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Mala Hierba

Restaurantes, Cocina creativa El Carmel
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© Maria Dias Mala Hierba
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Time Out dice

Turistofobia y aire de mala calidad. En un día pesimista, uno piensa que esto es lo máximo que le pasará por la cabeza y por la garganta si se queda a comer en el centro de la ciudad. "El centro está muy congestionado. Subir un poco, respirar aire limpio y tranquilidad es una necesidad". No lo digo yo, lo dice el cocinero milanés Fabio Gambirasi, que con su pareja, Roser Asensio, han abierto el restaurante Mala Hierba. "Así se llama porqué en el fondo estas hierbas no son tan malas. Nosotros las usamos para trabajar", avanza.

Roser estudió naturopatía y vivió en una comunidad de permacultura (basada en los patrones del ecosistema natural). Y conoció a Fabio (haciendo el Camino de Santiago!), que llevaba una mochila de años de experiencia en estrellas Michelin en Italia y una joroba de estrés. "Queríamos hacer un restaurante de alto valor ecológico y sostenible y con una comida saludable. Y hacerlo con todas las consecuencias", explica Roser.

Y aunque tras unas intenciones tan directos uno tiende a ponerse en guardia, la bajas de golpe cuando ves el silvestre encanto del Mala Hierba: es la antigua Casa Fausto en lo alto del Carmel, a un salto de barandilla del parque de la Creueta (ellos lo hacen a menudo, para ir a buscar hierbas). En los años 40, Casa Fausto era la última parada del ómnibus de Vallcarca y abrió como bar en 1946. Hoy, el comedor sigue siendo la cochera y la cocina es la antigua sala de espera. En la azotea, hay un huerto "en el que estamos plantando especies antiguas y hierbas aromáticas". Como el Pijoaparte, viven entre las casas burguesas y los rompepiernas del antiguo barraquismo vertical.

Por suerte, la cocina está a la altura del trayecto y el encanto: no te venden ninguna moto (ni una palabra sobre 'cold-pressed' o superalimentos). Ni las hierbas ni las flores son decorativas: lo demuestra un buenísimo, meloso y ligero bacalao cocido a baja temperatura con salsa de pescado y pimiento, aromatizado con hinojo marino y verdolaga (sí, mar y montaña). Ideal si quieres bacalanear sin la patada frita de la lata. Y su gazpacho -con tomate, remolacha y flores- convence.

Fabio tiene la mano izquierda de un cocinero creativo, llena de sorpresas: "No hago cocina italiana ni española. Si me tengo que poner una etiqueta, me gusta la cocina del paisaje". Sin embargo, la italianidad de un plato como los raviolis con mejillón -pasta casera– rellenos de gorgonzola, con salsa de boniato y berros de agua, es evidente. Un Platas para mojar pan y ensanchar la nariz. Como los sepionets rebozado con tiritas de limón caramelizada, deliciosos. La carta es corta, sin relleno. El menú de mediodía sale a 13,50 euros, y entre plato y plato puede limpiar la boca con una flor eléctrica, o botón de Sichuan. Adoradores de bravas y brasa, dejad los prejuicios y subid a respirar aire puro.

Detalles

Dirección Funoses Llussà, 2
El Coll
Barcelona
08023
Transporte El Coll i La Teixonera (M: L5)
Contacto
Horas de apertura Lu. cerrado. Ma. de 13 a 16 h. Mi. a sá. de 13 a 16.30 h y de 20 a 23 h. Do. de 12.30 a 16.30 h.

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