Retorn a Haifa
Foto: Heartbreak Hotel | Retorn a Haifa

Reseña

Retorn a Haifa

5 de 5 estrellas
Un reparto en estado de gracia lleva a escena el estremecedor relato de Gassan Kanafani sobre la expulsión de los palestinos, que nos devuelve al mejor Rigola
  • Teatro
  • Heartbreak Hotel
  • Crítica de Time Out
Andreu Gomila
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Time Out dice

La excesiva frontalidad, la escasa teatralidad y un cierto hieratismo son algunos de los riesgos a los que se enfrentan los directores de escena cuando deciden adaptar textos narrativos, pero en Retorn a Haifa se nota que Àlex Rigola no es la primera vez que lo hace y que tiene entre manos un material precioso que ha sabido descifrar como solo lo logra alguien que ama mucho su trabajo y a los actores y las actrices que trabajan con él.

La historia original escrita por el escritor y activista palestino Gassam Kanafani nos narra el viaje de Cisjordania a Haifa de una pareja que, veinte años atrás, tuvo que dejar la ciudad portuaria ante la llegada del victorioso ejército israelí, justo cuando se fundaba el Estado de Israel, en 1948. Saïd (Jordi Figueras) y Safia (Chantal Aimée) aprovechan la apertura de fronteras de 1967 para volver a su casa, al hogar que les arrebataron. ¿Qué encontrarán? ¿A quién encontrarán? Hace veinte años, aparte de toda una vida, también abandonaron a su bebé de cinco meses, Khaldun. Y no han sabido nada de él desde entonces.

El relato es sobrecogedor. De entrada, Safia y Saïd nos cuentan su propia historia, cómo se acercan a Haifa, qué supuso para ellos la Nakba, la expulsión de los palestinos, las dudas que tienen sobre el viaje, y poco a poco van entrando en materia. Narran otras experiencias que conocen. Y Ariadna Gil y Carles Roig ayudan a Figueras y Aimée a dar cuerpo al montaje.

Ariadna Gil asume el papel menos agradecido y lo hace de una manera extraordinaria

Lo que parece una exposición, un relato sencillo sobre un suceso histórico, estalla por los aires cuando, finalmente, Saïd y Safia entran en la que fue su casa y comienza la función de verdad, con el encuentro entre los expulsados y Míriam (Gil), la mujer que ocupó su hogar. Gil asume el papel menos agradecido y lo hace de una manera extraordinaria, mirándonos a los ojos, atrapándonos, como con aquella Elena de L'oncle Vània, un montaje tan cercano a Retorn a Haifa que estremece. El argumento no tiene nada que ver, pero lo que consigue Rigola se le parece mucho. Se le puede llamar verdad o emoción. O lo que quueráis.

El debate dialéctico entre Míriam y Saïd y Safia es de altísimo vuelo, porque tenemos, cara a cara, a una mujer que perdió a su familia en Auschwitz y a una pareja que sufrió en carne propia la Nakba. Dos víctimas, al fin y al cabo. El público sacará sus propias conclusiones. 

Rigola consigue que todo esté en su punto justo, con solo un sofá y unos cuantos objetos. Y un diseño de luces preciso. Todo es un leve susurro expresado en voz alta. Y jamás un grito había sonado tan fuerte sin que una actriz hubiera necesitado desgañitarse, como hace Aimée al principio de la pieza. El ritmo de la función, lento y muy marcado, favorece que el espectador pueda concentrarse en los gestos más insignificantes, en detalles que podrían pasar por alto y, sin estar ahí, vemos los nombres grabados en los cipreses, las plumas que faltan en el jarrón de la casa de Haifa, todos y cada uno de los espacios que los intérpretes evocan. 

El relato de Kanafani, escrito cuando todavía podían producirse encuentros como el de Saïd y Safia con Míriam, es clave para entender qué ha pasado en el Próximo Oriente en las últimas décadas. Hace cerca de 50 años que la curiosidad de dos palestinos anónimos por descubrir qué había sido de su casa en Haifa produjo una pequeña obra maestra sobre el odio y la desgracia. Y Rigola ha sabido cómo manejar este material.

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Detalles

Dirección
Heartbreak Hotel
Carrer Bacardí 35
Barcelona
08028
Precio
20-29 €

Fechas y horas

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