La corona d'espines
Foto: TNC | La corona d'espines

Reseña

La corona d'espines

4 de 5 estrellas
Xavier Albertí nos entrega un melodrama clásico de Sagarra en verso donde brillan Àngels Gonyalons, Abel Folk y Jan D. Casablancas
  • Teatro
  • Teatre Nacional de Catalunya, Fort Pienc
  • Crítica de Time Out
Andreu Gomila
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Time Out dice

Para levantar La corona d'espines, Xavier Albertí no ha necesitado nada más que una mesa y una gran puerta. El director ocupa la inmensidad de la Sala Gran con muy poco. Porque lo confía todo a la palabra de Josep Maria de Sagarra y a una compañía de actores y actrices cuya misión es hacer llegar el verso grácil, precioso y preciso del poeta hasta la última fila, para dejar a los espectadores embelesados, como en un ensueño.

El público, ni siquiera el del TNC, no está muy acostumbrado a escuchar obras de estas características. No por lo que se cuenta, sino por el cómo. Porque el qué es bien sencillo: la coyuntura de un matrimonio entre familias a finales del siglo XVIII en Solsona, pero en plena Revolución Francesa, con una mayordoma de por medio que hace y deshace, y que durante veinte años ha guardado un secreto que acabará confesando. Es en la manera de hacer llegar la historia donde se encuentra la dificultad, en la pericia de Sagarra y en el entrenamiento que requieren los intérpretes para traspasar el texto a los espectadores.

Sagarra fue un autor superdotado, con una facilidad pasmosa para acercarse al público de su época (La corona d'espines se estrenó en 1930) con tramas populares, pero con una lengua muy exigente. Hace unos años, cuando Jordi Prat i Coll estrenó La Rambla de les floristes, el director decía que no podía hacer experimentos porque hacía más de 50 años que la obra no subía a escena y que, por tanto, le correspondía montar una versión canónica. En el caso de La corona d'espines, Albertí podía haber omitido esto, porque en 1994 Ariel García-Valdés levantó el texto en el Centre Dramàtic de la Generalitat.

Quien lleva la sartén por el mango es Àngels Gonyalons

Albertí ha esencializado aún más la obra con una puesta en escena mínima, con trajes de época, como en la producción de hace 30 años, y una dirección clásica. Quien lleva la sartén por el mango es Àngels Gonyalons, Marta, la criada del señor de Bellpuig, a quien da vida Abel Folk. Ambos están magníficos, hijos de una escuela de dicción donde el verso todavía era importante en las escuelas de teatro. Lo más sorprendente de la función es lo bien que se desenvuelven los más jóvenes, sobre todo Jan D. Casablancas, Eudald, el sobrino del señor de Bellpuig, y Júlia Roch, Mariagneta. Ambos tienen monólogos donde deben luchar con el verso y salen muy airosos.

Uno de los máximos estudiosos en Sagarra, Miquel Sobrer, le reprochaba al poeta su exceso de sentimentalismo. Y ponía, precisamente, La corona d'espines como ejemplo de cómo Sagarra utiliza su "inmenso talento" con este fin. Otro de los peros que podría poseer la obra es que los personajes, como suele pasar en el corpus del autor, no se mueven de lugar: los malos son siempre malos y los buenos son siempre buenos. Además, a pesar de colocar a las mujeres en el centro, estas no abandonan nunca su papel de objetos.

El director intenta ofrecer una mirada contemporánea a la historia con una Marta más fuerte y un Eudald que, al final de la función, parece comerse sus palabras, deshecho del todo cuando ve a Mariagneta, a quien ha dejado embarazada. El espectador no sabe qué pasará cuando la criada cuenta su secreto, pero podemos intuirlo. Con todo, solo por pasar dos horas escuchando un poema dramático tan bien escrito, esta Corona d'espines ya vale mucho la pena. Vuestros oídos lo agradecerán.

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Detalles

Dirección
Teatre Nacional de Catalunya
Pl. de les Arts, 1
Barcelona
08013
Transporte
Glòries (M: L1), Monumental (M: L2)
Precio
17-34 €

Fechas y horas

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