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Cualquiera que haya estado en una celebración de Oktoberfest, sabrá que es una experiencia de masificado jolgorio: colas, estruendo, espaldas tirolesas frotándose, centenares de parroquianos engullendo y entrechocando jarras de cerveza lager de litro y música folclórica alemana atronando en directo. Algo quizás excesivo para alguien que solo quiere degustar la gastronomía alemana y tener un rato de alegría (para mí, la comparación sería como tener que ir a la Feria de Abril si tan solo te apetecía zamparte un buen pescadito frito, bravas y flamenquín). O sea que os hemos preparado una pequeña ruta de Oktoberfest en Barcelona que no implica entrar en una nave industrial a ejercer la blitzkrieg para pillar unas buenas salchichas.
Medio litro de cerveza de la buena a 3,50 euros
La ruta empieza en el Oktoberfest de la Fábrica Moritz y Casa Moritz. En ambas localizaciones, y hasta el 18 de octubre, habrá ambientación musical y temática para dejar claro que están de celebración (sin que te arrollen 200 coreanos vestidos de tirolés, como me ocurrió en Múnich el 2025).
Aquí no solo se viene a levantar la jarra: la comida juega en primera división. Jordi Vilà ha preparado un pequeño viaje por Alemania sin moverse de Barcelona: kartoffelsalat, bretzels, patatas Pfaffenhofen, surtido de salchichas y codillo de cerdo sobre pan. Este año debuta el bocadillo de frankfurt y, para rematar la jugada, hay apfelstrudel y helado de cerveza negra. Atención también a las Flammkuchen, aka pizza alemana: finas y crujientes, en horno de leña y con seis versiones. ¿Y la birra? Palabras mayores: fresca, directa del tanque y a 3,50 euros el medio litro.
El capítulo del restaurante alemán en Barcelona no está boyante, y en Badalona (a veinte minutos de metro, haraganes) hay el que quizás sea el mejor de la zona metropolitana. Karl's Casa Badia (Sant Pere, 4. T. 931 24 13 34. Badalona) es un restaurante alemán atípico: sito en la Casa Badia –un inmueble modernista, del 1907, obra del arquitecto Joan Amigó, catalogado como Bien Cultural de Interés Local– tiene el paseo marítimo a medio minuto y ocupa las tres plantas de este fastuoso ejemplo del modernismo vienés en Catalunya. Respira elegancia y tranquilidad.
Christian Gause, alemán de Hamburgo, durante años tuvo el muy recomendable Karl's Imbiss en Barcelona, y en 2021, después de la pandemia, se llevó el negocio a la ciudad vecina, donde tuvo "la suerte y el inmenso privilegio de ocupar este lugar singular". Gause este año no hará fiesta de Oktoberfest, pero "el año que viene sí, por petición de los clientes. ¿Sabes qué pasa con el Oktoberfest, en Alemania? Que es como la Feria de Abril. Si no conoces a nadie que te deje entrar en una caseta, no lo vives de verdad", explica.
"Oktoberfest es como la Feria de Abril. Si no te dejan entrar en la caseta, no lo vives de verdad"
Sea como sea, Gause tiene toda la artillería gastronómica de fiesta mayor teutónica, para montaros el sarao en la intimidad. Brattwurst que le llegan directas de Turingia, acompañados de sauerkraut (o patatas cajún, es un alemán atípico), el famoso Krustenbraten al horno–esa jugosa paletilla de cerdo con una piel-corteza burbujeante que desafía al torrezno–, Flammenkuchen, y por supuesto, la delicia callejera del currywurst, salchicha turíngia en rodajas con curri espolvoreado.
"La cocina alemana es mejor que su fama, y la gente en mi país rechaza su comida en favor de otras. Aquí tenéis más orgullo por el producto", me cuenta. Hay cerveza alemana como dios manda, claro. Una lager, otra de trigo y una tostada, todas de barril, "sin botellas, cosa que garantiza que el barril tenga que estar siempre en buen estado, y servidas a la alemana, no tan frías y con tres minutos de reposo". Como todo buen alemán, aborrece la aberración de servir cerveza en una copa congelada.
Un restaurante catalanoalemán de antes de Franco
Otros puntos susceptibles de Oktoberfest en Barcelona: en Alt Heildeberg me cuentan que la discreta celebración que se permiten será tener unos cuantos barriles de cerveza de la marca Oktoberfest, lager y tostada, así como la gastronomía de la fiesta, como el codillo, el currywurst o la ensalada de patata. Alt Heidelberg no es un restaurante alemán, sino más bien el pastiche resultante de cruzar un bar histórico de Barcelona con el producto y la estética alemana (es decir, un precursor de los catalanísimos frankfurts que abrieron por aquí a inicios de los setenta).
Abierto en 1934, el negocio iniciado por Joan Font y Joan Figueres ha cruzado siglos, sobreviviendo a la Guerra Civil, posguerra, crisis varias y evitando fondos de inversión, clavado en Ronda Universidad como refugio de estudiantes y clase media de Barcelona. Siempre me he preguntado si su nombre se refiere a una región montañosa o a más bien a un Heidelberg alternativo, aquel en que, en una carta kilométrica, conviven pimientos del padrón y muslitos de mar y pijama con kartoffelsalat, goulash y schnitzel. Los precios siguen siendo casi de principio del 2000, algo que se agradece.
Y ciento por ciento alemán es el Devil's Kitchen (Bordeta, 52. 935 11 72 97) vibrante bareto de cocina alemana sito en Sants que durante años estuvo en el Raval profundo. Estamos en un kneipe, es decir, un bar-restaurante alemán que sirve cerveza y comida casera a precios populares.
Aquí os espera codillo a la cerveza negra con cinco horas de horno, hamburguesas sencillas pero potentes, a la alemana, y algún plato muy difícil de ver en Barcelona, como la kässpätzle, fideos de huevo frescos salteados y fundidos con generosas capas de queso alpino curado y coronados con cebolla frita. Hay mucha clientela alemana, o sea que la animación en Oktoberfest está garantizada.
Las mejores hamburguesas de Barcelona
Artículo publicado el 2 de octubre a las 10.12 h

