Can Major: la Via Mongetera

Las hermanas Tengo, Anna y Sarai, han convertido el bar de sus padres en un festín de km 0, guisos y arroz
Can Major
©JOSEP GARCIA/ElPeriódico Can Major
Por Pau Arenós |
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¿Puede alguien sentir pasión por una mongeta? Mientras las teenagers están entretenidas con las boberías de Miley Cyrus y su delgadez de insecto palo, Anna Tengo se ocupa de la carnosidad de esos riñones de mantequilla con el ímpetu de una fan. En su cocina, al acabar el servicio, da una improvisada clase sobre las variedades y formas de cocción de las judías y enseña tres cazuelas, tres tiempos, tres intensidades. Anna habla de Km 0 y de Slow Food y en su boca esas palabras suenan sinceras, sin el azúcar del márketing y la tentación del oportunismo. Esta chef de vocación tardía tiene ante sí un universo de leguminosas a las que dedicar horas de estudio. Ser una estrella de la cocina terráquea por la Vía Mongetera es posible.

Can Major son dos hermanas, Anna y Sarai, la segunda, en la sala. "Todo está consensuado, nos tenemos que poner de acuerdo siempre". Sarai decoró este espacio en el 2007, suelo de ajedrez, sillas acolchadas, tal vez estilo Luis XVI. En absoluto trabajan la cocina versallesca, sino la terrenal. Son las herederas de un frankfurt, son las herederas de una pizzería y ese neorrealismo las aproxima a la gente. Hace 42 años, cuando el circuito eran campos y los F-1, tractores, los padres, Josep y Conchita, abrieron un bar en la calle mayor de Montmeló. La señora Conchita pasa en algún momento por la cocina, costumbre y afecto, y echa un ojo a la paella, a su paella, al arroz de la casa. Los fines de semana, Can Major es un festival de la gramínea. Es sábado y celebro el Menú Arrosser, con siete entrantes a compartir y seis arroces, secos, caldosos o melosos. El paraíso. Toda la mesa puede tomar el mismo o cada comensal elegir uno y meter el tenedor en el de los demás. #Arroparauno y #arrozparatodos. Aúllo con el de peu de porc con costilla, seguido del de erizos y, en tercer lugar, el de pollo y alcachofas, con exceso de sal.

De la bodega acristalada, Sarai saca un tinto del Priorat, Akyles, héroe homérico. La heroicidad de las hermanas Tengo es cotidiana: convencieron a la familia de que las respaldasen y cuando hermosearon la casa de comidas llegó la crisis. En el libro de reservas está escrita la penalidad de la travesía y es ahora, solo ahora, cuando el rumbo es firme. Entrantes sugerentes como el panellet de futos secos y col de paperina. La gente sabe qué es la okra y olvidó la col de paperina. O las mongetes del carai que ilustran el guiso de navaja con oreja y morro. Reformulan la tradición con el helado de calçot con romesco y con la copa de gin, verduras y berberechos (mejor una buena almeja). Se agarran a las anillas-de-lo-de-siempre con los calamares a la romana y la buenísima alcachofa con gamba de Palamós. Rompen de nuevo con el flan de coco y remolacha.

"Recuperar semillas". "Reivindicar el producto de cercanías". Ir a Can Major y compartir la hogaza de pan con harina de Gallecs es comprender, al fin, la comunión.

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Restaurantes, Cocina creativa

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Anna y Sarai Tengo convirtieron la pizzería-frankfurt de sus padres en un restaurante km0 con todas las de la ley, con una gran mano con el arroz -espectacular el de pie de cerdo con costilla- y con reformulaciones de la tradición como el guiso de navaja con oreja, morro y judías del 'carai'.

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