Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Barcelona icon-chevron-right Profesiones tradicionales de Barcelona

Profesiones tradicionales de Barcelona

Oficios ancestrales que se han mantenido fuertes en Barcelona y siguen creando escuela

Cristaleria Moya
© Iván Moreno Cristaleria Moya
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En un mundo globalizado, de fabricación en masa y producción uniforme, los oficios tradicionales aportan una manera sostenible de crear objetos únicos y con alma. La arquitectura y el diseño están siendo clave en la recuperación de técnicas y materiales que tienen aseguradas nuevas generaciones gracias a la labor de formación de los maestros artesanos.

Glass Studio

Soplar el vidrio, esculpir con el aire

El vidrio es luz, transparencia y reflexión, y en este taller de Sants con casi 100 años de experiencia exploran la parte más artística del oficio. “Mezclamos historias, utilizamos técnicas antiguas y las fusionamos con propuestas actuales como el 'flame work'”, explica Ferran Collado. Trabajan para artistas, diseñadores, marcas; realizan encargos particulares; hacen talleres, y alquilan espacios para gente que quiera aprender y perfeccionar la técnica. “Viene gente del extranjero para soplar con nosotros”, apunta Collado. Verlo trabajar resulta hipnótico: impone calor al vidrio, y lo sopla para darle forma. barcelonaglassstudio.com

Cistell

Hacer cestas, caña nueva

A falta de una escuela de cestería oficial, los cursos del Jardín Botánico llenan el vacío. Aquí es donde aprendió las bases Mònica Guilera, una cestera con veinte años de oficio. “Es una técnica que requiere tiempo, tanto en cuanto al aprendizaje como en la ejecución, es 100% manual y totalmente sostenible”, dice. Utiliza materiales como la caña y el mimbre e imparte cursos en el extranjero, donde las técnicas tradicionales catalanas tienen renombre. La perdurabilidad de esta artesanía, apunta la cestera, implica las sinergias con el diseño, la arquitectura y la moda, y una dosis de pedagogía.
www.cistell.cat

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El Taller de Joyeria

La joyería, las técnicas perdidas

El oficio del joyero es un “oficio de oficios”, advierte Jaime Díaz, y cuesta encontrar a alguien que domine todas las técnicas. Las hay ancestrales que se han perdido –el cincelado o repujar en plata– y él intenta revivirlas en el taller de las Glòries donde van los alumnos que quieren adquirir y perfeccionar los conocimientos en joyería. Díaz incluso enseña a hacer las herramientas, de forma que cada aprendiz puede desarrollar las ideas sin limitaciones. De entrada parece que tiene magia, pero Díaz advierte de la dureza del trabajo: “Te exige velocidad, precisión y una escala muy pequeña: te puedes acabar aislando del mundo”.
eltallerdejoyeria.com

Cristaleria Moya

Cristal tallado, vasos exclusivos

“Manipulo vasos y copas, les doy un valor añadido, es un trabajo creativo y cansado”, dice Toni Moya. Regenta la empresa familiar, que este año sopla 65 velas, y trabaja con hoteles de lujo y coctelerías como Dry Martini, Ideal, Tandem, Solange y Belvedere. Su taller está lleno de restos de cristal y de las ruedas de corcho y diamante que usa para tallas las piezas (atención, también arregla). Desde que la Escuela Industrial no ofrece la asignatura de talla de vidrio, la continuidad del oficio implica formarse junto a manos expertas como las de Moya.
www.cristaleriasmoya.com

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Marc Vidal, ceramista
© Iván Moreno

Cerámica, materia viva

Saber adaptarse a los nuevos tiempos es clave para la supervivencia, y el tornero Marc Vidal lo ha hecho. Está volcado en la docencia y trabaja para terceros, como el diseñador Martín Azúa, uno de los alumnos que frecuentan el taller del Born; por eso tiene poco tiempo para hacer obra propia. “En la cerámica siempre hay una parte de reto, hay campo para investigar”, argumenta. Lanza un trozo de barro al torno y en un momento crea una pieza. Lo que empezó como una extraescolar es, desde hace más de veinte años, su profesión.
www.marcceramica.com

La Mercè

Arreglar relojes, siempre puntuales

Barcelona acoge el único centro oficial del Estado donde se aprende el oficio de relojero. En el Instituto Mare de Déu de la Mercè, en Sants, se imparte desde hace más de 50 años el curso de Mantenimiento y reparación de relojería mecánica. No se pide ningún requisito especial para acceder, y según Javier Martínez, profesor del centro junto a Josep Mata, solo hace falta "un poco de aptitudes manuales, concepción mecánica.... y paciencia”. Martínez no cree que sea una profesión mucho más difícil que cualquier otra y asegura que con "cuatro o cinco años de práctica se acaba siendo un buen relojero". Sobre si es un trabajo de futuro, lo tiene claro: "Si ahora que podemos mirar la hora en el móvil todavía se mantiene la afición por el reloj mecánico, es que siempre tendrá seguidores".
lamerce.com

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fusteria

Trabajar la madera

En Cataluña hay una decena de equipamientos oficiales que forman a las nuevas generaciones de carpinteros. Uno de ellos es la Escola del Treball de Barcelona, situada en la calle de Urgell, al lado del Hospital Clínic, donde destinan 2.000 horas –350 en centros de trabajo– a enseñar todo lo que hay que saber sobre la carpintería y los muebles. También el gremio de madera y mueble ofrece formación: el curso de Madera constructiva da las claves para aprovechar este material como recurso sostenible y de proximidad.
www.escoladeltreball.org

Textil Teranyina

Tejer telas y tapices

En 2017 hará 30 años que Teranyina es uno de los referentes de la ciudad en el arte de tejer. Desde un bonito espacio en la calle del Notariat irradian su pasión por los hilos entretejidos a través de tres focos: el formativo, el comercial y el artístico, este último a través de las creaciones de Teresa Rosa Aguayo. Además de varios monográficos como el de fieltro y el de tintes naturales, hacen dos cursos todo el año: el dedicado a tejer tapices de alto lizo y el que enseña a tejer manualmente. En ambos casos se trabaja en ejercicios y proyectos, y aunque desde el primer día se ponen manos a la obra, nos avisan que son técnicas lentas que se tienen que digerir con paciencia y horas de práctica.
www.textilteranyina.com

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Guillermina Morales
© Iván Moreno

Forja, manteniendo la llama

“Lo más bonito de la forja es que las raíces son las mismas y trabajamos igual que hace 4.000 años”, dice Guillermina Morales, quien alerta que ahora hay poquísimos forjadores en Cataluña por la falta de escuelas de calidad. Por eso, decidió abrir su taller del Raval a la formación. No falta interés de los jóvenes y los profesionales –sobre todo arquitectos y diseñadores– por aprender, asegura, y está convencida que podemos recuperar la gloria del modernismo: todo pasa por las escuelas. "La enseñanza es la clave", añade.
www.tallerdeforja.net

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