Cuando Marcel llega a casa de Clara, su mejor amiga de la adolescencia, hace años que no la ve. Ella celebra su cumpleaños y está arriba con los amigos. Él, sin embargo, tarda en subir. Y se entretiene en la habitación de ella mirando un corcho lleno de fotografías. Donde él no está. Han pasado los años y han pasado muchas cosas. Ya no son jóvenes-jóvenes y la realidad a menudo tiene poco que ver con el deseo del pasado.
Cesc Colomina ha escrito una obra tierna y viva sobre el descubrimiento del amor y el paso del tiempo, sobre lo que quisimos ser y lo que somos. Su protagonista está encarnado por un Roc Bernadí que interpreta todos los papeles de esta pieza que es como un susurro (no es exactamente un monólogo, ya que hay nada menos que media docena de personajes, sino una obra para un solo intérprete). El actor mira al público en todo momento, buscando la complicidad de los espectadores, que pasan buena parte de la función con las luces de platea encendidas. Nos habla a nosotros.
El actor mira al público en todo momento, buscando la complicidad de los espectadores
Abraça'm fins que m'adormi nos cuenta cómo Marcel se enamoró por primera vez, de Teo, un chico extrovertido que conoce gracias a Clara. Él es tímido, tiene clara su sexualidad, pero lucha contra ella a causa de un episodio oscuro y duro vivido al final de su infancia. Pero Teo le abre las puertas de par en par y él no puede resistirse a entrar, aunque sabe que no ha resuelto aquel abuso.
Todo pasa por el cuerpo de Bernadí, por cómo se mueve por un escenario casi vacío
Guillem Sánchez Garcia dirige la función sin complicarse la vida. Todo pasa por el cuerpo de Bernadí, por cómo se mueve por un escenario casi vacío, que manchan únicamente una cama y un olivo, y por donde el actor irá esparciendo libros y fotografías. El director controla muy bien el tiempo de la función, lo ralentiza y lo acelera a partir de lo que le pide el texto y la atención del espectador. El único pero que presenta el montaje es un final que se decanta de forma abrupta por el simbolismo. No es fácil acabar obras tan redondas.
Bernadí demuestra que, más allá de exceler en musicales como Germans de sang y El dia de la marmota, también puede ser un buen actor de texto. Poca broma.

