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Hablamos con ambos a propósito de espectáculos suyos que coinciden en el tiempo, ella en el Teatre Lliure y él en la Sala Beckett

Oriol Genís y Júlia Genís son padre e hija. Pero, más allá de eso, son dos de los actores más brillantes y singulares de sus respectivas generaciones. Júlia ha protagonizado grandes musicales, y también espectáculos de creación en teatros de proximidad. Oriol ha interpretado grandes clásicos, y al mismo tiempo es actor fetiche de los creadores más vanguardistas. Hablamos con los dos a propósito de los espectáculos que tienen en cartelera, ella en el Teatre Lliure y él en la Sala Beckett.
¿Os habían hecho alguna vez una entrevista a los dos juntos?
Oriol Genís: No, porque nos daba miedo que nos llamasen nepobabies, aquello de los padres e hijos que se dedican a lo mismo. Pero ahora ya se nos ha pasado un poco. Además, eso también tiene mucho que ver con la escala social.
Júlia Genís: Sí, a menudo hemos hablado de que yo sería una nepobaby de marca blanca, y hay gente que es nepobaby prémium.
Todo el mundo conoce a una familia de abogados, de gestores o de médicos, pero las familias de actores parecen algo menos habitual. ¿El gusto por el teatro os viene de estirpe, de antes de vosotros?
Oriol: Mi madre hacía teatro aficionado, pero, aparte de eso, no. Yo tenía un tío, que decían que era francés, que se ve que era actor. Pero no llegué a conocerlo. Era una especie de leyenda familiar.
Preparando la entrevista, hablábais del Teatre Zorrilla y de El Círcol de Badalona.
Júlia: Nosotros somos de Badalona, y nuestra casa está justo detrás del Zorrilla. El Círcol es donde se hacían Els pastorets, que es donde yo, con 2 años, empecé a hacer teatro.
Júlia, ¿fuiste tú quien dijo “quiero ser actriz”?
Júlia: Sí. A los 13 años ya lo tenía bastante claro. Mis padres nunca me presionaron para hacer clases de teatro, solo me descubrieron el mundo amateur. Y, a partir de ahí, sí que fui yo quien les dijo que quería formarme.
Y tú, Oriol, ¿cómo lo viviste?
Oriol: Me pareció fantástico. Había quien me decía que se lo quitara de la cabeza. ¿Por qué, si ella lo tenía claro? Esta profesión es horrorosa por la precariedad laboral. Por eso mismo tiene que ser vocacional. Quizá no te ganes la vida con ella, pero si es tu vocación, te sentirás bien.
Soy la hija de Oriol Genís con todo el orgullo del mundo
¿Diríais que ser familia os juega a favor o en contra?
Júlia: Yo he pasado por varias fases con esto. Al principio me generaba mucha incomodidad, porque la gente me lo comentaba mucho, como si todo lo que consiguiera fuera por mi padre y no por méritos propios. A base de trabajar, esa inseguridad se me ha ido pasando. Es verdad, sin embargo, que tener un padre del mundo del teatro hace que haya conocido a gente que de otra forma no conocería. Y que él sea alguien con quien puedo hablar de teatro, de quien puedo aprender, con quien nos podemos ayudar mutuamente… es un privilegio enorme. Ahora ya no me da ningún miedo decirlo: soy la hija de Oriol Genís con todo el orgullo del mundo.
Oriol: ¡A mí, en cambio, me empiezan a conocer como “el padre de Júlia Genís”!
La primera vez que compartisteis escenario fue en Kabarett Protokoll, de Helena Tornero y Ester Nadal, en el año 2015.
Oriol: Fue donde Júlia debutó, tenía solo 17 años. Después no hemos vuelto a trabajar juntos. Si todo va bien, sin embargo, este año volveremos a juntarnos. Estamos preparando un dúo con canciones de Kurt Weill y Bertolt Brecht.
Ahora mismo tenéis espectáculos en cartelera los dos, en dos de las salas con más prestigio de la ciudad. ¿Os había pasado antes que se os solaparan los estrenos?
Júlia: Sí. En los últimos estrenos de mi padre no he podido estar. Porque estaba haciendo funciones, o ensayando, y no podía escaparme. Nos empieza a pasar bastante, esto. Pero si no es en el estreno, vamos al pase previo, o nos colamos en un ensayo… Vamos encontrando la manera de estar ahí.
Júlia, este mes has estrenado una obra que lleva tu nombre, Júlia – 15 anys més tard (2011–2026). Se trata de una adaptación de La señorita Julia de Strindberg dirigida por Christiane Jatahy, que dialoga con el montaje que la misma directora hizo en 2011, con actores distintos. ¿Sientes el peso de la historia sobre los hombros?
