión sobre la proximidad de la muerte. Hablamos con ella y con Francesco Carril, uno de los protagonistas

Àlex Montoya
Escrito por
Àlex Montoya
Editor de cine
Isabel Coixet, Francesco Carril
Foto: Eugènia Güell | Isabel Coixet, Francesco Carril
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Coixet fue toda una pionera cuando, hace más de treinta años, rodó Cosas que nunca te dije (1995) en Estados Unidos, en inglés y con actores norteamericanos. Era su segunda película, se convirtió en un pequeño fenómeno y disparó la carrera de una directora que ha rodado en medio mundo, en un puñado de idiomas diferentes, y que se ha convertido en un referente del cine europeo. Y también un espejo para muchas de las mujeres cineastas que ahora iluminan el cine catalán y español, y que ponen en valor que Isabel Coixet alcanzó objetivos que eran casi una quimera si no se era un hombre.

Tras títulos tan celebrados como Mi vida sin mí (2003), La vida secreta de las palabras (2005), Mapa de los sonidos de Tokio (2009), Nadie quiere la noche (2015), La librería (2017) y Un amor (2023), ahora presenta Tres adioses, una historia conmovedora y luminosa que adapta dos de los relatos que componen Tres cuencos, el testamento literario, y con abundantes elementos autobiográficos, de la escritora italiana Michela Murgia.

A partir de una discusión aparentemente trivial que provoca una ruptura sentimental con su pareja, la protagonista de Tres adioses pierde el apetito y empieza a sufrir unos problemas estomacales que pronto sabrá que tienen otro origen. Un diagnóstico médico se convertirá en una revelación para Marta, que decide abrirse a la vida y disfrutar de pequeñas cosas que antes pasaba por alto. Interpretada por una fenomenal Alba Rohrwacher, está muy bien acompañada por Elio Germano y el madrileño Francesco Carril (Los años nuevos), hijo de madre italiana y que rueda por primera vez en su lengua materna.

Tras ver Tres adioses te quedas con la idea de vivir la vida, de vivirla ya, de no esperar más. ¿Os habéis aplicado el mensaje o ya lo teníais claro?

Isabel Coixet: La verdad, lo que dice el personaje de Alba Rohrwacher al final de la película... me habría gustado aprender mucho antes que el tiempo es muy limitado. Pero tú, y ahora me dirijo al espectador, tú todavía tienes tiempo. Este es un poco mi mensaje personal con la peli, pero es un mensaje personal que también me aplico a mí misma. Porque eso de que la vida te da bofetadas y entonces aprendes... la vida nos está dando de hostias todo el tiempo y no. En fin.

Francesco Carril: No hace falta que pase nada malo para darnos cuenta de que el tiempo no es eterno. Puedo decir que, cuando acabamos el rodaje y volví a casa, tenía muchas ganas de ser más curioso o de estar más hacia fuera, y creo que eso está muy presente en la película. I.C.: Sí, sobre todo el hecho de no tener miedo al cambio. Y yo la primera, no es que piense solo en los demás. Esa cosa que te imaginas cómo será tu vida, y de repente... ¡no! Porque tenemos control sobre tan pocas cosas en la vida, y eso yo lo pensaba mucho.

"La vida nos está dando de hostias todo el tiempo y no aprendemos"

Tres adioses habla de la muerte, pero es una película muy luminosa. ¿Esta luz es cosa tuya o ya estaba presente en los relatos de Michela Murgia?

I.C.: Hombre, en los relatos mucha luz no había. Sobre todo, evidentemente, porque los relatos están escritos por una mujer que está a punto de morir. El libro se publicó póstumamente, no estaba acabado, y eso a mí me impactó mucho, porque era como terminar la obra de alguien que ya no está. Sobre eso yo tenía mucho respeto, e hice una inmersión muy fuerte en el mundo de Michela. Hablé con el hombre que se casó con ella apenas un mes antes de su muerte, y también con sus hijos de alma: ella no tenía hijos propios, pero sí una familia del alma, porque protegió y dio estudios a personas que conoció cuando eran adolescentes. Fui también al restaurante donde ella se reunía cada miércoles con su gran amigo Roberto Saviano, que justamente fue la primera persona que me habló de Michela. Así que la responsabilidad era llevar todo eso a la película. Cuando escribió el libro, ella ya no tenía mucha luz, pero toda su obra sí la tiene. Y para mí también era importante añadir esa cosa del placer, de hablar de la comida, del placer del ahora, de hacer las cosas ahora. Eso sí quería que estuviera presente en Tres adioses.

