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Reseña
The Phantom of the Opera, seguramente el éxito más rotundo de Andrew Lloyd Webber, es un musical de gran exigencia vocal y musical. No puede interpretarlo cualquier cantante y/o actor. Y de ahí que debamos aplaudir la producción que ha llegado al Tivoli, porque no solo Daniel Diges y Ana San Martín son unos fantásticos Fantasma y Christine Daaé, sino que el resto del reparto sabe estar a la altura de una partitura que es casi operística, con un Miquel Tejada que dirige con mucha solvencia la orquesta.
La historia ya la conocen (lleva 40 años ininterrumpidos en la cartelera londinense, tiene versiones cinematográficas...), pero habla de un teatro parisino, en el siglo XIX, poseído por una especie de “fantasma”, que no es sino un genio frustrado, desfigurado, que se enamora de una corista, Christine, y que hará todo lo posible para que sea ella quien estrene su obra maestra. Una versión menos edulcorada de La bella y la bestia.
Una música electrizante que hoy suena tan bien como entonces
La clave de todo ello se encuentra en una música electrizante, hija de los años 80, que hoy suena tan bien como entonces. El órgano de la apertura es emblemático y marca la pauta de toda la pieza. Ya nos indica, desde el principio, que viviremos una historia gótica, esotérica, trágica. Pero Webber fue lo suficientemente listo para incluir ciertos apuntes cómicos, en medio de tanto drama, a través de los personajes secundarios, como los nuevos propietarios de la Opéra Populaire o los cantantes defenestrados, Carlotta y Ubaldo, caracteres que se acercan al clown.
Que se llene cada noche debería ser lo más normal del mundo
Y aquí tenemos el único “pero” de la función, y tiene que ver con las capacidades interpretativas del reparto, más allá de sus habilidades vocales. San Martín, que es de la escuela Dagoll Dagom, está muy afinada en todos los sentidos. En ella vemos la tragedia, la atracción que siente por el “monstruo”, que a la vez es su maestro, y la necesidad que tiene de alejarse de él. Diges, enmascarado, hace su trabajo. Pero el resto apenas se mueve del sitio.
Con todo, estamos ante una producción de primer orden, con una inspirada escenografía de Federico Bellone, con un escenario giratorio espectacular, y un diseño de sonido de Roc Mateu brillante. No hace falta compararla con la original londinense, donde en el baile de máscaras no necesitan añadir maniquíes. Es una gran noticia que San Martín vuelva a casa y que Diges, toda una estrella en Madrid, se haya apuntado a la fiesta. Que se llene cada noche debería ser lo más normal del mundo.
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