Júlia: Por un lado, sí, porque hemos tenido la suerte de que los actores de la pieza original, Julia Bernat y Rodrigo Dos Santos, han estado con nosotros durante todo el proceso, y nos han transmitido un conocimiento muy chulo, que hace que no partas de cero. Pero Christiane nos ha dado la oportunidad de descubrir a los personajes a nuestra manera. Más que un peso, diría que es como si tomáramos el relevo.
El personaje de Julia nos habla de misoginia, relaciones de poder y lucha de clases. Son temas que, con el paso del tiempo, no han caducado.
Júlia: Es curioso porque, desde Strindberg hasta ahora, podríamos seguir haciéndonos las mismas preguntas. ¿Qué hacemos para cambiar esta violencia estructural que nos afecta a todos? Christiane, ya en 2011, añadió una cuestión que también sigue a la orden del día, que es el racismo.
¿Desde el teatro podemos cambiar nuestro mundo?
Oriol: El teatro es de los pocos lugares donde nos reunimos colectivamente, todavía, y eso nos hace ser comunidad. Al cine cada vez va menos gente, y los conciertos de música son otra cosa. El teatro nos permite encontrarnos y crecer como personas.
Hacer llegar la empatía al público es lo que hace cambiar las cosas
Júlia: También porque el teatro parte de la empatía. Cuando construyes un personaje, te identificas con una situación que no necesariamente has vivido. Hacer llegar esa empatía al público es lo que hace que puedan cambiar cosas.
Oriol, lo que estás haciendo tú también tiene un valor histórico, al menos de historia personal. La Beckett ha programado un ciclo, Oriol Genís: paraula, cos i caràcter, con cuatro espectáculos tuyos. ¿Cómo lo viviste cuando te lo propusieron?
Oriol: Eso fue cosa de Toni Casares, director de la Beckett. Me hizo mucha ilusión. Empezamos con Una nit amb Andrés Villarrosa, donde la teatralidad y la caracterización son centrales, y ahora haremos Compto cada passa meva sobre la terra, donde el eje central es la desnudez.
Podrían parecer espectáculos opuestos.
Oriol: Trabajar desde ángulos muy diferentes siempre me ha gustado. Yo creo que el teatro es artificio, y el teatro actual peca de excesiva simplicidad. A mí me gustan las cosas más festivas. Me gusta reivindicar la palabra “comediante”, más que la de “actor”. Poder contar con un vestuario exuberante, una peluca… Una cosa debe convivir con la otra; saber jugar con ambas es fantástico.
Tú lo has sabido hacer. A lo largo de tu carrera, te has atrevido con todo, y no te ha temblado el pulso.
Oriol: No es algo que haya buscado. Pero ahora, mirando atrás, sí me doy cuenta de que ha sido una trayectoria muy diversa. También porque venía de donde venía: el teatro de aficionados, la zarzuela… Siempre me ha interesado la transformación, huir de quién soy yo. Es la manera que he encontrado de hacer teatro, lo que no quiere decir que no haya otras.
Tú, Júlia, ¿compartes esta mirada?
Júlia: Creo que somos actores muy diferentes, mi padre y yo. Yo me he formado en otra época, y el teatro ha cambiado mucho en los últimos treinta o cuarenta años. Sí que, como mi padre, a veces me siento más cómoda en el escenario que conmigo misma. Pero él es un actor que se transforma por completo. Es como un camaleón.
En una ocasión oí decir a Oriol que hay que perseguir la profesión y no la fama, y que en este oficio demasiado a menudo se hace lo contrario. Quizás esta idea de oficio, de trabajo, es algo que también compartís.
Júlia: La profesión pasa por seguir trabajando. Y la fama puede ir y venir. Está bien no olvidar por qué te dedicas a esta profesión. No es para ganar likes o para que la gente te diga lo fantástica que eres, en principio. Lo haces porque te gusta, porque te lo pasas bien, porque aprendes cosas sobre ti misma y sobre los demás.
Oriol: Yo no siempre he tenido trabajo. Antes los actores éramos conocidos, y ahora podemos ser famosos o no serlo. Los famosos para mí están en Hollywood; yo creo que los demás deberíamos limitarnos a ser conocidos, una palabra que apela a un imaginario de trabajo y más cercano.
Si tuvierais que decir una cosa que os inspira, que habéis aprendido o que os gustaría aprender del otro, ¿cuál sería?
Júlia: Mi padre, cuando está sobre el escenario, es la persona más feliz del mundo. Puede tener un mal día, o dolerle una pierna, pero todo se le pasa en el escenario. Me parece algo muy bonito, y es lo que le hace ser un gran actor.
Oriol: A mí de Júlia me gusta la disponibilidad. Se entrega a todo lo que hace, y creo que eso encaja con su vocación. Crecer como persona, como intérprete, y también como ideóloga. Ella hace teatro por las ideas. Y eso es muy importante.
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