F.C.: Sí, creo que la película habla de lo que habla sin solemnidad, y creo que eso era importante. Porque la solemnidad genera mucha distancia. Al apartarla, aparece la luz.

Tres adioses

No sé si, haciendo una película luminosa, también había una voluntad de distanciarte de otra película muy importante en la carrera de Coixet, que es Mi vida sin mí.

I.C.: Hombre, una de las razones por las cuales tardé mucho en decidir si rodar la película era justamente eso. Yo ya había hecho Mi vida sin mí, y pensaba si tenía algo nuevo que decir sobre esto. Pero cuando leí los relatos y conocí todas las circunstancias de la vida y de la muerte de Michela Murgia, sí que pensé que la tenía que hacer. Por otro lado, también me daba mucho miedo retratar Roma: conocemos la Roma de Paolo Sorrentino y de Federico Fellini. Y la de Mario Monicelli, Luigi Comencini, Ettore Scola... Me imponía la idea de rodar la ciudad, qué Roma enseñaríamos. Y al final decidí enseñar la Roma que a mí me gusta. Una Roma muy de barrios: el Testaccio, partes del Trastevere que no son la turística... espacios que no son especialmente bonitos. Quería mostrar al señor de 85 años que cada mañana, antes de ir al rodaje, me abría el bar y me hacía el café, los rincones, las paredes desconchadas, esa cosa como de escombro en barrios que podrían ser como la Verneda, pero donde, de repente, te encuentras un arco impresionante. Esa mezcla de la Roma popular con la Roma épica me gusta mucho.

"Decidí enseñar la Roma que a mí me gusta. Una Roma muy de barrios"

En este sentido, en Tres adioses se habla de la pérdida de autenticidad de las ciudades. Lo dice el personaje de Alba: si enseñas espacios especiales a los turistas, estos espacios se volverán turísticos. Después está el chiste del turista estadounidense que pide un steak tartar con la carne cocinada. El turismo masivo, la gentrificación...

I.C.: El mensaje está ahí, sí [ríen].

F.C.: Yo creo que sí, está claro. No es una Roma museística, es la Roma que te gusta a ti, es la Roma que has vivido allí.

I.C.: Sí, bueno, me sentía un poco culpable de enseñar la Centrale Montemartini, porque es un museo donde no hay nunca nadie. A ver si ahora, por mi culpa, se llenará de gente. También dudé mucho si mostrar el restaurante donde Pier Paolo Pasolini hizo su última cena. Para mí es lugar de peregrinaje cuando visito Roma, porque soy una gran fan de Pasolini, y me gusta ir a comer a este local que tampoco es nada del otro mundo, es una trattoria supernormal. Quizás mostrar estos lugares es una paradoja, una contradicción.

En la película dais mucha importancia a la comida. Hay un momento en el que se cocina y Alba y Francesco se comen un plato de pasta con limón y rúcula que tiene muy buena pinta...

F.C.: Estaba buenísima. Es una receta de Isabel...

I.C.: Sí, sí... [hace un gesto de victoria con el brazo y una carcajada traviesa].

F.C.: Una receta sencilla, pero deliciosa.

I.C.: ¿Y la has hecho en casa?

F.C.: Sí, por supuesto, la he hecho. Bueno, como dice Feuerbach, somos lo que comemos, ¿no? [la cita tiene que ver con un momento de la película]. Y estoy completamente de acuerdo.

I.C.: Para mí, la comida es muy importante. Y es verdad que tengo mucha manía [ríe] a esa cosa de alguna gente que dice que no les gusta comer, o que no le dan importancia. Yo sí le doy mucha importancia. Pero también soy consciente de que en la comida podemos poner carencias, o anhelos, o manías... También pienso que se está exagerando con toda esta obsesión con el gluten, y no hablo de la gente a la que le sienta fatal el gluten, o con la lactosa sin ser intolerante... Hay enfermedades muy serias, pero hablo de otra cosa, y quizás estamos haciendo un grano de arena de un desierto.

