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Miki Esparbé: "Ojalá haya obras de la dramaturgia catalana contemporánea que puedan ir a Madrid y se hagan en catalán"

El actor estrena en Barcelona 'Los nuestros' en la Sala Petita del TNC, una obra de primer nivel de Lucía Carballal

Andreu Gomila
Escrito por
Andreu Gomila
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Miki Esparbé
Foto: Eugènia Güell | Miki Esparbé
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Desde que hizo L’illa deserta de Marc Artigau en La Villarroel el verano de 2023, Miki Esparbé no pisa un teatro de Barcelona. El invierno pasado estrenó Los nuestros, de Lucía Carballal, en el Centro Dramático Nacional, y ahora llega al TNC. Esparbé se ha sumergido en la cultura judía sefardita para sacar adelante su papel, Pablo, un hombre que vive en Londres y que está algo desconectado de la familia. Pero se ha muerto la abuela y se reúnen todos para celebrar el Avelut, una ceremonia de luto.

La función que harás en el TNC es en castellano. ¿Cómo te sientes?

Es raro, seguramente, porque siempre que he actuado en el Nacional ha sido en catalán. Por otro lado, me hace mucha ilusión que en Barcelona puedan conocer una obra de una autora que para mí es una de las dramaturgas y directoras más importantes de la dramaturgia contemporánea en Madrid. Ojalá haya, el día de mañana, obras de la dramaturgia catalana contemporánea que puedan ir a Madrid y se puedan hacer en catalán. Sería la bomba, la verdad.

¿Eres un actor fiel? Es la segunda obra de Carballal en la que actúas.

Confío mucho cuando conecto con equipos, ya sean teatrales o de rodaje. Con Lucía tengo esta conexión como de hermana. Como buena directora, es de esas personas que puede ver más allá de ti. Te puede proponer cosas que tú ni siquiera te habías imaginado o ni te habías proyectado. Es una gran directora de actores y me parece una mente privilegiada.

Cuando acabe el 2025, habrás estrenado media docena de proyectos audiovisuales, desde la serie Anatomía de un instante, donde haces de Juan Carlos I, a Frontera, la nueva película de Judith Colell, que se estrena en diciembre.

De todo un poco. Y Los nuestros en el Centro Dramático Nacional... Es curioso esto nuestro, porque no se elige nunca cuándo se estrenan las cosas. Hay una anomalía con Anatomía de un instante, porque la hemos rodado este año y se estrena el 20N. Normalmente, tú ruedas y no se estrena hasta al cabo de un año, como mínimo. Aquí los 'timings' eran perfectos, con el 20N... Me siento muy afortunado de poder tener trabajo y de poder estrenar proyectos tan chulos en un año que para mí ha sido muy redondo, respecto a cómo valoro los proyectos donde me gustaría estar. Ha sido un año donde he podido arrancar con Lucía, seguir con Alberto Rodríguez, ahora vengo de rodar una serie con los hermanos Cabezudo. Para mí, ha sido un regalo de año.

Frontera
Foto: @AndreaResminiFrontera


Y con personajes tan diferentes.

Eso es a lo que aspiras.

¿Quién eres en Los nuestros?

Los nuestros habla de una familia judía sefardita que se reúne en el barrio de Chamberí, en Madrid, para celebrar el luto de la abuela que acaba de morir: Dinora. Siguen el ritual del Avelut que, según la tradición judía, consiste en que los miembros de la familia, cuando se va un ser querido, deciden compartir un espacio durante siete días para superar este duelo. Pablo, mi personaje, es el nieto de Dinora e hijo de Reina, que ahora es la matriarca de la familia.

Pablo vive en Londres, ¿verdad?

Pablo, desde Londres, se encuentra lejos de esta herencia judía. No ha sido educado bajo esos parámetros quizás tan rigurosos. En la obra vuelve a casa y se ve ante la situación de construir un proyecto nuevo, incluso de ser padre con su pareja, y de pronto se encuentra cómo este futuro ilusionante choca con la dinámica de su madre, que pasa más por volver a las raíces, tirar hacia atrás. De alguna manera se encuentra ante la idea de tener que heredar una identidad.

