“¿Qué es un artista?” se pregunta el propio Oscar Wilde a través de la voz y el cuerpo de Àngels Gonyalons en un prefacio que nos advierte que los textos no son morales o inmorales: solo están o bien o mal escritos. El autor será el narrador de su propia historia y, estos días en el Romea, lo hace a través de una de las mejores dicciones de Catalunya.
El despliegue de talento de Gonyalons es de nota, hace casi todos los papeles: también es Dorian Gray, el protagonista obsesionado con su belleza y juventud; Basyl Hayward, el pintor encargado de retratarlo, Sybil Vane, actriz y el primer gran amor de Dorian; y también Lord Henry, amigo y mala influencia para Dorian.
El despliegue de talento de Gonyalons es de nota
Uno de los aciertos del montaje es no convertirlo en un monòleg e incluir un coro de tres voces masculinas (Jordi Vidal, Pau Oliver y Pol Blancafort), que se deslizan por el escenario y ejercen a la vez de alter ego y de spárrings necesarios para hacer avanzar la trama. Son ellos quienes se encargarán de dotar a la obra de esa energía homoerótica que tantos dolores de cabeza dio al autor. Con el permiso y la complicidad del primer violín. También es un acierto huir de los rasgos propios del musical y apostar por música de cámara.
Con una escenografía austera donde predomina un blanco muy frío, destaca el trabajo de iluminación para delimitar espacios y escenas, para ensalzar personajes y destacar rasgos de sus respectivas personalidades. El espectador debe imaginarse que está en el Londres de finales del XIX, pero bien podría ser la Catalunya del XXI porque la temática es rabiosamente actual. Seguramente no es casualidad que el montaje coincida con la publicación de una nueva edición de la novela (Casa dels Clàssics, con traducción de Yannick Garcia) porque el anhelo de eterna juventud, el culto a la belleza y la sobrefijación en el yo son tres de los temas que nos siguen obsesionando hoy en día. Y si es cierto que el pecado deja marcas en la cara, en una época en la que tenemos a nuestro alcance multitud de maneras de disimularlo, es muy necesario volver a clásicos como El retrat de Dorian Gray.