Tres adioses

Francesco, ¿cómo es Coixet en el set de rodaje?

I.C.: Yo no escucho nada [se tapa las orejas con los dedos].

F.C.: Fue muy bonito llegar a Roma y empezar a vernos con Alba. Yo no la conocía, y recuerdo como preciosos aquellos días que tuvimos para vernos, en ensayos con Isabel que se convirtieron en un lugar donde contarnos un poco a nosotros mismos. Entender qué sentido del humor tenía Alba, qué cosas la hacían reír, qué cosas le daban miedo, qué cosas le gustaba hacer. Y con todo eso, de alguna manera, se creó una relación muy bonita que después nos llevamos al trabajo. Aquellos días fueron muy felices en un rodaje muy tranquilo. Recuerdo que la vida se escurría de una manera muy bonita en el rodaje. No solo se hablaba de la película, sino que se hablaba de todo lo que la rodeaba: qué íbamos a hacer, dónde íbamos a comer, qué había para ver, la Roma que estaba descubriendo. Y toda esa vida, de alguna manera, está en la película.

"La vida se colaba de una manera muy bonita en el rodaje"

Y tú, Isabel, ¿por qué escribiste un personaje para Francesco?

I.C.: Porque pienso que hay muy pocos actores de su generación que no tengan miedo a mostrarse vulnerables, a mostrarse frágiles. Porque frágiles lo somos todos, y vulnerables también, pero no lo queremos enseñar, nos da miedo enseñarlo. A mí también me lo da. Y en Francesco vi este talento ya cuando lo conocí, también haciendo teatro, en las pelis de Jonás Trueba, y cuando trabajamos juntos en Un amor... Es verdad que, en el libro, el personaje de Agostini no tiene el mismo peso, no es el mismo personaje que Francesco ha creado. Y sí que lo escribí desde el principio pensando que lo haría él, pero tampoco se lo había preguntado. Quizás no le gustaría...

F.C.: ¿Hablará italiano? [ríe].

I.C.: Que hablabas italiano ya lo sabía. Pero claro, nunca habías actuado en italiano, que esa es otra, ¿no?

F.C.: He descubierto que me ha encantado trabajar en otro idioma. Y sí, es uno cercano, es mi lengua madre, pero me está dando mucha libertad. Y me gusta porque es un idioma que yo tengo muy ligado a otras cosas, a otros recuerdos y a otras sensaciones. Y es el idioma de mi infancia, porque yo he pasado los veranos allí.

Isabel, tú has rodado en castellano, en francés, en inglés, en italiano...

I.C.: ¡Y en japonés... y en groenlandés!

¿Rodar en otros idiomas te condiciona de alguna manera?

I.C.: No... Yo me siento muy cómoda siendo extranjera. Además, a mí me viene muy bien ser extranjera, porque como tal estás presente en la vida cotidiana, pero cuando salen las cuestiones políticas, callas... Como tu opinión no cuenta, pues ya no tienes esa obligación de opinar de todo. Y eso es muy importante.

"A mí me viene muy bien ser extranjera, porque estás presente en la vida cotidiana, pero cuando salen las cuestiones políticas, callas"

Habladnos de Alba Rohrwacher. Como compañera, como actriz a la que dirigir...

I.C.: ¿Qué vamos a decir? La queremos, la queremos mucho.

F.C.: Sí, conmigo ha sido muy generosa. No ha tenido ningún miedo de mostrarme su parte más vulnerable. Ha sido un gusto. Y un pequeño sueño cumplido. Porque era alguien a quien yo admiraba mucho. Y trabajar con ella... cuando admiras a alguien así, después quizás te llevas una sorpresa, pero en Alba me he encontrado a una mujer sencilla y generosa.

I.C.: Yo había visto a Alba en las películas de Alice Rohrwacher, su hermana, también en las pelis de Laura Bispuri, o en las que ha hecho en Francia... Y pensaba que la protagonista tenía que ser ella. Ya de antes de escribir el guion, y el hecho de que aceptara enseguida me dio mucha confianza: cuando estábamos escribiendo con Enrico Benino, que ha sido el coguionista y con quien nos hemos entendido muy bien, pensar en ella nos hacía mucho más fácil el trabajo. Trabajar con ella es un sueño.