¿Era desconocido este mundo judío para ti?

Totalmente. De hecho, me sorprendí porque pensaba que quizás podría tener algún tipo de noción, pero era un mundo que se me escapaba muchísimo. Contamos con una asesoría judía sefardita que nos descubrió un mundo. También ha sido muy chocante interpretar este personaje durante todo este año, porque ha cambiado muchísimo, por todo el conflicto en Gaza. Fue muy estimulante conocer un poco más el conflicto desde dentro y desde las dinámicas de una familia judía sefardita en un lugar como Madrid, que podría ser Barcelona.

El luto de esta familia, ¿no es un poco una metáfora de un mundo que está de luto?

Todos los personajes están en un momento de crisis y estamos en un momento de crisis, en general. Tengo la sensación de cierta desilusión, un poco de aplastamiento. Y supongo que está muy pegado a la incertidumbre, que no sabemos exactamente el momento que nos ha tocado vivir. Quizás sabemos de dónde venimos, pero no tenemos muy claro a dónde vamos. Y esto les pasa mucho a los personajes de la función, todo ligado a esta sensación de pertenencia. Hay una incertidumbre permanente.

La autora plantea la contraposición entre el pasado analógico y el futuro digital, como si no se pudiera confiar en lo digital y, en cambio, lo analógico fuera del todo fiable.

Simbólicamente, hay esta contraposición entre lo analógico y lo digital, entre el pasado y el futuro. A lo largo de la obra se citan algunos de los representantes del capitalismo actual –aparece Coca-cola, Amazon, Primark y varios nombres–, en contraposición a una casa, una familia, una herencia, unas raíces, unas cintas de casete.

Miqui Esparbé (Los nuestros, Centro Dramático Nacional)
Foto: Bárbara Sánchez PalomeroMiqui Esparbé (Los nuestros, Centro Dramático Nacional)

Has hecho poco teatro clásico, ¿verdad?

Poco. El sueño de cualquier actor es poder hacer un Shakespeare en algún momento.

Te veo de Tío Vania.

Me encantaría. Me faltan unos años, creo. Quizás cinco o diez.

Has escrito una sitcom con Marc Artigau y Dani Amor titulada Superilla. ¿Cómo está el proyecto?

Ahí estamos. Entregamos los capítulos que nos pedía TV3. Ahora han arrancado con la de Dani de la Orden [La casa nostra]. Sé que Júlia Cot ha rodado la suya [Departament Amades]. No sé si la siguiente será esta en la que he tenido la suerte de participar en el guion.

Como actor, ¿cómo te ha influido pasar a la parte creativa?

Cada uno es fuerte en la disciplina que controla, creo. Yo soy consciente de que voy muy pez con esto del guion, pero me iba muy bien trabajar con Dani Amor y Marc Artigau. Sé que mi fuerte, si tengo alguno en el guion, son los diálogos. Porque es a lo que me enfrento diariamente en los sets. También saber si el argumento chirría o no... No sé en qué soy fuerte o dónde soy más flojo. Lo que sí sé es que soy muy curioso. Este sería mi potencial. Tanto a nivel teatral como audiovisual, siempre procuro entender quién ocupa cada posición y por qué, y cuál es el trabajo que hace. Y, con todo el respeto, me aproximo.

Y escribir una obra o dirigirla, ¿quedan fuera ahora mismo de tus inclinaciones?

Me gustaría, pero me da mucho respeto. Me genera un respeto brutal dirigir algún día un espectáculo teatral. Quizás me siento más capacitado para abordar un proyecto audiovisual que uno teatral.

En el teatro quizás estás más solo cuando creas, ¿no?

Sí, seguramente. También es verdad que tanto en un lado como en el otro, llega un momento en que todo el mundo te hace preguntas y tienes que tener respuestas para todo. Y tienes que tener muy clara la idea. Pero creo que estaría más capacitado para hacer audiovisual que teatro.

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