El número dieciséis de los arcanos mayores es la Torre, si hablamos del tarot; y es la propuesta que Oriol Puig Grau, el autor residente de la Sala Beckett este año, ha escrito especialmente para el Grec 2026. En el tarot, la carta representa un cambio brusco y repentino, su aparición comporta cambios e incluso altibajos que lo revuelven todo. En la obra, quien origina el caos es el rayo que cae en una casa, ahora abandonada, en La Varda.
Laura Roig interpreta a una periodista que, a partir de una fotografía que le llama la atención, decide hacer un reportaje sobre las fiestas que se celebran en el caserón. Lo investiga en tres entrevistas que serán tres actos: con una de las jóvenes asistentes a las fiestas (Mariona Pagès), con la antigua propietaria de la casa (Lluïsa Castell) y con la hija de un antiguo trabajador de la casa (Alba Pujol). Todas trabajando con contención pero con solvencia. Cabe destacar tambén el espacio lumínico y sonoro, de Raimon Rius y Fernando Epelde respectivamente.
La protagonista indiscutible es la casa
La protagonista indiscutible es la casa. Como lo era en la última novela de Irene Solà, Et vaig donar ulls i vas mirar les tenebres, donde el pasado y el presente de la masía convivían para entender su totalidad. El texto –dan ganas de recuperar el libreto de tan literario como resuena– recuerda al realismo mágico de la escuela latinoamericana que encabezan autores como Gabriel García Márquez y Mariana Enríquez. El de El número dieciséis de los arcanos mayores es ese ambiente onírico y tétrico de las historias de casas encantadas.
El género del periodista haciendo preguntas para ir tirando de la historia es clásico, pero funciona si quienes responden son buenas entrevistadas (como fuera del teatro, que los periodistas agradecemos que no respondáis con monosílabos), y aquí los tres actos quedan especialmente bien narrados. Las entrevistas para el reportaje tienen interès por el diálogo que generan entre ellas. Por deformación profesional no pude evitar cuestionarme qué clase de reportaje saldría de ahí y si el resultado tendría un interés periodístico real o si, por el contrario, las preguntas que propone son imposibles de responder y, por lo tanto, ya tiene sentido que todo ello tenga un interés puramente artístico.