En la película hay algunas pinceladas de humor que le van muy bien. El cantante K-pop, el turista y el steak tartar... Entiendo que ayudaba a no solemnizar, como decíais antes.

F.C.: Es que el humor es necesario para descomprimir, para destensar y para poder empatizar otra vez. Yo creo que tú tienes mucho sentido del humor, Isabel. Y está en la película.

I.C.: Sí, y en las situaciones trágicas, incluso en lugares... una de las mejores esperanzas es que en mi funeral la gente se lo pase bien y se ría. Y recuerde todas las tonterías que he hecho en mi vida. ¡Y tengo que decir que el cliente del restaurante que pide el steak tartar es mi pareja [se refiere al abogado Reed Brody], y lo ha hecho muy bien, las cosas como son! También salía en Un amor, ¿no? Pero aquí lo ha hecho bien.

Te quiero preguntar por el hecho de ser referente de tantas mujeres directoras. ¿Y cómo ves que lo que fue un fenómeno, un boom, sea ya una realidad bastante establecida?

I.C.: Para mí es un orgullo que el hecho de que yo empezara a hacer pelis les abriera la luz a pensar: "¡Ah, se puede!". Y en ese sentido me siento muy orgullosa. Pienso que hay directoras increíbles. De algunas, evidentemente, yo no soy ningún referente. Pero de las que sé que sí lo soy, estoy muy contenta. Me gusta mucho lo que hacen. Apoyo lo que hacen siempre que tengo la oportunidad. Y pienso que es bonito ser un referente de gente que lo hace de puta madre. Y que seguramente lo hará mejor que yo. Respecto a dejar de hablar del boom... eso no lo dejaréis de hacer nunca [ríe].

"Es bonito ser un referente de gente que lo hace de puta madre; y que seguramente lo hará mejor que yo"

Francesco, me gustaría preguntarte por la serie Los años nuevos. Un año y medio después, con cierta perspectiva, ¿qué poso te ha dejado aquel trabajo?

F.C.: Bueno, ha sido un trabajo muy importante y un reto en muchos sentidos. Lo veo con mucho amor, es un trabajo que me ha ayudado a crecer mucho, en muchos aspectos. Y estoy muy orgulloso de haberlo hecho y muy agradecido de que se haya confiado en mí para hacerlo. Pero no miro mucho hacia atrás. Prefiero mirar hacia adelante, y en las ganas que tengo de hacer cosas nuevas.

Tú tampoco eres de mirar mucho hacia atrás, ¿verdad, Isabel?

I.C.: Es que yo me olvido. Pienso... ¡Next! Yo siempre pienso a ver qué hay adelante, ¿no? Pero déjame decir que Los años nuevos fue un fenómeno en Italia. Cuando ya habíamos escrito el guion, estrenaron la serie, y Francesco se convirtió en una estrella. La gente lo paraba por la calle, lo he visto, ¿eh? Y ahora en Francia también.

F.C.: Es verdad, sí...

I.C.: Es fantástico ver cómo, de repente, cosas que se hacen aquí conectan con gente de otros países...

Pues acabamos haciendo un next y mirando hacia adelante. ¿Qué proyectos inmediatos tenéis?

I.C.: Yo he hecho una serie que se estrena el 19 de marzo en Francia y en Alemania, porque es para el canal Arte... Se llama Alguien debería prohibir los domingos por la tarde y habla de una chica que quiere dirigir películas. Y, desde una pequeña ciudad francesa, se va a París tras conseguir una beca para que un gran guionista la ayude a hacer de coach en su proyecto. Y ese guionista es Tim Robbins. Es una serie de televisión que es un homenaje al cine. Es la anti-Emily en París, se mofa mucho de los influencers y de todo eso. Y es muy autobiográfica.

F.C.: Pues yo ahora me voy a Italia a hacer una película, una ópera prima de un director que me apetece mucho, ¡y la volveré a hacer en italiano!

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